jueves, 2 de octubre de 2008

EL CONCURSO

Patricia aguardaba nerviosamente el anuncio de la decisión del jurado, quienes elegirían  a las tres finalistas.
El público estaba excitado, esperando los resultados preliminares. Las luces se apagaron y un murmullo recorrió el auditorio. Una luz iluminó el escenario, el maestro de ceremonias salió y se ubicarse en el centro, tenía un papel en la mano.
Anunció a las tres finalistas:
-       Señorita Ana Méndez, señorita Paola Lozada y…
Patricia sintió que el corazón le oprimía el pecho.
-       ¡Señorita Patricia Galarza!
El público empezó a vitorear los resultados. Dentro, tras bastidores, Patricia sentía que el aliento volvía a su cuerpo, estaba a un paso de lograr su más anhelado sueño.
-       ¡Vamos a pedir a las concursantes que salgan a la pasarela para que desfilen, antes de anunciar a la ganadora! – señaló el maestro de ceremonias.
Patricia era un manojo de nervios, rogaba a Dios no tropezar en el momento de salir a desfilar. Respiró profundamente y se dijo a si misma:
-       Es tu hora, Patricia. Es hora de de salir y lograrlo.
Tras terminar esta frase, Patricia sintió un renovado valor tomando su cuerpo. Estaba lista para salir y darlo todo, ganar era su objetivo.
Patricia observó a las otras dos finalistas, tenían el rostro sombrío y una de ellas estaba trémula como si estuviese a punto de desfallecer. Esto afirmó aún más la confianza de Patricia.
El maestro de ceremonias fue nombrado nuevamente el nombre de las finalistas. Ambas muchachas parecieron reponerse de inmediato tras oír pronunciar sus nombres. Esbozaron una falsa sonrisa que dejaba al descubierto sus blancos dientes, los nervios  parecían haber desaparecido.
Cuando llegó el turno a Patricia, aspiró profundamente, dibujó una sonrisa en su fisonomía y salió. Afuera, el público estaba enloquecido.
-       Agradecemos la presencia de las participantes y de ustedes, querido público. Pero la velada casi llega a su fin y es hora de conocer a la triunfadora- espetó el maestro de ceremonias.
Un nuevo murmullo se apoderó del auditorio. Mientras los jueces decidían, el maestro de ceremonia hacia algunos anuncios comerciales.
Patricia y las otras dos finalistas estaban inmóviles en el centro del escenario, con las manos en la cintura y sin dejar de sonreír ni por un segundo. Las luces eran enceguecedoras, Patricia era incapaz de ver al público, tan sólo podía escuchar algunas voces que susurraban.
Por unos segundos, todo el auditorio quedó en silencio.  El maestro de ceremonias estiró la mano para recibir el papel doblado con el nombre de la ganadora. Lo desdobló pausadamente, lo leyó y lentamente abrió los labios para leerlo en voz alta.
Un hilillo de sudor frío recorrió la sien derecha de Patricia, tenía la boca seca, la garganta estaba hecha un nudo.
El público seguía en silencio.
-       El tercer lugar es para…!Paola Lozada!
-       Una menos – pensó Patricia.
-       Y la ganadora es…
El público estaba expectante, Patricia cerró los ojos y se encomendó a Dios.
Silencio total.
¡Patricia Galarza!
El público estaba enloquecido, los flashes de las cámaras se disparaban, como si fuesen luciérnagas titilando.
Patricia instintivamente llevó ambas manos al rostro, gruesos lagrimones escaparon de sus ojos. Las otras dos finalistas se acercaron para abrazarla, una de ellas la estrujó contra su cuerpo y empezó a llorar desconsoladamente sobre su hombro. Patricia la apartó delicadamente mientras limpiaba las lágrimas de su rostro.
Colocaron la corona sobre sus sienes y le ciñeron una banda dorada que atravesaba su pecho. Le entregaron un ramo de flores que sostuvo con el brazo derecho mientras levantaba el izquierdo para saludar al auditorio.
El público rugía ensordecedoramente.
Patricia levantó lentamente el pie derecho, iba a iniciar su desfile triunfal. El público coreaba su nombre, todas las luces apuntaban hacia ella, el calor era abrasador, su corazón latía ansiosamente como si intentase escapar del pecho.
Patricia avanzó lenta pero decididamente por la pasarela, las lagrimas en sus ojos impedían que viese claramente, saludaba al público, a todos y cada uno de ellos. Lo había logrado, su sueño se había hecho realidad.
La multitud se abalanzó aullando. No tardaron mucho en devorarla por completo.