lunes, 20 de octubre de 2008

EL REFLEJO EN LA DAGA



- Mario Siddhartha Portugal Ramírez -

El reloj de la catedral anunciaba, ya sin ganas, las tres de la madrugada. Su mortuorio tañir inundaba la plaza, anunciando que la noche comenzaba a marcharse.

Los pasos de D… resonaban mientras giraba en la esquina de la Suárez de Figueroa rumbo a su cuarto. Hacía tan sólo un par de meses que se había mudado a ese pequeño departamento en la calle Pari, número cuatrocientos noventa.

- Cuatrocientos noventa- pensaba D… cuando trasladaba sus pocas pertenencias, nunca creyó en la numerología pues era un nihilista, sin embargo, repetir cuatrocientos noventa una y otra vez, hacían surgir una llama mística que moría en su garganta, casi sagrada.

Eran aproximadamente las tres y cuarto cuando D… llegó a la puerta de su hogar, se quedó parado unos minutos en el umbral, batallando contra los vapores del alcohol antes de poder encontrar la llave correcta. Había estado bebiendo en un pequeño bar cerca de la plaza, intentado olvidar ese agobiante tedio que lo asfixiaba.

Durante la semana D… pasaba sus horas sentado en un escritorio llenando informes, archivándolos, revisándolos, volviendo a archivarlos…

- “A job that slowly kills you”- pensaba a menudo D… al recordar aquella canción de Radiohead.

- La rutina acabará conmigo antes que la misma muerte – bromeaba D… mientras soñaba con lugares remotos y aventuras fantásticas. Como muchos, D… fue un ser lleno de entusiasmo el primer día de trabajo, pero ahora, después de dos años y medio, se había convertido en una coraza vacía, helada por dentro.

Al fin, la llave encajó y la cerradura giró permitiendo que la enmohecida puerta cediera con gran estrépito, la oscuridad de la galería de ingreso inundó los ojos de D…Los pasos de D… resonaban y se extraviaban en la penumbra, caminó tanteando en la oscuridad y, tras avanzar unos metros, decidió continuar apoyando el cuerpo en la pared.

Al fin D… llegó al patio central y se dirigió hacia su cuarto. La noche era clara e iluminaba los alrededores, el viejo árbol, que se erguía altivo en el centro del patio, mecía sus ramas al son del viento como si estuviese dándole la bienvenida.

Cuando D… llegó a la puerta de su habitación aspiró profundamente tratando de despejar su mente, tras expulsar el aire de sus pulmones, se percató de los ronquidos del vecino.

Maldita sea - murmuró para si - ahora me será imposible dormir.

D… entró torpemente a su habitación y fue desnudándose en el trayecto hacia su lecho, mientras se quitaba los pantalones perdió el equilibrio y cayó pesadamente contra la pared. El golpe no fue fuerte y D… quedó sentado en el piso durante unos minutos mientras intentaba despejar su mente, lentamente fue reincorporándose y entonces lo vio.

D… totalmente perplejo, cayó nuevamente sentado y comenzó a temblar, un grito intentó escapar desde su vientre pero se ahogó en su garganta, el sudor frío cubrió su frente y la palidez fue apoderándose de su rostro; en su lecho yacía un extraño.

A D… le tomó algunos minutos recuperar el aliento antes de poder reincorporarse, se acercó lentamente hacía la cama para poder observar al inesperado intruso. La pálida luz que se escurría por la ventana era insuficiente para poder distinguir al extraño.

D… se acercó lentamente para poder ver el rostro pero fue en vano, el desconocido se encontraba durmiendo de espaldas a la ventana y tan sólo un extremo de las sábanas emitía un tenue resplandor.

D… empezó a enumerar nombres para adivinar quien podía ser el extraño, descartó por completó la posibilidad de que se tratase de algún amigo o pariente pues a ninguno le había confiado una copia de la llave, de todas maneras solían anunciar su visita con anticipación. De esta forma, D…llegó a la conclusión de que algún extraño había entrado por error a su cuarto, convencido a si mismo con esta explicación sintió cierto alivió.

D… caminó alrededor de la cama sintiendo que la ira se apoderaba de él, estaba decidido a despertar al inoportuno visitante para luego expulsarlo a empellones por su atrevimiento. Tan molesto caminaba que no advirtió la pequeña alfombra juntó a la cama que utilizaba a diario al levantarse, D… tropezó y su cuerpo cayó hacía el suelo pero tuvo tiempo de poner la mano para evitar caer de bruces.

D… apoyó una rodilla en el piso y quedó cerca de la cabecera de la cama, con la vista hacia el cuerpo del extraño. En ese momento, el cuerpo del ser giró en el lecho quedando con el rostro frente a la ventana. D… sintió el terror invadir su alma, obligándolo a retroceder y pegarse contra la pared, el extraño que dormía sobre la cama era él mismo.

El tiempo fue diluyéndose, la conciencia de D… se mecía en un haz de luces multicolores que giraban y brillaban intermitentemente, mientras miles de voces se agazapaban en sus oídos formando un sólo estertor, insoportable, enloquecedor. D… no supo cuanto tiempo estuvo semiinconsciente, lentamente recuperó el uso de sus sentidos y quiso hallar alguna respuesta.

´- ¿Ser caso un sueño? – pensaba D… mientras pellizcaba con desesperación uno de sus brazos. El dolor de cabeza y de los rasguños hizo descartar esta posibilidad. No, no había duda alguna, no era una pesadilla, era la realidad, la realidad subvertida.

D… sintió unas incontenibles ganas de salir corriendo de la habitación y gritar, gritar hasta despertar a todo el mundo. Si, esa era la solución, despertar a todo mundo para que entrasen con él a ver lo que sucedía, entonces verían que no había nadie dentro y molestos se retirarían diciéndole que estaba loco y que dejase de beber. Pero… ¿Y sí los vecinos entrasen y viesen lo mismo que él? ¿Qué sucedería? ¿Qué quedaría entonces?

D… tembló al pensar en esta última posibilidad. No podía permitir que esto sucediera, de ninguna manera. La solución era deshacerse del ser, lo más rápido posible, antes de que amaneciera y el otro se despertara, antes que sea demasiado tarde.

Con estas ideas girando en su mente, fue hasta la cocina y buscó un arma para perpetrar el crimen. Buscó y buscó entre los cajones hasta hallar un afilado cuchillo, con el arma en la mano se dirigió hacia la cama en silencio.

La daga parecía emitir luz propia, D… pudo observar su cara distorsionada en la hoja, fue incapaz de encontrar el más mínimo parecido, el ser le había robado su rostro, tenía que deshacerse de él para recuperarlo.

Se paró junto a la cama y observó al extraño con detenimiento, D… nunca había prestado demasiada atención a su fisonomía, pero al verlo ahí, en poder de otro ser, vio un semblante marchito, angustiado del cual emanaba una insondable tristeza, imposible de explicarla con palabras. Aquel rostro ni siquiera reposaba en calma, se veía intranquilo como si estuviese siendo sofocado por alguna mano que lentamente iba cerrando el puño.

D… fue incapaz de acometer al ser con el arma, se sintió desolado y se aferró al mango del cuchillo con todas sus fuerzas, como si esto pudiese evitar que cayese en un pozo. Cerró los ojos y las lágrimas explotaron sin que fuese capaz de controlarlas, D… fue deslizándose hasta caer sentado, sentía lastima por el ser y por si mismo pues hasta ese momento ambos eran esclavos de un mundo que jamás podrían entender. Tenía que liberarlos a ambos, pero era necesario hacerlo cuanto antes, porque pronto amanecería, él se despertaría y se verían cara a cara.

D…sujetaba fuertemente el cuchillo con el asa bañado en sudor, mantenía sus párpados cerrados sin poder juntar el valor para abrirlos. El tiempo pasaba y tenía que hacerlo cuanto antes, deshacerse del otro…rápido, antes del amanecer, antes de que sea demasiado tarde…era ahora, ahora o nunca.

-D…, D…- le susurraron de pronto al oído - dame ese cuchillo, D…

A lo lejos, se escuchaba el tañir de las campanas del viejo reloj de la Catedral, el amanecer había llegado.

jueves, 16 de octubre de 2008

Descenso al interior del terror


Edgar Allan Poe - Suplemento BRUJULA de El Deber


SABADO, 15 de ABRIL de 2006

Edgar Allan Poe, considerado el creador del género policial, ha sido el escritor más influyente de la literatura de terror del siglo XX. Próximos los 200 años de su nacimiento, Mario Portugal S. Ramírez hace un repaso por la obra y la vida del mítico escritor


Mario Portugal S. Ramírez

Qué puede surgir de abstraerse de lo real? Evadirse y buscar refugio en el interior, en lo más recóndito del alma. Pero ¿y si escapar hacia dentro de uno mismo no hace más que encararnos con nuestros peores temores, enfrentarnos cara a cara con los demonios internos?Edgar Allan Poe (1809-1849) encontró en sí mismo una realidad inquietante que plasmó en sus cuentos. El bostoniano inclinó su atención en construir un mundo perfectamente lógico dentro de su gran pasión: la literatura. El terror ante lo insólito, la soledad como único refugio y el resentimiento enraizado en el alma eran temas que desarrolló a lo largo de su obra. Sin embargo, también escribió poesía alusiva al amor: "¿Deseas que te amen? No pierdas, pues, el rumbo de tu corazón", decía el poema A F.S.O. dedicado a una de las muchas mujeres que amó en su vida. Y es que Poe fue un apasionado y un poseso que convivía con una dimensión siniestra, aunque a menudo ambas facetas se entremezclaban.


