jueves, 2 de octubre de 2008

DIARIO DE ULTRATUMBA




- Mario Siddhartha Portugal Ramírez -

Día 1

Hoy fue mi entierro. La gruesa tapa del ataúd fue insuficiente para acallar el llanto de mi esposa y mis hijos. Beatriz lloraba amargamente ¡Dios, como quisiera haber podido levantarme para poder abrazarla y tranquilizarla!

Desde luego, no todos los que estaban en la ceremonia eran gente que me agradaba. ¡Cómo ese imbécil de Marco! ¡Siempre detrás de Beatriz, insinuándosele! Claro que ella nunca le dio el menor motivo para que él se portase así ¡Cómo la amo!

Pero ahora ya no estoy. Y seguramente Marco aprovechará toda oportunidad para echar toda su artillería de palabras sobre Beatriz ¡Pero ella nunca te dará la más mínima oportunidad, pendejo! ¡Así que es mejor que te alejes de ella! ¡No me obligues a levantarme para patearte el culo!

Esta tan oscuro aquí…desearía estar junto a Beatriz y escucharla gemir mientras hacemos el amor. ¡Te extraño tanto, Beatriz! ¡Te amo!

Día 2

Hoy intenté mover la tapa del sarcófago, pero fue en vano. La arena que tiene encima la hace muy pesada, además tengo los músculos atrofiados por el rigor mortis.

La ropa con la que me enterraron comenzó a sofocarme, intente quitármela pero era imposible dado el escaso espacio que tengo para moverme. Tuve que desgarrarla, el hacerlo provocó que pierda varias uñas, pero al menos me deshice de esa incómoda ropa.

Estar encerrado todo el día puede enloquecer a cualquiera. Quizá ya perdí al razón y no me he dado cuenta siquiera.

Para evitar el tedio me puse a recordar los acontecimientos de mi vida, desde donde me lo permitió la memoria. Me di cuenta que tengo una memoria frágil y que hay cosas que me cuesta recordar, tan sólo hay algunas cosas que parecen grabadas en mi mente como el día en que conocí a Beatriz, nuestro matrimonio o el nacimiento de Patricia, nuestra primera hija.

Pero lo que más vivamente recuerdo es el primer beso con Beatriz ¡Dios, estaba tan bonita aquel día! No se cómo, pero luego de besarla sabía que tenía que pasar el resto de mis días con ella.

Recordar esto me puso muy triste, no pude llorar porque ya no tengo lágrimas en el cuerpo.

Día 3

Anoche soñé con Beatriz y los niños. Como suele suceder a veces, creí que el sueño era realidad y que estaba vivo, completamente vivo. Un ruido persistente me hizo despertar, no he podido adivinar de qué se trata, mis ojos aún no se acostumbran del todo a la oscuridad.

Hoy me puse a recapitular el accidente. ¡Debí escuchar a Beatriz! Las mujeres nunca fallan cuando tienen algún presentimiento.

“Quédate un poco más en la cama” me dijo Beatriz. “Llegaré tarde al trabajo” respondí yo. Y ella se quedó mirándome con esos ojos dulces para tratar de convencerme. “Pide el día libre, sólo hoy. ¡Quédate conmigo!” me insistió Beatriz ¡Ah! Y yo el tipo más cretino del mundo tenía que molestarme y contestarle: “Sabes, que no puedo hacer eso. La empresa no puede andar sola, nadie te da dinero por estar acostado al lado de tu esposa.”

Pero Beatriz era comprensiva y no se molestó con mi tonta respuesta. Es mas, bajó y me acompañó hasta el coche y rodeándome con sus cálidos brazos me besó y me dijo: “Cuídate, mi amor”.

¡Y yo que apenas le conteste con un gruñido! ¡Ni siquiera me despedí de los niños! ¡Soy un idiota!

Luego salí conduciendo como un loco, para no llegar tarde. Decidí no bajar la velocidad en el cruce para no perder un solo minuto, nunca supe lo que me golpeó.

