domingo, 11 de septiembre de 2011

Amor y Odio (PARTE I)



I


Amor y Odio nacieron una tarde de septiembre. Para el universo, el parto supuso un espasmo que retorció sus cimientos, ocasionando que el esfuerzo le dejase tan agotado que sucumbió por un momento al esfuerzo, deteniendo su perpetuo movimiento por un instante.
Nadie supo nunca quienes fueron los progenitores de las dos criaturas, algunos especularon que los padres eran Muerte y Tiempo, aunque ellos hasta el dia de hoy niegan esa posible relación incestuosa.
Los dos huérfanos eran idénticos entre sí, sin embargo, con el pasar del tiempo los huérfanos irían marcando cada vez con mayor claridad sus caracteres tan disimiles. De esta forma, llegó el día en que Odio decidió renegar de su hermano y abandonarle. Amor, acongojado, buscó sin suerte por mucho tiempo al hermano perdido, pero cuando casi había cejado en su empeño, pues suponía que Odio estaba muerto, le encontró de casualidad sentado en el suelo mirando el suelo ensimismado.
-          ¡Odio, hermano! ¡ He estado buscándote por tanto tiempo! ¡Mi corazón se regocija por poder por fin hallarte! ¡Ea, querido hermano es hora de marchar a casa!
Odio, sumido en sus pensamientos, volcó la cabeza al ver a su hermano y  dijole irritado.
-          ¡Con que al fin apareces, estúpido soñador!  ¡He estado aguardándote por mucho tiempo! Tengo en mente un negocio y necesito que me ayudes a realizarlo.
-          ¿Y cuál es esa idea que, amado hermano?
-          Pues vamos a inventar un nuevo sentimiento que llene el alma de los mortales. ¡Ya he pensado en todo!
Odio se levantó con un pequeño salto y arrastró consigo a Amor, quien aún no comprendía nada.

II

Odio y Amor inauguraron un pequeño taller donde planeaban producir el nuevo sentimiento. A falta de herramientas apropiadas tuvieron que diseñarlas; en esto Amor mostraba mayor habilidad y paciencia que Odio, quien no podía esperar a que todo estuviera listo para poder iniciar la producción.
Al cabo de algunas semanas, Amor estaba preparado para iniciar la producción e hizo  un diseño del nuevo sentimiento. Mientras tanto, Odio se encargó – nadie sabe donde - de hallar la materia prima que serviría para la producción. Los primeros intentos no tuvieron mucho éxito, pues a Amor le costaba trabajar con la materia prima traída por Odio. Sin embargo, pronto tuvieron la primera muestra y Odio estaba decidido a probarla cuanto antes.
Aquel lector, cuya senectud se lo permita, recordará las características de aquel sentimiento producido por Odio y Amor. Quien escribe, mero narrador sin la experiencia ni las canas suficientes, lamentablemente sólo ha oído las historias de algunos ancianos sobre aquel sentimiento producido por los dos hermanos, del cual se dice que fue el sentimiento más grandioso experimentado por cualquier mortal.
Sin embargo, al poco tiempo los problemas comenzaron en el pequeño taller. Odio increpaba al hermano por la demora para producir el sentimiento y le amenazó con dejar de proveer la materia prima. Amor, intentando complacer a su hermano, buscó algunos ayudantes a quienes ensenó con paciencia los rudimentos de su oficio.  Sin embargo, esto no fue suficiente para Odio, quién a diario traía más ayudantes al taller para que aprendan del oficio, pero ni aun así se sentía conforme.
Cierto día, Odio llegó malhumorado al taller.  No saludo a nadie, ni siquiera a Amor y tiró la puerta de su despacho tras de sí. Al cabo de una hora, salió sin decir palabra y se dirigió al depósito donde se encerró por horas. Más tarde, salió con una sonrisa en la cara, llevando unos planos en la mano. Llamó a Amor y le dijo:
-          Hermano, el negocio marcha demasiado lento y tenemos que aumentar la producción si no queremos quedarnos rezagados, necesitamos mecanizarnos. Vamos a echar a todos esos inútiles que tienes por ayudantes y a sustituirlos por estas maquinas que he diseñado.  Caso contrario, nunca podremos atender la creciente demanda.
Amor, pensativo, contempló los planos sin entenderlos del todo. Los observó una y otra vez y finalmente posó su mirada en la siniestra sonrisa de Odio.
-          Hermano, la producción marcha bien. Los ayudantes trabajan con tesón y muchos de ellos han adquirido maestría en el arte. Temo que si nos mecanizamos, como dices, nuestra producción carezca de alma, pues no se hará con la paciencia y el cariño con la que se viene haciendo hasta ahora.  Me opongo a que despidamos a los ayudantes.
Odio escuchaba a Amor sin decir palabra, pero el rostro iba enrojeciéndosele de furia. Arrugó los planos con ira y se dirigió a la puerta. Ya en el umbral se dio la vuelta y dijo con rabia:
-          Debí suponer que tu acostumbrada estupidez y falta de ambición haría fracasar cualquier intento mío por mejorar el negocio. ¡Pues sea! ¡Quédate en tu miserable taller con tus inútiles ayudantes! ¡Yo levantaré por mi cuenta una fabrica donde produciré un mejor producto que el tuyo y que te sacará del mercado! ¡Eso si, ni pienses que voy a dejarte usar mi materia prima! ¡Tendrás que buscarte la tuya!
Dicho esto, Odio salío del taller dando un portazo. Los ayudantes de Amor se quedaron atónitos y contemplaban la congoja de su maestro quien, tras unos minutos de quedarse en silencio mirando la puerta, se sentó en su banca preferida, tomó sus herramientas y se puso a tallar mientras lloraba.

III

Paso poco tiempo hasta que el taller de Amor se quedó sin la materia prima que odio proveía. Por este motivo, Amor tuvo que buscar una nueva materia prima que  fuese parecida a la que usaba, pero los productos no eran iguales. Convencido de que jamás podría igualar la calidad de la materia prima perdida, decidió finalmente utilizar la que tenía a mano y crear un nuevo sentimiento, lo más parecido al anterior. Llamó a este sentimiento amor.
El nuevo sentimiento se hizo pronto muy popular entre los mortales y casi todos sin excepción pedían al taller de amor que les fabricase uno. Sin embargo, pese a contar con varios ayudantes, la producción del taller de Amor no siempre alcanzaba para atender a todas las solicitudes.
Por otro lado, pese a que los ayudantes de Amor tenían mucha práctica en el oficio, sus productos jamás pudieron compararse con los del maestro, lo cual hasta el día de hoy hace que algunos solicitantes obtengan productos que no siempre encajan con sus especificaciones ni con sus necesidades. Es por esto que continuamente escuchamos a quienes se quejan por amores no correspondidos, por amores hirientes, por amores incompletos, por amores frágiles que se rompen al menor embate, por amores perros…
Sólo aquellos quienes tienen la suerte de recibir un producto hecho por el propio maestro Amor, no tienen la menor queja, puesto que el sentimiento es producido con tal maestría que sólo puede causar dicha, incluso escapando a la influencia de Muerte. Se dice por ahí, que incluso la misma Muerte experimentó en carne propia el sentimiento hecho por el maestro Amor.