Las dos personalidades

Poe era una dicotomía andante, su narración William Wilson es sintomática: perseguido por un ser que no es más que el reflejo de uno mismo. En el poeta convivía, por un lado, el Allan, apellido que recibió de sus padres adoptivos con quienes mantuvo una difícil relación amor-odio. Esta dimensión lo anclaba a la realidad, hacia la vida, y es en estos momentos de lucidez donde su obra consistía en poemas que exaltaban el amor y la pasión.


Por otra parte, estaba el Poe que le llevaba a tomar una posición cínica y destructiva. Este apellido fue la única herencia que sus padres le dejaron. Huérfano con apenas dos años, Poe se obsesionaría con la muerte de sus padres (por causa de la tuberculosis); su cuento La máscara de la muerte roja es precisamente el reflejo de ello: un relato antropomorfista que expresa el horror ante la enfermedad, personificada en una máscara sin un rostro por detrás.


El poeta fue poseedor de una ubérrima mente que le permitía una ubicuidad -como narrador y como víctima- que alcanzó su máxima expresión en relatos como El pozo y el péndulo (inquietante historia de un condenado por el 'santo oficio'). Capturó también el pavor de ser 'enterrado vivo' y pudo expresarlo de manera angustiosa: los gritos, la oscuridad circundante, la mente que se quiebra.


Empero, esta ubicuidad no era gratuita, pues lo lanzaba hacia la locura. Dipsómaniaco y opiómano, su vida estuvo marcada por la precariedad y la infravaloración. Lo 'mundano' no tenía mayor razón de ser en su vida, salvo le sirviese en sus propósitos literarios. Por ello, su vida profesional apenas le sirvió para vivir modestamente.


En Poe tenemos a un protohombre posmoderno que no cree en el progreso (le tenía sin cuidado la invención del telégrafo o las primeras máquinas de vapor recorriendo su país), que está embebido en su hedonismo y que disfruta el momento, pues entiende la transitoriedad y fugacidad de la felicidad. El poeta cree en el sentimiento y no en la razón, salvo que ella ayude a su detective Dupin a descifrar el doble asesinato de la calle Morgue o el misterio de Marie Roget.Poe, el misántropo, fue atacado por sus relatos, muchas veces incomprendidos por la crítica y el vulgo. Pero ello no significó que estuviese dispuesto a soportar la censura; atacó y se burló furiosamente de otros autores contemporáneos y llegó a eliminar a sus enemigos en su alegoría del rencor titulada La barrica del amontillado: el poeta se regodea en su execración mientras coloca el último ladrillo-palabra que condena a su adversario.Poe transgredía límites a su entero antojo, el relato El Gato negro (cuyo dueño lo empareda por error junto con el cadáver de su esposa asesinada) o La verdad en el caso del señor Valdemar (donde el protagonista crea un muerto viviente) son prueba irrefutables de la genialidad que colinda con la locura del autor.


Novio de la muerte

El poeta cohabita con el más profundo desencanto hacia un mundo que no entiende, por ello busca refugio en lo esotérico, principalmente en el culto hacia la muerte. La vida no es más que una etapa transitoria hacia la muerte, hacia la cual no oculta su admiración que bordea la necrofilia, por ejemplo, al enterarnos del contenido de su relato La caja oblonga: el cadáver de la amada esposa conservada en sal. Este amor que trascendía la muerte se expresa más terriblemente aún en su cuento Berenice, angelical doncella que descansa desdentada en su ataúd por un arrebato de pasión del protagonista.


En la realidad, el amor enfermizo de Poe fue hacia su prima Virginia, a quien desposó con tan sólo trece años. La muerte de su esposa (paradójicamente por tuberculosis) lo sumiría en una completa desolación, de la cual buscaría escapar frecuentando a amantes, aunque el alcohol parecía ser su única forma de reconciliarse con el mundo.


Intentos de suicidio, delirio y hartazgo serían los prolegómenos de su fin, que en sí fue una paradoja: fue emborrachado hasta la intoxicación para que sufragara varias veces por un partido político. ¡La muerte puede ser tan irónica! Aquél que lidiaba día a día por evadirse del mundo real -para construir su propio entorno- halla su fin en algo tan mundano como la politiquería. Agonizante y preso del delirium tremens, la vida de Edgar Allan Poe se extinguió como llama fustigada por horrible tempestad, similar a la que azotaba a la pequeña embarcación de Un descenso dentro del Maelström.


Y ahora tras 157 años de la llegada de Edgar Allan Poe a esta irrealidad, la aterrada imagen del poeta aún se refleja en los ígneos ojos del cuervo, aquél que sigue posado en el busto de Palas -sobre el dintel de la puerta- para no irse... nunca más.

miércoles, 15 de octubre de 2008

La incorfomidad del silencio

http://www.eldeber.com.bo/brujula/brujula8/bru3.html
SUPLEMENTO
Brújula
La inconformidad del Silencio

Desde su disciplina, el sociólogo Mario Portugal se interna en la obra de Charles Chaplin, en esa filmografía que satirizó los sistemas sociales y económicos de la época que le tocó vivir. Esa crítica le costó el exilio, que rompió sólo para recibir el tan ansiado Oscar de la Academia de las Artes Cinematográficas










Mario Portugal Ramírez

En la actualidad, los estudios cinematográficos invierten millones de dólares en efectos visuales y sonoros para sus películas, en el afán de ganar la preferencia de un público cada vez más exigente. En este contexto, las películas hechas en los inicios de la industria cinematográfica -mudas y en blanco y negro- parecen ser anacrónicas y reservadas para el nostálgico o el excéntrico esteta.

Empero, hay filmes que trascienden épocas y caracterizaciones arraigadas en el imaginario colectivo que hacen del actor un ser perenne. Uno de ellos es Chaplin.

Infancia e inicios en el espectáculo
Charles Spencer Chaplin nació en 1889 en Londres; sus padres fueron modestos actores de un teatro en el que Charles tuvo sus primeros roces con el espectáculo. El padre murió dejando a la familia en la indigencia; la madre, frente a tan difícil situación, enloqueció y fue internada en un sanatorio mental. Así, Charles y su hermano Sydney pasarían su infancia en orfanatos y sobreviviendo en las calles.

Charles debutó en el teatro a los 8 años hasta que llegó a la compañía de Fred Karno donde perfeccionó su pantomima. En 1912, con 21 años, llegaba con la 'troupe' a EEUU, donde el actor Mack Sennett reparó en su talento, contratándolo para su productora -la Keystone- con la que produjo más de 35 cortos y marcó el ascenso a la fama; en este ínterin, el personaje de Charlot se iría consolidando.

Para 1915, la productora Essanay lo contrata por $us 1.500 mensuales, cifra millonaria para la época, y realiza 14 cortos. En 1916 pasa a la Mutual y filma doce cortos de los cuales se destacan The Inmigrant, que retrata las penurias del inmigrante en un nuevo y hostil país, e Easy Street, en el que Charlot, convertido en policía a la fuerza, impone el orden en una calle azotada por la pobreza y la violencia. Chaplin profundizaba cada vez más su aguda crítica social.

En 1918 firma un contrato por un millón de dólares anuales con la First National y filma doce películas hasta 1922, incursionando además en la dirección. Posteriormente, sería fundador de la productora United Artist junto a otros artistas. En esta etapa se consagraría con películas como The Gold Rush, The Circus, A dog's life, City lights -filme romántico por excelencia- y The Kid, una de sus piezas maestras.

Tiempos modernos y la censura, aquellos Grandes Dictadores
La mordacidad de Chaplin para criticar su época está presente en cada una de sus obras. La autoridad -encarnada en el omnipresente policía- sería objeto constante de su parodia, pues era identificada con el poder arbitrario que oprimía al débil -equiparado con el pobre-, el cual era obligado a sobrevivir sobre la base de la astucia.