Y luego despierto aquí, encerrado en este maldito ataúd, quién sabe cuantos metros bajo tierra. ¡Fui un idiota! ¡Debí quedarme con Beatriz! Ahora es demasiado tarde…

Nuevamente oigo ese ruido, parece aproximarse….

Día 4

Anoche no pude dormir ni un instante. Ese molesto ruido se aproxima cada vez más y más y terminará por enloquecerme.

Por la tarde vino Beatriz con los niños. Beatriz lloraba amargamente, su dolor me punzaba el pecho como si estuviesen clavándome una espada directo en el corazón. Los niños son aún muy pequeños para entender el llanto de su madre y lo que sucedió conmigo.

Sólo Fernandito se puso a llorar, aunque creo que lo hizo al ver a su madre llorar. ¡Es tan pequeño! Seguramente será incapaz de recordarme cuando crezca. Siempre quedan las fotografías…” ¿Ves a este señor? ¿El gordito? El era tu padre”, le dirán seguramente. ¡Extraño tanto a los niños! ¡Y a Beatriz!

Pero claro, también ese parásito de Marco estaba ahí arriba. ¡Haciéndose pasar por el tipo sensible y así estar lo más cerca posible de Beatriz! ¡Infame! ¡Debí ponerte en tu lugar cuando tuve la oportunidad!

Día 5

Hoy amanecí con un leve hormigueo en el estomago y en algunas otras partes del cuerpo. Si no estuviese muerto diría que los músculos se me están atrofiando por falta de ejercicio.

El molesto ruido es persistente y se ha hecho ensordecedor. El maldito ataúd actúa como si fuese una caja de resonancia. ¡Me duele la cabeza! ¡Dios has que todo esto pare!

Día 6

Hoy desperté más temprano que de costumbre, he podido acostumbrarme a ese molesto ruido pese a que se intensifica.

Sin embargo, lo que me despertó fueron pasos en la superficie. Había un entierro, los gritos de la viuda eran desgarradores. Lo enterraron a mi derecha.

Cuando todos se marcharon traté de hablar con el recién llegado. Poco comunicativo el tipo. No contestó a ninguna de mis preguntas, seguramente estará sorprendido por su muerte. Suele pasar, a veces olvidamos lo que es vivir y queremos hacerlo cuando es demasiado tarde.

No insistí con el nuevo. Hablará cuando esté listo, al fin y al cabo tenemos mucho tiempo por delante.

Día 7

Hoy cumplo el séptimo día aquí. Lo sé porque hay un anciano que pasa a diario cerca de aquí para visitar a alguien, bastante extraño el tipo, habla con su perro. Me imagino que la persona a la que viene a visitar es su esposa o algún hijo fallecido. Pobre viejo, seguramente su soledad le es insoportable, por eso las extrañas conversaciones con su perro, “capitán” creo que le llama ¡Que nombre más estúpido para un perro!

Sin embargo, el anciano me es útil porque siempre viene a la misma hora, pasado el mediodía, pues siempre le dice a su perro si le gustó el almuerzo. Sin sus visitas me sería imposible determinar los días que pasan, estoy sumido en la más completa oscuridad y cada minuto me parecen siglos.

El tipo de lado no ha soltado la más mínima palabra, tengo la hipótesis que era alguien con mucho prestigio y que por ello no quiere dignarse a hablarme. Que se joda…

Día 8

Hoy desperté sobresaltado porque el hormigueo en mi vientre se hizo más fuerte. La sensación se extiende por varios lugares de mi cuerpo, creo que incluso llegó a la cabeza. ¡Quisiera tener una aspirina a mano!

Un olor fétido ha comenzado a inundar el féretro. Ojalá hubiese alguna ranura que sirviese de respiradero. Desearía poder sentir algo de aire fresco en el rostro.

Día 9

Amaneció lloviendo, un verdadero diluvio. El agua fue abriéndose paso por la tierra y llegó hasta el sarcófago. Una pequeña gotera apareció sobe mi rostro ¡Fue una delicia! ¡Nunca imagine la delectación que puede uno llegar a sentir cuando unas pequeñas y frescas gotas te empapan el rostro! Y pensar que odiaba mojarme en la lluvia.

