lunes, 15 de diciembre de 2008

EL DEMAGOGO


Estimados conciudadanos:
Heme aquí nuevamente ante ustedes al cabo de un poco más de un año desde iniciada mi gestión…nuestra gestión, para decirlo de forma más correcta, puesto que sin su apoyo jamás habría sido posible.
Pues si queridos vecinos y vecinas de esta hermosa, pujante y tesonera región, si no fuera por el apoyo de nuestra comunidad, su servidor, aquí presente, jamás habría podido cumplir con éxito el mandato emanado de nuestra magna asamblea, aquella histórica fecha donde acudimos masivamente cientos…que digo ¡miles! para defender nuestra libertad. Cuando me viene a la memoria este día, inmortalizado ya por nuestros historiadores y artistas, no puedo sino sentir un orgullo que desborda mi pecho y que me lleva a gritar a voz en cuello ¡libertad!
(El orador, al ver que su arenga no hizo la menor mella en el público, carraspea antes de continuar hablando con más calma)
Sin embargo, deben saber, queridos conciudadanos, que la incursión en la arena política significa renunciar a la vida privada para entregarse por completo a la comunidad, tarea que trae regocijo pero también sinsabores. En el ejercicio de la gestión pública es fácil hacerse de enemigos cuando se tiene como tarea el combatir la corrupción, lo cual despierta el rencor de gente sin el menor escrúpulo que harán todo lo posible, se los aseguro, por mancillar y levantar falso testimonio a todo aquel que osare denunciar su infamia. Les aseguro, hermanos míos, que esta lacra se deleita con sólo pensar en provocar el fracaso ajeno.
(El orador hace una pausa, estira la mano vanamente en busca de un inexistente vaso de agua. Respira profundamente y prosigue)
Es por ello que hoy me presento aquí, queridos compatriotas, seguro de que no es ajena para ustedes mi trayectoria sin mancha alguna. Hago recuerdo de esto, no por falta de modestia, sino por la necesidad de recodarles mi compromiso con el pueblo, porque han surgido acusaciones contra mi persona, a quien falsamente se imputa de actos que ni siquiera voy a mencionar, pues de sólo pensar en ellos se me estremece el cuerpo entero. Sin embargo, el daño ya está hecho, pues en las últimas semanas mi persona ha sido comidilla de varios medios de comunicación, ocasionando que la opinión pública se torne hostil en contra de su servidor.
(Pausa, mira al público esperando leer el efecto del discurso en sus ojos)
¡Calumnias! ¡Viles calumnias! ¡Todo por perjudicar la labor intachable de éste compatriota suyo! (Pausa) Pero esto en sí no es lo más nocivo del asunto, las calumnias vertidas contra mi persona también les afectan a ustedes pues al insultar a un coterráneo suyo por añadidura insultan a nuestra amada región y a todos y cada uno de sus habitantes. Es decir, queridos amigos, que al insultarme han insultado a todos y cada uno de ustedes.
(Pausa para ver el efecto de sus últimas palabras en el público. El público está indiferente, casi ausente)
Pero hoy vengo a decirles, estimados conciudadanos, que pese a los insistentes rumores de mi posible renuncia, he decidido no claudicar en mi lucha por defender nuestra libertad, nuestros valores y nuestra forma de vida. He decidido que no puedo traicionar su confianza y darles la espalda en este histórico momento, donde se define no sólo nuestro futuro, sino el de nuestros hijos.
(Totalmente emocionado, el público en total mutismo)
¡Es por ello queridos conciudadanos que no vamos a dar el brazo a torcer ante estos infelices que hoy, ayer y siempre nos calumnian! ¡Hoy, más que nunca, debemos estar juntos como hermanos contra estos tiranos y mostrarles que estamos unidos para defender nuestra libertad y nuestras costumbres! ¡Hoy más que nunca, juntemos nuestros voces y hagamos escuchar a estos opresores que jamás vamos a rendirnos! ¡Unamos nuestras voces y hagamos llegar nuestro grito de dignidad! ¡Hoy como siempre defendamos con la vida nuestra libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!
(Fin del discurso, el auditorio está completamente mudo)
El basurero estaba en silencio, sólo interrumpido por el revolotear de algunas moscas. El loco se retiró de la pila de basura, a la cual estaba subido, gritando incoherencias y agitando el puño en alto.
Los perros que habitualmente se congregaban en el basural, estaban convencidos de que fue el mejor discurso que habían escuchado en su perra vida. Habían quedado profundamente conmovidos (a alguno se le escapó un pequeño aullido lastimero) con el tono y las inflexiones de voz del orador que, ya para ese momento, había sido inmortalizado en los anales de la historia perruna.
Los gatos, más escépticos y cautos en sus criterios (aunque también lo hacían por oponerse a los perros) señalaban que habían escuchado a mejores oradores que ese y que éste, sin ser malo del todo, tuvo la virtud de conectarse emocionalmente con el auditorio. Sin embargo, cuestionaban dos aspectos del discurso: su brevedad y la poca contundencia del mismo.
Las ratas, insensibles y cínicas como sólo ellas saben serlo, se rieron en las narices de perros y gatos, les llamaron insensatos y majaderos, pues a ellas les tenía sin cuidado la política. De esta manera, continuaron escarbando entre la basura como si nada más importara.