En Modern Times (1936), la sátira de Chaplin se estrella contra todo el sistema: un capitalismo industrial cuyo templo es la fábrica y la Organización Científica del Trabajo (OCT) -o taylorismo- su credo. La OCT permitió conocer cronométricamente los tiempos para fabricar un producto, medir los periodos necesarios para cada tarea y analizar la capacidad operativa del obrero, así como sus fatigas, demoras, ritmos y tiempos 'muertos' de trabajo. De esta manera, podían planificarse costos de producción, programar actividades y sistematizar el control de los trabajadores en pos del fin supremo: la producción en masa. La nueva estructura del trabajo significaba nuevas formas de organización basadas en la racionalidad, el mercado, el individualismo y el antitradicionalismo, que a la larga se convertirían en amenazas para la estabilidad social, para la libertad y la autonomía del individuo. Estos problemas serían estudiados por una nueva disciplina, la sociología, cuyos pioneros -Durkheim, Weber y Marx- coincidían en que la miseria obrera era acentuada por la tecnología, la organización y la división del trabajo, que consolidaban la conflictividad entre las clases sociales.

Chaplin, sin ser sociólogo, critica ferozmente el trabajo deshumanizador de la fábrica: Charlot, al ajustar tornillos, sufre una crisis nerviosa que provoca su encierro en un sanatorio mental. Fija también su atención en las crisis periódicas del sistema capitalista manifestadas en el cierre de las fábricas, el desempleo masivo y las protestas callejeras de los obreros, en una de las cuales el personaje se mete accidentalmente valiéndole la cárcel al ser confundido como uno de los incitadores.

En The Great Dictador (1940), Chaplin hace una cáustica parodia de Adolf Hitler -llamado Adenois Hynkel- y representa también a un barbero judío, víctima de la represión nazi. Este filme se constituye en un hito porque fue su primera película hablada. Hasta ese entonces se negaba a incursionar en el cine parlante, pero cuando decide hacerlo tiene mucho que decir: el discurso final del barbero -confundido con el dictador- defiende la libertad del ser humano y ataca todo sistema totalitario.

Si bien Chaplin era amado en el mundo entero, tuvo detractores que lanzaban invectivas en contra del mensaje de sus obras. Y aunque aborrecía todo absolutismo -¿no era evidente con The Great Dictador?- fue acusado de comunista, extremo que, para ira de sus acusadores, no llegó a desmentir totalmente.

Perseguido por el maccarthismo, que atacó a intelectuales y artistas de Hollywood, víctima de la censura y acusado de comunista, Chaplin compareció ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas en 1949. Al año siguiente, mientras viajaba por Europa, se ordenó a las autoridades de inmigración que lo retuvieran a su regreso. Chaplin no volvería a EEUU (se afincó en Suiza), sino hasta 1972, para recibir un Oscar. Octogenario ya, falleció en el día de Navidad de 1977.

Hasta hoy sus películas continúan siendo redescubiertas por cada nueva generación que valora el gran contenido humano que plasmó en cada una de sus obras. Chaplin tiene asegurado un lugar en el cine y la historia, pues su mensaje de evitar toda injusticia contra el débil seguirá vigente, pero ante todo estará presente para arrancarnos una sonrisa y, por qué no, una lágrima.

sábado, 11 de octubre de 2008

La desazón. Baudelaire



La desazón. Baudelaire

La rebeldía contra lo establecido, contra la burguesía y las trivialidades de sus leyes es parte de la propuesta de Charles Baudelaire, ‘el poeta dandi’. A continuación, Mario Portugal realiza una aproximación a la obra del polémico francés


Mario S. Portugal Ramírez


En plena crisis de la modernidad, el hombre posmoderno flota a la deriva sin la más mínima esperanza de encontrar la tan anhelada isla -la utopía- que Tomás Moro le había descrito en 1516. El ser posmoderno se recluye en la celda de su individualismo para repetir el mantra sagrado ‘Carpe diem’, alabando a la nueva divinidad: Narciso. Se siente engañado por aquellas figuras inmortales de la historia, cuyos ideales ya no representan nada para él.


Ante la falacia del progreso y de la razón, el hombre posmoderno descubre su ‘verdad absoluta’: no hay pasado por recordar ni futuro por construir; vivamos el presente. De esta manera, se lanza hacia una desesperada búsqueda para gozar del presente, pues nada hay más allá. Su existencia se vuelve fatua, pero paradójicamente se convierte en un credo: la necesidad de contar con dinero -su nueva deidad- es su obsesión, rinde exagerado culto a lo estético y rescata el misticismo de antaño para adaptarla a los nuevos tiempos, pues necesita estimular sus sentidos hasta el máximo, por ello mezcla dogmas que no respeta por completo, pues en cuanto puede los mercantiliza.


En esta carrera por aprovechar el presente, el ser posmoderno termina destruyendo los frágiles lazos de la solidaridad y cae en cuenta de que, pese a estar rodeado por millones como él, ha quedado completamente solo. La ciudad se convierte en una prisión para un sinnúmero de seres y es en este preciso instante en el que llega el desencanto, el tedio por vivir, el ‘spleen’, y una voz del pasado le recuerda que hace ya mucho tiempo vivió un compañero de angustia: Charles Baudelaire.


Baudelaire, el proto -hombre posmoderno

Baudelaire (1821-1867) vivió una etapa particular, donde el espíritu imperante era el del capitalismo, aquél que -siguiendo a Max Weber- configura un ethos del individuo expresado en lo social. De esta manera, la burguesía rompía con los valores tradicionales y situaba al trabajo como el núcleo central que daba sentido a la vida misma. Este espíritu basado en una ética protestante -calvinista y, por tanto, puritana- formaba la mentalidad económica imperante, aquélla que llamaba a acumular riqueza, pero que casi prohibía disfrutarla. La vocación -que alude a lo religioso- se confunde con el oficio - la actividad económica - con la cual se alaba las bendiciones de Dios y se cumple el propósito de los hombres en la tierra, pues el hombre en sí está predestinado para el trabajo, resumidos en labor y mesura o las formas de participar de la gloria a través de la actividad económica. En este sentido, toda actividad no productiva es en realidad una forma de desviación social, por ello el artista debe entrar en la lógica productiva, su arte debe satisfacer a la masa consumidora; deberá ser rentable. En consecuencia, en esta nueva realidad no hay un lugar para el poeta.


Baudelaire, hundido en su melancolía y su persistente misantropía, aborreció esta ética basada en el trabajo. Su poesía no era para el hombre común, para el "sobrio e ingenuo hombre de bien"; era para el condenado, para el inmoral, para el despreciable. Por eso su fascinación por prostíbulos, tabernas y todo lo que la sociedad tachaba como inmoral.


Por ello, ofrendó un extraño y siniestro regalo: sus Flores del mal, poemas que expresan ira, desencanto hacia la vida. La flor, regalo predilecto del amante, es para el poeta objeto de parodia. Imaginar unas ‘flores malsanas’ significaba destruir su belleza y su contenido simbólico, estrellándose contra todo lo establecido.


Como expresión de su desprecio hacia lo establecido, adoptó la ética del ‘dandi’, aquélla que aborrece lo burgués y se mofa de las trivialidades de sus leyes, desprecia también el mal gusto del aristócrata. El ‘dandi’ está por encima de todo, soluciona flemáticamente cualquier problema evitando caer en lo vulgar y en lo mediocre; es elegante y eso lo separa del resto de la masa. Por lo mismo, está completamente solo.


Baudelaire, el poeta ‘dandi’, se siente terriblemente solo y el tedio llega inevitablemente, busca desesperadamente estimular sus sentidos hasta obtener aquel ‘nepente’ que curará su melancolía, aunque con el gran peligro de convertirse en la temida copa de cicuta.


La ciudad: inspiración y mazmorra

La apacible vida del campo no es para Baudelaire; la ciudad es su musa y su misterio aumenta al caer la noche. Oscuras callejuelas donde se esconde aquella parte de la vida, que muchos quisieran que desaparezca, pero que ejerce una atracción enfermiza, sin la cual no podría entenderse una ciudad. Bares y prostíbulos le atraían, pues le servía de material para plasmar en su obra.


El poeta fue una consecuencia de este hades urbano, se dejó hechizar por el misterio de aquel mar de rostros, de vidas que jamás se entrelazan. Sin embargo, la ciudad también le causa spleen: el tedio de la vida, la melancolía. Pero este tedio era algo más trascendente, la razón era incapaz de interpretarla, pues no tenía un origen físico, sino moral. Baudelaire dedica a este ‘metasentimiento’ varios poemas de sus flores del mal, buscando explicarlo a través del lenguaje del alma: la poesía.Baudelaire no logró encajar en esta vida, pero tampoco halla sosiego en la muerte. Siente terror hacia el paso del tiempo, aquel enemigo que "se come la vida (...) que nos roe el corazón, crece y se fortalece con la sangre que perdemos." En realidad, el tiempo se le escaparía de las manos, pues muere a causa de la sífilis a los 46 años.


Denostado en su época, el tiempo -su enemigo- le encumbraría y haría de él el símbolo de un nuevo siglo que poco a poco irá adoptando ese desencanto hacia la realidad. Los lazos del pasado con el presente son más fuertes y Baudelaire está más vivo que nunca; sus semillas del mal encontrarán el campo más fértil: la desesperanza, el tedio y la incongruencia del hombre posmoderno, donde estas flores rinden exequias a sus ideales muertos.