Entró bastante agua al ataúd por pequeñas ranuras que desconocía que existiesen. Me imagino que habré sido yo el que las hizo cuando me dan los ataques de rabia y empiezo a golpear el féretro como loco. Debo dejar de hacerlo, perdí uno de mis ojos la última vez… ¡Pero es que el hormigueo es intolerable! ¡Y ese molesto ruido exterior se ha hecho tan insoportable! ¡Y la fetidez que inunda el féretro! ¡Dios, es insoportable!

Por la tarde vino Beatriz, no trajo a los niños. Me imagino que vino luego de la misa de nueve días. Sentí su voz más serena cuando me hablaba, claro uno no puede llorar a alguien por siempre, pero se que nunca dejará de amarme. Quise contestarle, pero mi lengua no pudo articular ninguna palabra, creo que está pudriéndose.

El infeliz de Marco estaba con ella ¡El muy infeliz! Casi me dieron ganas de vomitar cuando se puso a decirme lo mucho que me extrañaba ¡Cómo si fuese tan tonto para creerle! Sé que en el fondo está feliz porque ahora no estoy y tiene vía libra para conquistar a Beatriz ¡Ojalá pudiese levantarme y darle su merecido! ¡Ya me imagino su cara si me viese! ¡Es un cobarde!

Día 10

Hoy escuché un ruido a mi derecha, como si alguien estuviese cavando. Quizás es el nuevo, que ha logrado zafarse de su ataúd y viene hacía mí, abriéndose paso entre la tierra. La tierra aún estará lluvia por la terrible tormenta de ayer, seguramente es fácil cavar. ¡Ojalá pudiese romper el féretro para cavar hasta la superficie! Pero es imposible y me siento tan cansado.

Intenté hablar con el nuevo, pero apenas dije algo se detuvo y dejó de cavar. ¿Qué querrá de mí? ¿Por qué no me contesta? ¡Ojalá pudiese llegar hasta mí y ayudarme a salir de esta prisión!

Pase el resto del día sin moverme, no tengo ganas de nada y el ardor en el cuerpo se intensifica. Es inaguantable.

Día 11

Gusanos, son gusanos. El ardor en mi vientre y en el resto del cuerpo son gusanos. Se apoderan de todo y van devorándome lentamente.

El ruido que se aproxima y que, erróneamente, pensé que eran del vecino pero sólo son malditos gusanos y otras alimañas que vienen para acá. Quizá algunos ya llegaron hasta el ataúd, estarán buscando cualquier resquicio para poder entrar y devorar mi cuerpo.

Otro día

Perdí la cuenta de los días. El anciano dejó de venir y no tengo forma de saber cuando empieza o acaba un día.

Estuvo lloviendo por largo tiempo, la gotera sobre mi rostro apareció de nuevo. La odio porque sé que los seres que vienen a devorarme hallarán el hueco y entrarán por ahí y no habrá nada que pueda hacer para detenerlos.

Mi única esperanza es el vecino, quizá si está cavando después de todo. ¡Ojalá que llegase pronto! ¡Entre ambos podríamos liberarme y saldríamos a la superficie para evitar a los gusanos! Una vez allí me será fácil deshacerme de los gusanos, me están devorando y se han infestado mi cabeza, ya comenzaron a comerse el único ojo que me quedaba. ¡Apresúrate por favor, querido amigo! ¡Cava hasta llegar aquí! ¡Sácame de esta prisión!

¿Otro día?

Está muerto, el maldito está muerto. Pensé que era él quien estaba cavando, aproximándose hacia mí ¡Pero esta muerto! ¡El desgraciado está muerto!

Es sólo un maldito cadáver inmóvil que va siendo consumido por sus gusanos ¡Como yo! Está ahí inmóvil en su ataúd y no le importa lo más mínimo ser festín de estos asquerosos seres.

