jueves, 21 de mayo de 2009

Las herramientas de las sensaciones


El Deber / Brujula del 11 de febrero del 2006


Este año Tool sacará su nueva producción discográfica. Ése es el motivo por el que el autor establece un recorrido por la trayectoria de la banda, en el que detalla no sólo los discos, sino también las actividades de cada uno de los integrantes antes de que formaran el grupo


Mario S. Portugal Ramírez


El pasado 31 de enero, a través de su página oficial, los fanáticos nos enteramos de que aquella montaña rusa sónica llamada Tool estará de vuelta a mediados de año. El lanzamiento de su nueva placa implica un respiro necesario en el saturado mundo de la música, estancado por la manía de las disqueras por 'fabricar' músicos a la medida de un mercado acostumbrado a comprar y desechar rápidamente ídolos pop con pies de barro.

El rock está en la misma lógica. Dada su incapacidad para generar nuevos horizontes musicales, debe recurrir desesperadamente a copiar sonidos de antaño con bandas como The Strokes, The White Stripes y decenas más subidas a la onda retro, o a tratar de que los grupos de rock 'aggro' (algunos quisieran seguir creyendo que son grupos de metal) sigan vendiendo discos con la misma -y aburrida- fórmula de los gritos y los insultos. Sí, al parecer se propusieron matarnos de aburrimiento.

¿No es Tool otra estrategia comercial orquestada por un hábil publicista? Cualquiera podría suponer eso gracias a payasos mediáticos como Marylin Manson, que necesita gritarnos a la cara que es el anticristo para evitar que su carrera siga cayendo en picada. Tool no es una estrategia, es el grupo de culto más extraño de la actualidad. Ellos dicen cosas como: "No hay amor en el miedo" o "el frío silencio tiene la tendencia de atrofiar todo sentido de compasión entre supuestos amantes, entre supuestos hermanos".

A principios de los 90 nacía Tool. Casi independientemente, sacaron un disco de sólo siete temas llamado Opiate, cuyas agresivas melodías conjugaban perfectamente con sus perturbadas líricas: "Las oportunidades siempre fueron un problema para ti, lo que necesitas es alguien fuerte que te guíe. Sordo, ciego, tonto y nacido para obedecer. Lo que necesitas es alguien que te utilice, como yo". Desde un primer momento, quedaba claro que su música no estaba orientada para subirse al carro del público masivo y de las ventas multiplatino: "La gente me dice qué tengo que decir, qué tengo que pensar y qué tengo que tocar", dice el tema Hush, en clara alusión a las empresas discográficas.

Los miembros de Tool eran consecuentes con lo que siempre fueron: unos tipos fuera de lo común, algo excéntricos quizás. Maynard J. Keenan abandonó la academia militar para dedicarse al arte. En su paso por la milicia aprendió el código de honor "no mentiré, engañaré, o robaré, y aceptaré lo que hay que hacer", que le haría comprender que se había vuelto una herramienta (tool, en inglés), de ahí el nombre de la banda. Con una voz excepcional y una asombrosa capacidad para sintetizar en letras violencia, sexo, ira y resentimiento, pero también esperanza, Keenan formó la banda Tool.

Danny Carey (baterista) fue testigo en su niñez de un ritual masónico en su propio hogar (cortesía de su padre). Además de aprender a tocar la batería, se metió de lleno en el estudio de la geometría, la física y las ciencias ocultas. Así, sus ritmos de batería se basan en secuencias numerológicas, siguiendo el ritual del 'hexagrama unicursal'.

Adam Jones estudió escultura, maquillaje y efectos especiales (trabajó en Terminator 2, Depredador 2 y Jurasic Park). Autodidacta de la guitarra, es uno de los guitarristas más creativos del rock, pero además la mente más prolífica de Tool, pues es el encargado de hacer los inquietantes videos del grupo, unas obras de arte visuales.

Justin Chancellor (bajista) practica algo conocido como 'hypnagogic', que sirve para alcanzar ciertos estados de conciencia que luego se expresan en los 'riffs' de su bajo.

En 1993 sacaron el excelente Undertow. Esta vez la rabia daba paso a sonidos más calmos, que de un momento a otro explotaban iracundamente. Las letras adquirían una profundidad nunca antes vista; de esta manera, los fans se metían de lleno al estudio hermenéutico de cada uno de los temas. Inolvidables tracks como Prison sex, que trata sobre un incesto, o Sober, que, según se presume, habla de un artista que sólo es creativo drogándose, harían que se consagraran como uno de los grupos más originales de la actualidad. (Dato curioso: el quinto tema tiene música andina boliviana como introducción; se escuchan tarkas y quenas levemente).

Tres años después vería la luz su obra maestra: Aenima (1996). Ya desde el propio título, Tool advertía que se trataba de un viaje sin igual (el título combinaba las palabras 'anima' de la psicología jungniana y 'enema'), no solamente en la parte musical; sino también en la visual (el disco tiene varias imágenes animadas, entre ellas el hundimiento de California en el océano). Por otro lado, los miembros de Tool se divertían con los fans haciendo comentarios sobre los significados de cada uno de los temas o aun inventando su propia religión: la lacrimología o ciencia del llanto como terapia que, supuestamente, habría sido inventada y publicada en un libro por ¡un empleado de una empresa de fumigaciones! Así, los fanáticos se volvían locos tratando de encontrar un libro que sólo fue una cruel broma, producto de la fecunda y a veces desquiciada mente de los integrantes de Tool.

Varios años pasarían para que sacaran Lateralus (2001), cuyas texturas musicales encajarían perfectamente con las letras violentas ("¿Era esto lo que querías? ¿Era esto lo que tenías en mente? Porque esto es lo que te estás llevando. Espero que te asfixies"), pero también con las más positivas ("Este cuerpo que me agarra me recuerda a mi propia mortalidad. Abraza este momento. Recuerda, somos eternos. Todo este dolor es una ilusión").

Cinco largos años de silencio pasarían (aunque interrumpidos por los bellísimos álbumes de A Perfect Circle, el proyecto paralelo de Keenan) para que finalmente nos enteráramos de que hay un nuevo álbum a la vista. ¿Valdrá la pena tanta espera? Los apasionados fans apostamos por ello. Estamos seguros de que el nuevo disco nos sumergirá nuevamente en lo oculto, en la introspección y en el deleite, porque Tool es precisamente eso: la herramienta adecuada para activar los mecanismos de nuestras atrofiadas sensaciones.