La sinfonía muda de Murnau: NOSFERATU


23 septiembre
Articulo `para Brujula de El Deber - NOSFERATU


La sinfonía muda de Murnau: Nosferatu


Una adaptación de Drácula en su versión no sonora es objeto de análisis de Mario Portugal, que compara esta producción cinematográfica con la situación que vivía Europa después de la Primera Guerra Mundial. Portugal sugiere que el filme es una muestra del terror sin el uso de grandes recursos


Mario Portugal


Decadente, atroz, de apariencia escalofriante, todo por cuestiones de derechos de autor, pues Friedrich Wilhelm Murnau (director alemán, 1888 - 1931) no tenía el suficiente dinero para tener los derechos de la novela de Bram Stoker. De esta manera, la adaptación de Drácula engendró un ser de apariencia monstruosa: Nosferatu, que se oculta en la apariencia inquietante del conde Orlock, que de aristócrata sólo tenía el título nobiliario. No existe parangón alguno entre el elegante Drácula personificado por Bela Lugosi y los seductores y libertinos personajes de Entrevista con un Vampiro, el Nosferatu interpretado por Max Schreck (1879 - 1936) es la encarnación misma del mal y su apariencia difícilmente puede ocultar esta maldición.


En contraposición, los héroes tienen la perfección ética y estética de aquél que debe hacer frente a la maldad absoluta. Thomas Hutter, mancebo cuya belleza se ve incrementada junto a la sórdida imagen del espectro. Helen Hutter, la bella heroína que sacrifica su vida para librar al mundo del grotesco ser, porque claro, el moralismo difícilmente permitiría que fuese de otra manera, aún así su muerte no es más que una victoria inconclusa del bien. ¿Pero es la película de Murnau sólo un filme de terror más que inunda los anaqueles de una tienda de videos?


Nosferatu y el dolor latente de la guerra

Murnau impregnó un aire de melancolía en su obra: apenas habían pasado 4 años de la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918) cuando filmó Nosferatu, Europa no despertaba de la pesadilla de aquel holocausto donde perecieron ocho millones de almas.


Discípulo del expresionismo, tendencia artística que subraya subjetivamente los caracteres expresivos de cualquier realidad, buscando en el sentido interno de las cosas una mayor profundidad emocional, Murnau juega con cada paisaje y cada expresión de los personajes. En efecto, cada escena expresa sufrimiento y desolación, los personajes -héroes y villanos- están impregnados de esa congoja que no hace más que desnudar las profundas heridas que la guerra causó a Europa ¿No es acaso la expresión de pánico de Hutter el horror ante la guerra antes que a la aparición del Conde Orlock en el umbral de la puerta?


La Primera Guerra Mundial era la indisimulable expresión de la irracionalidad humana para el naciente siglo XX, la disputa entre Francia y el Imperio Alemán por alcanzar la hegemonía en Europa desplegó una campaña bélica donde el mundo entero se vio involucrado.


La gran guerra puso a su servicio al conocimiento científico para destruir y desmoralizar tanto al vencedor como al vencido, la industria armamentista creció sin comparación y se fue perfeccionando con cañones de mayor alcance, granadas de gases venenosos, colosos de metal sobre ruedas -bautizados como tanques- el kraken moderno conocido como submarino y con una de las invenciones más ingeniosas del ser humano: el aeroplano, que hizo sencilla la ignominiosa tarea de segar vidas humanas.


La huella de la guerra se hizo más indeleble en las millones de vidas que fueron afectadas, la guerra absorbía miles de vidas como combatientes y como mano de obra en las factorías de armamentos y con el tiempo se utilizó la fuerza de trabajo femenina. Los medios de comunicación fueron totalmente controlados por los gobiernos y dirigidos hacia la propaganda militar. Así, la conflagración totalmente fuera de control trasgredió un límite que jamás podría recuperarse: la distinción entre población civil y combatiente. De esta manera, miles de bombas caían sobre las desprevenidas cabezas de los civiles europeos (incluidos niños y ancianos) a cualquier hora del día o de la noche. La logística militar fue ‘perfeccionando’ su sinfonía del horror arrasando cultivos, estaciones ferroviarias, depósitos, edificios y toda infraestructura -con habitantes incluidos- que presumiblemente podría favorecer al enemigo. La guerra no sólo destruyó lo material, sino que también corroyó al espíritu.


El ruido de las bombas al estallar, el estrépito de la artillería antiaérea, las sirenas de las ambulancias y los gritos languidecentes de miles de vidas inocentes, marcaron a los sobrevivientes que se hallaban socialmente desarraigados y de cara al horror.


El fin de la guerra en 1918 no significó el desenlace, sobre Europa se abalanzó el hambre generalizada y la peste: una epidemia de gripe que se propagó por el mundo entero y que aniquiló millones de vidas. Una de las escenas de Nosferatu es bastante sugerente, la llegada del vampiro trae consigo la peste y las calles de la ciudad se inundan de muerte y de cortejos fúnebres que transportan los féretros de amigos y hermanos, algo que para el ciudadano europeo ya era bastante usual en la vida real.


Nosferatu frente al cine de terror del siglo XXI

Millones de dólares se invierten para crear monstruos que agiten el corazón del espectador y que disimulen tramas absurdas sin pies ni cabeza, aunque claro, el consumidor no exige argumentos insondables, sino unos minutos de diversión y un buen susto para poder olvidar la levedad de su existencia.


Por ello, Nosferatu es una obra de culto pero no para la masa consumista que difícilmente podría comprender y asustarse con una obra fílmica muda y sin colores llamativos, donde la fuerza está en las interpretaciones y la sensibilidad del director para convertir una toma en una obra de arte visual. Escenas como la sombra de Nosferatu al subir las escaleras y abrir la puerta de Helen, la aparición del Conde en el umbral de la puerta frente a un desesperado Hutter, el horror del marinero al ver alzarse al monstruo del sarcófago, la mirada penetrante y vacía del vampiro al atisbar su presa en la casa Hutter, el paseo de Orlock por el ‘barco de la muerte’ o la demoniaca aparición del cochero negro (que no resulta otro que Nosferatu) en el bosque frente al castillo son algunos ejemplos de cómo una película puede transmitir una congoja que no sólo se limita a la duración del filme, sino también a la de la vida misma.

viernes, 10 de octubre de 2008

La pesadilla de Frankenstein: transformación (Ensayo del 13 de enero del 2007)


Articulo BRUJULA _EL DEBER 13 de ENERO 2007


Articulo del 13 de Enero del 2007
La pesadilla de Frankenstein
transformación

El sociólogo Mario Portugal analiza el famoso personaje de la novela de Mary Shelley, basándose en la transformación de las sociedades a partir de la Revolución Industrial. El autor hace énfasis en la paradoja del hombre que necesita de la tecnología para sobrevivir, lo que también es causa de su exterminio


Mario S. Portugal Ramírez

Una noche de 1816, un grupo de jóvenes poetas y literatos decidió iniciar una competencia peculiar: crear cuentos de terror. Uno a uno, los presentes fueron tejiendo sucesos y personajes hasta culminar la tarea; sin embargo, una de ellas fue incapaz de conquistar el reto. Más tarde, el influjo de las historias escuchadas indujo una pesadilla que sirvió para ensamblar conocimientos incipientes sobre avances científicos de la época -específicamente los de Luigi Galvani y Alessandro Volta-, surgiendo así una sobrecogedora historia. De esta manera, Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851) crearía a uno de los espectros contemporáneos más inquietantes: el monstruo de Frankenstein.

LAS LUCES DE LA
REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
La primera Revolución Industrial (1780-1840 aproximadamente) significó el inicio de una nueva era para la humanidad; las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales atravesaron por un cambio vertiginoso. Demográficamente, la población tuvo un crecimiento sensible, merced a las mejoras en las condiciones de salubridad y al avance de la medicina. La población campesina inicia un éxodo masivo hacia las ciudades, lugares que ofrecían fuentes de empleo.
La economía dependiente del trabajo manual fue reemplazada por manufactura de maquinaria. La producción en serie relega el trabajo artesanal; la introducción de máquinas mejora el proceso productivo, impulsada por las nuevas fuentes energéticas: carbón y vapor.
La Revolución Industrial significaba el 'culmen' apoteósico de la Ilustración europea, que consideraba la razón como el elemento transformador de todo aspecto de la vida humana. Por ello, inspirados en la filosofía cartesiana los intelectuales de la época consideraban que todo en la naturaleza estaba regido por leyes generales, aun las sociedades. En suma, la Ilustración buscaba llevar al mundo por la senda del progreso, guiada por la excelsa luz de la razón, permitiendo que la humanidad emerja de las tinieblas del calabozo formado por tradiciones, supersticiones e irracionalidad. De esta manera, surge una nueva etapa en la filosofía, en lo político (surge el liberalismo,) en lo económico (con el desarrollo del capitalismo y la Revolución Industrial), en las artes (el neoclasicismo) y aun los dioses tendrían que enfrentarse a una visión deísta de lo sagrado, sin mencionar el pecado capital: la secularización del Estado.