Seguramente pensará que no hay nada que pueda hacerse y estará ahí tendido con un sonrisa idiota en el rostro sin hacer nada, pensando que yo hago lo mismo ¡Pero yo no soy como él! ¡Yo no estoy muerto! ¡No estoy muerto!

Algún momento en el tiempo

Finalmente llegaron los gusanos, se abrieron paso a empellones por todas y cada una grietas del sarcófago. ¡Sean bienvenidos al banquete! ¡Pasen! ¡Pasen! ¡Hay cadáver fresco para todos! ¡Como primer plato tenemos sopa de riñones, deben tomarla caliente para disfrutar su sabor! ¡El plato de fondo es revuelto de corazón! ¿Qué? ¿Qué es lo que tenemos de postre? ¿Pregunta usted por el postre? ¡Díganle al caballero que tenemos una variedad de postres para elegir! ¡Quizá prefiera un paté de hígado! ¡O quizá un budín de ojo! ¡Aja! ¡Veo que usted es un comensal exigente, un verdadero sibarita! ¡Entonces quizá usted desee servirse un poco de crema de sesos! ¡Já! ¡Adivine! ¡Usted se muere por probar los sesos!

Las alimañas recién llegadas se unieron al festín, sus mordidas dolían más que las de los gusanos que aparecieron en mi cuerpo. Lancé un grito terrible.

Me pareció que el vecino se reía de mi sufrimiento. Quise maldecidlo pero me di cuenta que mi lengua se había soltado y todas las alimañas se abalanzaban hacia ella. ¡El muy maldito osa reírse de mí! ¡Como si a él no le dolieran las mordidas!

Mientras más me resistía, más dolorosas eran las mordidas. Decidí quedarme quieto, como si estuviera dormido, como si estuviera muerto.

Los gusanos armaron un bacanal en mi cabeza. Algunos, totalmente ebrios se pusieron a cantar cera de mi oído izquierdo. Era insoportable, cantaban terriblemente.

Otros comenzaron a armar jaleo. Se insultaron, uno faltó al respeto a la novia de otro, se trenzaron a golpes por todo mi cráneo, destrozaban todo a su paso y no había nadie para pararlos.

Fue entonces cuando les grité: “¡Quietos malditos! ¡Este es un lugar respetable! ¡Vayan a otro lado armar alboroto! ¿Qué dirían sus madres si lo vieran ebrios y peleando? ¡Seguramente los echarían de sus casas!

Los seres se quedaron pasmados cuando me oyeron a hablar, se miraron entre ellos y estalló la risa. Todas las malditas alimañas se reían de mí. La algaraza continuó y los dos camorristas se dieron un abrazo, se juraron amistad eterna y continuaron bebiendo, estaban totalmente borrachos. Dudo que recuerden algo de la pelea mañana.

No supe el momento exacto en que me invadió el sopor. Ni siquiera el ensordecedor ruido de las alimañas era capaz de mantenerme despierto. Cerré los párpados (o lo que quedan de ellos) y quedé dormido.

Aún dormido escuchaba la risa del vecino de lado.

Perdido en el infinito

Casi no quedan restos de mí, tan sólo trozos de piel y carne que cuelgan de mis huesos. Han quedado algunas alimañas para encargarse de las sobras, no sé cuanto tiempo me queda.

El vecino ha empezado a hablar por fin, no hay nadie quien pueda hacerlo parar. Se burla de mí, inventa cuentos y canciones para denigrarme, desconozco para quien las interpreta. Quizás lo hace para entretener a los gusanos y así gana un poco de tiempo para que no se lo coman. No me importa, que haga lo que quiera ya nada podemos hacer uno por el otro, estamos condenados.

Me parece escuchar pisadas arriba ¿Es arriba o abajo? Ya no se donde queda nada. Los pasos se aproximan y se detienen cerca mío ¿Podrá ser…?

¡Sí! ¡Es ella! ¡Es Beatriz! ¡Ha venido por mí! ¡Va a sacarme de aquí! ¡Gracias mi amor! ¡Sabía que no te habías olvidado de mí!