EL TEMOR INEFABLE:
LA FACTORÍA DEL MIEDO
Para muchos, la razón era la senda por la cual debía transitar la humanidad, pero para otros este sendero era pedregoso y lúgubre. El progreso no era sinónimo de bienestar: las grandes ciudades tenían ingentes cantidades de obreros sumidos en la pobreza, horarios de trabajo extenuantes, mala remuneración y sitios precarios; se habían convertido en simple apéndice de las máquinas.
Semiinconsciente por tal situación, pasaría algún tiempo para que el obrero recupere la conciencia... la conciencia de clase. Mientras tanto, culpó de sus males a la máquina y se organizó para destruirla: surge el movimiento ludista (alrededor de 1811), que se oponía a la tecnología que “hacía perder la capacidad creativa del ser humano”.
Algunos círculos intelectuales y literatos -entre ellas Shelley- compartían similares ideas y veían con desconfianza los avances tecnológicos que podrían llegar a aniquilar al ser humano. El caso de Frankenstein es ilustrativo: el científico insufla vida en su creación gracias a la tecnología, pero el monstruo termina volviéndose contra el creador.
La novela de Mary Shelley se constituye en una crítica hacia la idea de progreso imperante en la época. Atacaba la moral científica y el conflicto ético de la posibilidad de crear vida: contrariamente a lo que se cree, Victor Frankestein no era un científico loco, sino un apasionado por la ciencia, motivado por las infinitas derivaciones de bienestar para la humanidad que traería su experimento. Por otra parte, Shelley observa también -seguramente inspirada por Rosseau- la corrupción del ser humano por la influencia de la sociedad; el proceso de socialización del monstruo-niño tiene como resultado su desviación social: se transforma en criminal, en un monstruo verdadero.
La novela de Shelley revive un temor primigenio del ser humano que lo coloca en una disyuntiva: la tecnología se le hace cada día más indispensable para asegurar su existencia, pero a la vez le agobia pensar que puede causar su exterminio, ser víctima de su propia creación. La literatura y la cinematografía están plagadas de ejemplos en los que la máquina es causante de la aniquilación o, en cierto casos, la suplantación del humano ante la posibilidad de desarrollar sentimientos semejantes a él. El perfeccionamiento de la robótica va creando Frankensteins en masa y haciendo más obsoleto al hombre.
En pleno siglo XXI, el avance científico-tecnológico plantea nuevamente la vieja disyuntiva. Biotecnología, terapia genética, clonación. Sin duda, las posibilidades para mejorar las condiciones de existencia del hombre se perfilan infinitas, aunque también podría significar el fabricar seres humanos a gusto del cliente. La cibernética aplicada a la salud: prótesis robóticas más refinadas, es decir, el ser vivo se integra al autómata. ¿Terminará el monstruo de Frankenstein volviéndose contra su creador o tiene destinado reemplazarlo?
En tiempos donde predomina el 'homo insipiens', la tecnología ‘complejiza’ las relaciones sociales aunque las deshumaniza. El hombre es cada vez más dependiente de hardware (celulares, GPS, palms, etc.) y software, convirtiéndose en un autómata orgánico subordinado a actualizaciones recibidas por red en la soledad del hogar. El ciclo se reinicia y la lucha de Frankenstein contra su creación está lejos de terminar.



jueves, 2 de octubre de 2008

EL CONCURSO

Patricia aguardaba nerviosamente el anuncio de la decisión del jurado, quienes elegirían  a las tres finalistas.
El público estaba excitado, esperando los resultados preliminares. Las luces se apagaron y un murmullo recorrió el auditorio. Una luz iluminó el escenario, el maestro de ceremonias salió y se ubicarse en el centro, tenía un papel en la mano.
Anunció a las tres finalistas:
-       Señorita Ana Méndez, señorita Paola Lozada y…
Patricia sintió que el corazón le oprimía el pecho.
-       ¡Señorita Patricia Galarza!
El público empezó a vitorear los resultados. Dentro, tras bastidores, Patricia sentía que el aliento volvía a su cuerpo, estaba a un paso de lograr su más anhelado sueño.
-       ¡Vamos a pedir a las concursantes que salgan a la pasarela para que desfilen, antes de anunciar a la ganadora! – señaló el maestro de ceremonias.
Patricia era un manojo de nervios, rogaba a Dios no tropezar en el momento de salir a desfilar. Respiró profundamente y se dijo a si misma:
-       Es tu hora, Patricia. Es hora de de salir y lograrlo.
Tras terminar esta frase, Patricia sintió un renovado valor tomando su cuerpo. Estaba lista para salir y darlo todo, ganar era su objetivo.
Patricia observó a las otras dos finalistas, tenían el rostro sombrío y una de ellas estaba trémula como si estuviese a punto de desfallecer. Esto afirmó aún más la confianza de Patricia.
El maestro de ceremonias fue nombrado nuevamente el nombre de las finalistas. Ambas muchachas parecieron reponerse de inmediato tras oír pronunciar sus nombres. Esbozaron una falsa sonrisa que dejaba al descubierto sus blancos dientes, los nervios  parecían haber desaparecido.
Cuando llegó el turno a Patricia, aspiró profundamente, dibujó una sonrisa en su fisonomía y salió. Afuera, el público estaba enloquecido.
-       Agradecemos la presencia de las participantes y de ustedes, querido público. Pero la velada casi llega a su fin y es hora de conocer a la triunfadora- espetó el maestro de ceremonias.
Un nuevo murmullo se apoderó del auditorio. Mientras los jueces decidían, el maestro de ceremonia hacia algunos anuncios comerciales.
Patricia y las otras dos finalistas estaban inmóviles en el centro del escenario, con las manos en la cintura y sin dejar de sonreír ni por un segundo. Las luces eran enceguecedoras, Patricia era incapaz de ver al público, tan sólo podía escuchar algunas voces que susurraban.
Por unos segundos, todo el auditorio quedó en silencio.  El maestro de ceremonias estiró la mano para recibir el papel doblado con el nombre de la ganadora. Lo desdobló pausadamente, lo leyó y lentamente abrió los labios para leerlo en voz alta.
Un hilillo de sudor frío recorrió la sien derecha de Patricia, tenía la boca seca, la garganta estaba hecha un nudo.
El público seguía en silencio.
-       El tercer lugar es para…!Paola Lozada!
-       Una menos – pensó Patricia.
-       Y la ganadora es…
El público estaba expectante, Patricia cerró los ojos y se encomendó a Dios.
Silencio total.
¡Patricia Galarza!
El público estaba enloquecido, los flashes de las cámaras se disparaban, como si fuesen luciérnagas titilando.
Patricia instintivamente llevó ambas manos al rostro, gruesos lagrimones escaparon de sus ojos. Las otras dos finalistas se acercaron para abrazarla, una de ellas la estrujó contra su cuerpo y empezó a llorar desconsoladamente sobre su hombro. Patricia la apartó delicadamente mientras limpiaba las lágrimas de su rostro.
Colocaron la corona sobre sus sienes y le ciñeron una banda dorada que atravesaba su pecho. Le entregaron un ramo de flores que sostuvo con el brazo derecho mientras levantaba el izquierdo para saludar al auditorio.
El público rugía ensordecedoramente.
Patricia levantó lentamente el pie derecho, iba a iniciar su desfile triunfal. El público coreaba su nombre, todas las luces apuntaban hacia ella, el calor era abrasador, su corazón latía ansiosamente como si intentase escapar del pecho.
Patricia avanzó lenta pero decididamente por la pasarela, las lagrimas en sus ojos impedían que viese claramente, saludaba al público, a todos y cada uno de ellos. Lo había logrado, su sueño se había hecho realidad.
La multitud se abalanzó aullando. No tardaron mucho en devorarla por completo.

El invitado

-        ¿Se toma el whisky sólo o con hielo?
-       Lo tomaré con hielo si no te molesta, hace bastante calor aquí ¿No tienes aire acondicionado?
-       Tenía, pero tuve que venderlo ¿sabe? Cuando quede arruinada empecé a venderlo todo y como verá, tan sólo me quedan algunas cosas, lo más esencial: las sillas, la mesa y el sofá donde está usted sentado.
-       Ya veo.
Isabel servía nerviosamente la bebida, le era imposible sostener con firmeza el vaso. Derramó algunas gotas sobre su vestido.
El visitante la miraba con atención, esbozó una ligera sonrisa en los labios al percatarse de la turbación de la muchacha.
Isabel giró con cierta torpeza y se aproximó con ambos vasos en la mano. Cuando estuvo entregando la copa, su mano rozó ligeramente la del invitado, un escalofrío recorrió su cuerpo provocando que derrame el líquido sobre el cuerpo del visitante.
-       Dios… ¡Soy una tonta! ¡Le manché la camisa! Déjeme buscar una servilleta enseguida.
-       No es necesario, pierde cuidado. Para lo que me sirve la camisa y la ropa entera.
Isabel reapareció de la cocina con una servilleta en la mano. Torpemente intentaba secar la camisa y el resto de la ropa. El invitado la observaba en silencio, divertido.
-       Vamos, deja. Te dije que no importa la camisa
-       ¡Pero es que va a quedar arruinada!
-        Sólo la llevo puesta por ti, para no inquietarte; pero por lo visto no resultó.
Isabel se detuvo, sin darse cuenta había quedado a escasos centímetros del cuerpo del invitado. Quedo mirándole el rostro por unos segundos y se apartó despacio con la garganta seca.
-       No, no es eso. Es sólo que tuve un día terrible en el trabajo y estoy algo tensa.
-       Sí, lo sé perfectamente. De otra manera no estaría aquí ¿no? Tú llamaste y yo acudí.
El rostro de Isabel se llenó de ira al oír estas palabras. Efectivamente había sido ella quien le llamó, luego de uno de sus acostumbrados ataques de histeria, seguido por una profunda depresión.
-       Si. Pero creo que fue un error, me precipite como siempre.
-       Es verdad, siempre lo haces. No eres capaz de pararte por un segundo a pensar. Haces y dices las cosas sin pensar en sus consecuencias, ya has herido a muchos incluyendo a tus seres queridos.
La sala quedo en silencio. Súbitamente, el visitante se puso de pie, caminó hacia donde Isabel guardaba la bebida y se sirvió una copa de vino. Sorbía el líquido mientras miraba con atención a Isabel, quien caminaba nerviosa por la habitación.
El invitado apoyó la espalda en uno de los pilares del departamento. Tenía las piernas cruzadas, ligeramente echadas hacía adelante, con una mano sostenía el codo del brazo con el que sujetaba la copa de vino. La luz se reflejaba en los cristales de sus anteojos, escondiendo los ojos.
-       Es verdad. Siempre hago las cosas sin detenerme a pensar, siempre lo he hecho así, creo que soy impetuosa.
-       Impulsiva, diría yo. ¿No recuerdas cuando nos conocimos? Entonces tenías quince años y siempre buscabas las salidas fáciles, a veces tomando las peores decisiones.
Isabel calló. Se aproximó a la ventana para dar la espalda al invitado, no quería verle. Miró la calle, algunas luces comenzaban a encenderse. La tarde agonizaba y la noche se acercaba voluptuosa.
-       ¿No tiene usted otras cosas que hacer? No me malinterprete, pero me imagino que alguien como…como usted…
-       No es necesario que sigas tratándome de usted, querida. Considero que nos conocemos el tiempo suficiente como para tutearnos.
-       Bien, como tú, entonces. Estoy segura que alguien como tú tendrá mucho… trabajo por hacer.
-       Llámalo como quieras, yo le llamo deber. El trabajo, por lo general, implica hacer cosas con las que uno puede o no estar de acuerdo, en todo caso se trata de una elección. En cambio, el deber es algo distinto, estás obligado a cumplirlo aunque no te guste.
El visitante se llevó la copa a los labios y adquirió un aspecto aún más sombrío que antes. Isabel abrió la ventana para permitir que algo de aire entre en la habitación, se estaba sofocando. Una suave brisa acarició su rostro y le alborotó el pelo. Se dio vuelta y observó al visitante que seguía recostado en el pilar, mientras encendía un cigarrillo. Isabel se aproximó para servirse una bebida.
-       Comprendo lo que dices. Hacer algo que no te guste, es como el estar en este mundo ¿no? No sabes quién ni porque te puso aquí, te abandonan a tu suerte sin la más mínima respuesta ¿Qué te queda? Seguir adelante y procurarte tus propias respuestas ¿no?
-       Sin embargo, siempre te queda una opción ¿no? Quitarte la vida. Tú deberías saber eso perfectamente ¿no?
El visitante clavó su mirada en Isabel por encima de sus gafas. La muchacha se estremeció con su mirada, volteó y nuevamente se dirigió hacia la ventana. Encendió un cigarrillo y se puso a fumarlo nerviosamente.
-       Si, lo sé perfectamente. ¿Te refieres a cuando tenía quince años? ¿Cuándo intenté dejar este mundo?
-       ¿“Dejar este mundo”? ¡Vaya eufemismo! No entiendo porque no dices simplemente que intentaste suicidarte. Pero aquella ocasión tuviste suerte ¿no es asi? Viviste lo suficiente como para poder contarlo y llamarlo “dejar este mundo”.
-       Si, supongo que tuve suerte aquel día. Al parecer no era mi hora.
-       Si, siempre tuviste mucha suerte. Al menos hasta hace poco, cuando todo empezó a salirte mal, aunque yo no diría que la vida se limita a tener buena o mala suerte, es cuestión de llevar adelante tu vida bien o mal, y tú siempre las hiciste mal por tu intempestivo carácter ¿no?
Isabel apoyó las manos a ambos lados de la ventana, bajó la cabeza y cerró los ojos, las palabras la herían.
El sol se hundía en el horizonte, la penumbra comenzó a tomar las calles. Isabel observó a la gente que caminaba presurosa hacia un destino desconocido para ella, a esa hora las calles bullían de vida.
-       Se hace tarde. Ya casi es de noche y tú sabes que no puedo quedarme mucho tiempo más. Tenemos que marcharnos.
-       Ya no estoy segura de nada, ya no quiero irme contigo.
-        Siempre fuiste muy inestable y caprichosa. Desde niña siempre te empecinabas por tener algo, lo obtenías como sea, aún si ello significaba soltar unas cuantas lágrimas falsas.
Isabel fue hacia el visitante, le abrazó el cuello y tomó una actitud voluptuosa.
-       ¿Y si te pidiera que pases la noche conmigo? Podríamos acurrucarnos juntos en el sofá.
El visitante tomó los brazos de Isabel y los retiró de su cuello. Su rostro estaba totalmente inexpresivo.
-        Quizá deba recordarte quien soy, para mí no eres más que una chiquilla tonta y caprichosa. Eso es lo que hiciste desde el día que dejaste de ser una niña ¿no? Seducir para tener lo que querías y al obtenerlo lo desechabas sin miramiento. Te daba igual si se trataba de una cosa o una persona, para ti eran cosas inservibles cuando estaban en tu poder. No has cambiado nada ¿Sabes? Sigues siendo la misma niña maleducada y caprichosa de siempre.
Isabel hizo un gesto de frustración y se alejó del visitante. Se tiró en el sofá con los brazos cruzados.
-       No hay nada que se pueda hacer. Anochece, debo irme y tendrás que venir conmigo.
Isabel escondió el rostro entre sus manos, lloraba sin control.
-       Tus lágrimas no me convencerán ¿Sabes?
-       Si, lo sé.
Isabel apoyó la cabeza en un brazo del sofá. Comenzó a frotarse los ojos.
-       ¿Te sientes mal?
-       Sí, la vista se me nubla. Supongo que el veneno está comenzando a hacer efecto.
-       Es hora de irnos. No puedo aguardar más.
Isabel y la muerte salieron del departamento, la noche había llegado.

DIARIO DE ULTRATUMBA




- Mario Siddhartha Portugal Ramírez -

Día 1

Hoy fue mi entierro. La gruesa tapa del ataúd fue insuficiente para acallar el llanto de mi esposa y mis hijos. Beatriz lloraba amargamente ¡Dios, como quisiera haber podido levantarme para poder abrazarla y tranquilizarla!

Desde luego, no todos los que estaban en la ceremonia eran gente que me agradaba. ¡Cómo ese imbécil de Marco! ¡Siempre detrás de Beatriz, insinuándosele! Claro que ella nunca le dio el menor motivo para que él se portase así ¡Cómo la amo!

Pero ahora ya no estoy. Y seguramente Marco aprovechará toda oportunidad para echar toda su artillería de palabras sobre Beatriz ¡Pero ella nunca te dará la más mínima oportunidad, pendejo! ¡Así que es mejor que te alejes de ella! ¡No me obligues a levantarme para patearte el culo!

Esta tan oscuro aquí…desearía estar junto a Beatriz y escucharla gemir mientras hacemos el amor. ¡Te extraño tanto, Beatriz! ¡Te amo!

Día 2

Hoy intenté mover la tapa del sarcófago, pero fue en vano. La arena que tiene encima la hace muy pesada, además tengo los músculos atrofiados por el rigor mortis.

La ropa con la que me enterraron comenzó a sofocarme, intente quitármela pero era imposible dado el escaso espacio que tengo para moverme. Tuve que desgarrarla, el hacerlo provocó que pierda varias uñas, pero al menos me deshice de esa incómoda ropa.

Estar encerrado todo el día puede enloquecer a cualquiera. Quizá ya perdí al razón y no me he dado cuenta siquiera.