¿Cómo? ¿Qué dices? ¿Qué siempre me vas a amar? ¡Eso ya lo sé, no es necesario que me lo digas! ¡Anda sácame de aquí, te lo ruego!

¿Qué tiene que ver el bastardo de Marco en esto? ¡Sí! ¡Sé que lo conoces desde la escuela y que ha sido tu mejor amigo! ¡Sé que siempre se ha preocupado por ti! ¡Si lo sabré yo! ¡El estúpido siempre entrometiéndose en todo! ¡Con esa cara de cachorrito desprotegido! ¿Acaso nunca te diste cuenta? ¡Al idiota siempre se le cayeron las babas por ti! ¡Y siempre me detestó porque tu me amabas a mi y no a él! ¡Vamos Beatriz, las alimañas van a terminar de devorarme! ¡Sácame de aquí!

¿¡Qué!? ¿¡Qué decidiste casarte con ese cretino!? ¿¡Pero como…!? ¡Anda no bromees conmigo! ¡No pierdas más tiempo! ¡Los malditos vienen hacia mí!

¿Qué te diste cuenta lo mucho que lo quieres? ¿Qué todo este doloroso tiempo se ha mantenido a tu lado? ¡Pues claro! ¡Sólo ha estado rondándote como un buitre porque lo único que sueña es poder cogerte! ¡Vamos Beatriz, mi vida! ¡Comienza a cavar, te lo ruego! ¡Ya sácame de aquí!

Pero entonces es cierto…vas a casarte con ese desgraciado…y vienes a contármelo, para sentirte bien contigo misma, para no sentir que me traicionas ¿Crees que lo voy a entender? Me juraste amor eterno ¿no? Y ahora recibo esta puñalada en al espalda de tu parte.

Yo siempre te fui fiel, Beatriz. Jamás osé engañarte y eso que no faltaron las oportunidades ¿Y sabes por que no lo hice Beatriz? Porque te amaba… y aún lo hago.

¡Entender un carajo! ¡Nunca lo voy a entender! ¿Realmente crees que lo haría? ¿Realmente crees que permitiré que metas a ese desgraciado a nuestra cama? ¿Qué llame hijos a nuestros niños? ¿Qué se levante cada día y tras darte un beso se marche al trabajo pensando en lo afortunado que es? ¡Nunca! ¡Nunca lo voy a permitir! ¿Me oyes? ¡Nunca lo permitiré!

Pero claro… pensarás que no puedo hacer nada desde aquí abajo y tienes razón. Estoy enterrado aquí y tú estás allá afuera, tratando de olvidarme ¡Yo jamás deje de pensar en ti! Ni por un instante ¿sabes? Porque… porque imaginar que volvería a tu lado me mantuvo vivo todo este tiempo, Beatriz. Un muerto derramando vida, Beatriz. Eso es lo que soy por ti.

Pero ahora…ahora…vienes aquí y me dices que me dejas. Que te casas con ese desgraciado ¿Y yo que? ¿¡Y yo que Beatriz!? ¿Crees que me gusta esto? ¿Crees que estoy confortable aquí? ¿No intentaste ponerte en mi lugar antes de tomar esa decisión Beatriz? ¿No lo intentaste?

No…claro que no, porque tú estás viva y Marco también y yo…yo estoy…muerto, soy sólo un maldito cadáver. No me dejes Beatriz, te lo ruego.

¿Adonde vas? ¡No me abandones Beatriz! ¡Por favor no me dejes aquí! ¡No puedes imaginarte lo frío y oscuro que es aquí! ¡No te vayas!

Se fue. Sus pasos se hacen cada vez más débiles.

Se aleja, se aleja para siempre de mí.

Me siento caer, Por primera vez desde que llegué aquí me siento completamente sólo, fuera de mí. Ni siquiera siento mi presencia, es como si fuese un vacío. Ni siquiera yo puedo hacerme compañía en mis últimos momentos.

Los gusanos están acabando como los últimos restos, es sólo cuestión de unos pocos segundos. Adiós Beatriz, te amo.