Para evitar el tedio me puse a recordar los acontecimientos de mi vida, desde donde me lo permitió la memoria. Me di cuenta que tengo una memoria frágil y que hay cosas que me cuesta recordar, tan sólo hay algunas cosas que parecen grabadas en mi mente como el día en que conocí a Beatriz, nuestro matrimonio o el nacimiento de Patricia, nuestra primera hija.

Pero lo que más vivamente recuerdo es el primer beso con Beatriz ¡Dios, estaba tan bonita aquel día! No se cómo, pero luego de besarla sabía que tenía que pasar el resto de mis días con ella.

Recordar esto me puso muy triste, no pude llorar porque ya no tengo lágrimas en el cuerpo.

Día 3

Anoche soñé con Beatriz y los niños. Como suele suceder a veces, creí que el sueño era realidad y que estaba vivo, completamente vivo. Un ruido persistente me hizo despertar, no he podido adivinar de qué se trata, mis ojos aún no se acostumbran del todo a la oscuridad.

Hoy me puse a recapitular el accidente. ¡Debí escuchar a Beatriz! Las mujeres nunca fallan cuando tienen algún presentimiento.

“Quédate un poco más en la cama” me dijo Beatriz. “Llegaré tarde al trabajo” respondí yo. Y ella se quedó mirándome con esos ojos dulces para tratar de convencerme. “Pide el día libre, sólo hoy. ¡Quédate conmigo!” me insistió Beatriz ¡Ah! Y yo el tipo más cretino del mundo tenía que molestarme y contestarle: “Sabes, que no puedo hacer eso. La empresa no puede andar sola, nadie te da dinero por estar acostado al lado de tu esposa.”

Pero Beatriz era comprensiva y no se molestó con mi tonta respuesta. Es mas, bajó y me acompañó hasta el coche y rodeándome con sus cálidos brazos me besó y me dijo: “Cuídate, mi amor”.

¡Y yo que apenas le conteste con un gruñido! ¡Ni siquiera me despedí de los niños! ¡Soy un idiota!

Luego salí conduciendo como un loco, para no llegar tarde. Decidí no bajar la velocidad en el cruce para no perder un solo minuto, nunca supe lo que me golpeó.

Y luego despierto aquí, encerrado en este maldito ataúd, quién sabe cuantos metros bajo tierra. ¡Fui un idiota! ¡Debí quedarme con Beatriz! Ahora es demasiado tarde…

Nuevamente oigo ese ruido, parece aproximarse….

Día 4

Anoche no pude dormir ni un instante. Ese molesto ruido se aproxima cada vez más y más y terminará por enloquecerme.

Por la tarde vino Beatriz con los niños. Beatriz lloraba amargamente, su dolor me punzaba el pecho como si estuviesen clavándome una espada directo en el corazón. Los niños son aún muy pequeños para entender el llanto de su madre y lo que sucedió conmigo.

Sólo Fernandito se puso a llorar, aunque creo que lo hizo al ver a su madre llorar. ¡Es tan pequeño! Seguramente será incapaz de recordarme cuando crezca. Siempre quedan las fotografías…” ¿Ves a este señor? ¿El gordito? El era tu padre”, le dirán seguramente. ¡Extraño tanto a los niños! ¡Y a Beatriz!

Pero claro, también ese parásito de Marco estaba ahí arriba. ¡Haciéndose pasar por el tipo sensible y así estar lo más cerca posible de Beatriz! ¡Infame! ¡Debí ponerte en tu lugar cuando tuve la oportunidad!

Día 5

Hoy amanecí con un leve hormigueo en el estomago y en algunas otras partes del cuerpo. Si no estuviese muerto diría que los músculos se me están atrofiando por falta de ejercicio.

El molesto ruido es persistente y se ha hecho ensordecedor. El maldito ataúd actúa como si fuese una caja de resonancia. ¡Me duele la cabeza! ¡Dios has que todo esto pare!

Día 6

Hoy desperté más temprano que de costumbre, he podido acostumbrarme a ese molesto ruido pese a que se intensifica.

Sin embargo, lo que me despertó fueron pasos en la superficie. Había un entierro, los gritos de la viuda eran desgarradores. Lo enterraron a mi derecha.

Cuando todos se marcharon traté de hablar con el recién llegado. Poco comunicativo el tipo. No contestó a ninguna de mis preguntas, seguramente estará sorprendido por su muerte. Suele pasar, a veces olvidamos lo que es vivir y queremos hacerlo cuando es demasiado tarde.

No insistí con el nuevo. Hablará cuando esté listo, al fin y al cabo tenemos mucho tiempo por delante.

Día 7

Hoy cumplo el séptimo día aquí. Lo sé porque hay un anciano que pasa a diario cerca de aquí para visitar a alguien, bastante extraño el tipo, habla con su perro. Me imagino que la persona a la que viene a visitar es su esposa o algún hijo fallecido. Pobre viejo, seguramente su soledad le es insoportable, por eso las extrañas conversaciones con su perro, “capitán” creo que le llama ¡Que nombre más estúpido para un perro!

Sin embargo, el anciano me es útil porque siempre viene a la misma hora, pasado el mediodía, pues siempre le dice a su perro si le gustó el almuerzo. Sin sus visitas me sería imposible determinar los días que pasan, estoy sumido en la más completa oscuridad y cada minuto me parecen siglos.

El tipo de lado no ha soltado la más mínima palabra, tengo la hipótesis que era alguien con mucho prestigio y que por ello no quiere dignarse a hablarme. Que se joda…

Día 8

Hoy desperté sobresaltado porque el hormigueo en mi vientre se hizo más fuerte. La sensación se extiende por varios lugares de mi cuerpo, creo que incluso llegó a la cabeza. ¡Quisiera tener una aspirina a mano!

Un olor fétido ha comenzado a inundar el féretro. Ojalá hubiese alguna ranura que sirviese de respiradero. Desearía poder sentir algo de aire fresco en el rostro.

Día 9

Amaneció lloviendo, un verdadero diluvio. El agua fue abriéndose paso por la tierra y llegó hasta el sarcófago. Una pequeña gotera apareció sobe mi rostro ¡Fue una delicia! ¡Nunca imagine la delectación que puede uno llegar a sentir cuando unas pequeñas y frescas gotas te empapan el rostro! Y pensar que odiaba mojarme en la lluvia.

Entró bastante agua al ataúd por pequeñas ranuras que desconocía que existiesen. Me imagino que habré sido yo el que las hizo cuando me dan los ataques de rabia y empiezo a golpear el féretro como loco. Debo dejar de hacerlo, perdí uno de mis ojos la última vez… ¡Pero es que el hormigueo es intolerable! ¡Y ese molesto ruido exterior se ha hecho tan insoportable! ¡Y la fetidez que inunda el féretro! ¡Dios, es insoportable!

Por la tarde vino Beatriz, no trajo a los niños. Me imagino que vino luego de la misa de nueve días. Sentí su voz más serena cuando me hablaba, claro uno no puede llorar a alguien por siempre, pero se que nunca dejará de amarme. Quise contestarle, pero mi lengua no pudo articular ninguna palabra, creo que está pudriéndose.

El infeliz de Marco estaba con ella ¡El muy infeliz! Casi me dieron ganas de vomitar cuando se puso a decirme lo mucho que me extrañaba ¡Cómo si fuese tan tonto para creerle! Sé que en el fondo está feliz porque ahora no estoy y tiene vía libra para conquistar a Beatriz ¡Ojalá pudiese levantarme y darle su merecido! ¡Ya me imagino su cara si me viese! ¡Es un cobarde!

Día 10

Hoy escuché un ruido a mi derecha, como si alguien estuviese cavando. Quizás es el nuevo, que ha logrado zafarse de su ataúd y viene hacía mí, abriéndose paso entre la tierra. La tierra aún estará lluvia por la terrible tormenta de ayer, seguramente es fácil cavar. ¡Ojalá pudiese romper el féretro para cavar hasta la superficie! Pero es imposible y me siento tan cansado.

Intenté hablar con el nuevo, pero apenas dije algo se detuvo y dejó de cavar. ¿Qué querrá de mí? ¿Por qué no me contesta? ¡Ojalá pudiese llegar hasta mí y ayudarme a salir de esta prisión!

Pase el resto del día sin moverme, no tengo ganas de nada y el ardor en el cuerpo se intensifica. Es inaguantable.

Día 11

Gusanos, son gusanos. El ardor en mi vientre y en el resto del cuerpo son gusanos. Se apoderan de todo y van devorándome lentamente.

El ruido que se aproxima y que, erróneamente, pensé que eran del vecino pero sólo son malditos gusanos y otras alimañas que vienen para acá. Quizá algunos ya llegaron hasta el ataúd, estarán buscando cualquier resquicio para poder entrar y devorar mi cuerpo.

Otro día

Perdí la cuenta de los días. El anciano dejó de venir y no tengo forma de saber cuando empieza o acaba un día.

Estuvo lloviendo por largo tiempo, la gotera sobre mi rostro apareció de nuevo. La odio porque sé que los seres que vienen a devorarme hallarán el hueco y entrarán por ahí y no habrá nada que pueda hacer para detenerlos.

Mi única esperanza es el vecino, quizá si está cavando después de todo. ¡Ojalá que llegase pronto! ¡Entre ambos podríamos liberarme y saldríamos a la superficie para evitar a los gusanos! Una vez allí me será fácil deshacerme de los gusanos, me están devorando y se han infestado mi cabeza, ya comenzaron a comerse el único ojo que me quedaba. ¡Apresúrate por favor, querido amigo! ¡Cava hasta llegar aquí! ¡Sácame de esta prisión!

¿Otro día?

Está muerto, el maldito está muerto. Pensé que era él quien estaba cavando, aproximándose hacia mí ¡Pero esta muerto! ¡El desgraciado está muerto!

Es sólo un maldito cadáver inmóvil que va siendo consumido por sus gusanos ¡Como yo! Está ahí inmóvil en su ataúd y no le importa lo más mínimo ser festín de estos asquerosos seres.

Seguramente pensará que no hay nada que pueda hacerse y estará ahí tendido con un sonrisa idiota en el rostro sin hacer nada, pensando que yo hago lo mismo ¡Pero yo no soy como él! ¡Yo no estoy muerto! ¡No estoy muerto!

Algún momento en el tiempo

Finalmente llegaron los gusanos, se abrieron paso a empellones por todas y cada una grietas del sarcófago. ¡Sean bienvenidos al banquete! ¡Pasen! ¡Pasen! ¡Hay cadáver fresco para todos! ¡Como primer plato tenemos sopa de riñones, deben tomarla caliente para disfrutar su sabor! ¡El plato de fondo es revuelto de corazón! ¿Qué? ¿Qué es lo que tenemos de postre? ¿Pregunta usted por el postre? ¡Díganle al caballero que tenemos una variedad de postres para elegir! ¡Quizá prefiera un paté de hígado! ¡O quizá un budín de ojo! ¡Aja! ¡Veo que usted es un comensal exigente, un verdadero sibarita! ¡Entonces quizá usted desee servirse un poco de crema de sesos! ¡Já! ¡Adivine! ¡Usted se muere por probar los sesos!

Las alimañas recién llegadas se unieron al festín, sus mordidas dolían más que las de los gusanos que aparecieron en mi cuerpo. Lancé un grito terrible.

Me pareció que el vecino se reía de mi sufrimiento. Quise maldecidlo pero me di cuenta que mi lengua se había soltado y todas las alimañas se abalanzaban hacia ella. ¡El muy maldito osa reírse de mí! ¡Como si a él no le dolieran las mordidas!

Mientras más me resistía, más dolorosas eran las mordidas. Decidí quedarme quieto, como si estuviera dormido, como si estuviera muerto.

Los gusanos armaron un bacanal en mi cabeza. Algunos, totalmente ebrios se pusieron a cantar cera de mi oído izquierdo. Era insoportable, cantaban terriblemente.

Otros comenzaron a armar jaleo. Se insultaron, uno faltó al respeto a la novia de otro, se trenzaron a golpes por todo mi cráneo, destrozaban todo a su paso y no había nadie para pararlos.

Fue entonces cuando les grité: “¡Quietos malditos! ¡Este es un lugar respetable! ¡Vayan a otro lado armar alboroto! ¿Qué dirían sus madres si lo vieran ebrios y peleando? ¡Seguramente los echarían de sus casas!

Los seres se quedaron pasmados cuando me oyeron a hablar, se miraron entre ellos y estalló la risa. Todas las malditas alimañas se reían de mí. La algaraza continuó y los dos camorristas se dieron un abrazo, se juraron amistad eterna y continuaron bebiendo, estaban totalmente borrachos. Dudo que recuerden algo de la pelea mañana.

No supe el momento exacto en que me invadió el sopor. Ni siquiera el ensordecedor ruido de las alimañas era capaz de mantenerme despierto. Cerré los párpados (o lo que quedan de ellos) y quedé dormido.

Aún dormido escuchaba la risa del vecino de lado.

Perdido en el infinito

Casi no quedan restos de mí, tan sólo trozos de piel y carne que cuelgan de mis huesos. Han quedado algunas alimañas para encargarse de las sobras, no sé cuanto tiempo me queda.

El vecino ha empezado a hablar por fin, no hay nadie quien pueda hacerlo parar. Se burla de mí, inventa cuentos y canciones para denigrarme, desconozco para quien las interpreta. Quizás lo hace para entretener a los gusanos y así gana un poco de tiempo para que no se lo coman. No me importa, que haga lo que quiera ya nada podemos hacer uno por el otro, estamos condenados.

Me parece escuchar pisadas arriba ¿Es arriba o abajo? Ya no se donde queda nada. Los pasos se aproximan y se detienen cerca mío ¿Podrá ser…?

¡Sí! ¡Es ella! ¡Es Beatriz! ¡Ha venido por mí! ¡Va a sacarme de aquí! ¡Gracias mi amor! ¡Sabía que no te habías olvidado de mí!

¿Cómo? ¿Qué dices? ¿Qué siempre me vas a amar? ¡Eso ya lo sé, no es necesario que me lo digas! ¡Anda sácame de aquí, te lo ruego!

¿Qué tiene que ver el bastardo de Marco en esto? ¡Sí! ¡Sé que lo conoces desde la escuela y que ha sido tu mejor amigo! ¡Sé que siempre se ha preocupado por ti! ¡Si lo sabré yo! ¡El estúpido siempre entrometiéndose en todo! ¡Con esa cara de cachorrito desprotegido! ¿Acaso nunca te diste cuenta? ¡Al idiota siempre se le cayeron las babas por ti! ¡Y siempre me detestó porque tu me amabas a mi y no a él! ¡Vamos Beatriz, las alimañas van a terminar de devorarme! ¡Sácame de aquí!

¿¡Qué!? ¿¡Qué decidiste casarte con ese cretino!? ¿¡Pero como…!? ¡Anda no bromees conmigo! ¡No pierdas más tiempo! ¡Los malditos vienen hacia mí!

¿Qué te diste cuenta lo mucho que lo quieres? ¿Qué todo este doloroso tiempo se ha mantenido a tu lado? ¡Pues claro! ¡Sólo ha estado rondándote como un buitre porque lo único que sueña es poder cogerte! ¡Vamos Beatriz, mi vida! ¡Comienza a cavar, te lo ruego! ¡Ya sácame de aquí!

Pero entonces es cierto…vas a casarte con ese desgraciado…y vienes a contármelo, para sentirte bien contigo misma, para no sentir que me traicionas ¿Crees que lo voy a entender? Me juraste amor eterno ¿no? Y ahora recibo esta puñalada en al espalda de tu parte.

Yo siempre te fui fiel, Beatriz. Jamás osé engañarte y eso que no faltaron las oportunidades ¿Y sabes por que no lo hice Beatriz? Porque te amaba… y aún lo hago.

¡Entender un carajo! ¡Nunca lo voy a entender! ¿Realmente crees que lo haría? ¿Realmente crees que permitiré que metas a ese desgraciado a nuestra cama? ¿Qué llame hijos a nuestros niños? ¿Qué se levante cada día y tras darte un beso se marche al trabajo pensando en lo afortunado que es? ¡Nunca! ¡Nunca lo voy a permitir! ¿Me oyes? ¡Nunca lo permitiré!

Pero claro… pensarás que no puedo hacer nada desde aquí abajo y tienes razón. Estoy enterrado aquí y tú estás allá afuera, tratando de olvidarme ¡Yo jamás deje de pensar en ti! Ni por un instante ¿sabes? Porque… porque imaginar que volvería a tu lado me mantuvo vivo todo este tiempo, Beatriz. Un muerto derramando vida, Beatriz. Eso es lo que soy por ti.

Pero ahora…ahora…vienes aquí y me dices que me dejas. Que te casas con ese desgraciado ¿Y yo que? ¿¡Y yo que Beatriz!? ¿Crees que me gusta esto? ¿Crees que estoy confortable aquí? ¿No intentaste ponerte en mi lugar antes de tomar esa decisión Beatriz? ¿No lo intentaste?

No…claro que no, porque tú estás viva y Marco también y yo…yo estoy…muerto, soy sólo un maldito cadáver. No me dejes Beatriz, te lo ruego.

¿Adonde vas? ¡No me abandones Beatriz! ¡Por favor no me dejes aquí! ¡No puedes imaginarte lo frío y oscuro que es aquí! ¡No te vayas!

Se fue. Sus pasos se hacen cada vez más débiles.

Se aleja, se aleja para siempre de mí.

Me siento caer, Por primera vez desde que llegué aquí me siento completamente sólo, fuera de mí. Ni siquiera siento mi presencia, es como si fuese un vacío. Ni siquiera yo puedo hacerme compañía en mis últimos momentos.

Los gusanos están acabando como los últimos restos, es sólo cuestión de unos pocos segundos. Adiós Beatriz, te amo.