miércoles, 28 de diciembre de 2011

EL ARQUETIPO


Las últimas líneas del libro decían lo siguiente:

Y ahí estaba yo, vagando por aquella inmensa ciudad. Caminaba sin un rumbo concreto, sin un destino al cual llegar, simplemente sabía que debía seguir caminando hasta que mi cuerpo se detuviese por si sólo.”
Cientos de rostros desconocidos pasaban por mi lado. A la mayoría les era indiferente mi presencia, algunos me miraban extrañados, unos pocos me sonrieron, y no faltó alguno que me observó irritado. Sin embargo, todos aquellos rostros tenían algo en común: jamás volvería a verlos”
De repente, recordé a los estoicos y pensé que en realidad sí los volvería a ver, porque tanto ellos como yo estábamos atrapados en la rueda del tiempo, condenados a encontrarnos una y otra vez por toda la eternidad. Aquellos rostros se me hicieron entonces familiares y no pude evitar que se dibujase una sonrisa en mi rostro: compartíamos todos la misma celda.”

Pese a que era la primera vez que leía aquel libro, conocía de memoria aquellas palabras, aunque combinadas de diferentes maneras. Cerró el libro y dio un gran suspiro. No sabía cuanto tiempo le había tomado, pero lo había logrado: había leído todos los libros del mundo.
La barba y el cabello le habían crecido y ocupaban casi toda la habitación; sus miembros entumecidos habían sido invadidos por plantas e insectos. Los ojos habían perdido la capacidad de distinguir los colores y el mundo se reducía al blanco y el negro, y en ciertas ocasiones el sepia.
Cuando quiso moverse, se dio cuenta que había olvidado como hacerlo. Tampoco recordaba como articular palabras, pese a que había leído libros en todos los idiomas. Durante unos minutos tuvo que concentrarse en recordar los tratados de anatomía y los libros de lingüística para poder moverse y hablar. Finalmente logró levantarse de la silla y articular sus primeras palabras: a fructibus cognoscitur arbor.
Mientras se lavaba para quitarse la suciedad acumulada por el tiempo, vio por primera vez su rostro enjuto y arrugado. El espejo reflejaba una figura que no le era familiar en lo más mínimo, tanto así que creyó por un segundo que se trataba de otra persona. Sin embargo, cuando supo por fin que aquel reflejo no era otro que él mismo, no sintió emoción alguna pues estaba ya por encima de aquellas trivialidades.
Más tarde se dio cuenta que no recordaba su nombre, pero juzgó que aquello no tenía importancia puesto que había renacido en un ser que ya no necesitaba ser identificado individualmente. Al tener todos los conocimientos del mundo, representaba a todos los seres humanos, desbordándolos. Decidió entonces que era el arquetipo.
Vistió su cuerpo desnudo y salió en busca del hombre. Al salir, observó que el lugar donde se hallaba era un yermo y que la casa en la que había estado encerrado estaba en ruinas.
Caminó por varios días, guiado por el recuerdo de los mapas que había visto en algunos libros. Al subir a una colina, pudo divisar por fin una ciudad.
Al bajar de la colina, se cruzó en el camino con algunos habitantes de la ciudad que vestían trajes de guerra, formando varias cohortes que marchaban al compás de un tambor marcial. El arquetipo preguntó a uno de los soldados sobre el motivo de la movilización, este contestó:

- Vamos a la guerra. Nuestro rey ha ordenado que destruyamos a una ciudad que se encuentra a cinco kilómetros en dirección al poniente. En los últimos años, dicha ciudad ha logrado tener mucha prosperidad desde el día en que decidieron derrocar a todos sus gobernantes y prohibir la propiedad privada. Por ello, nuestro monarca considera que esta ciudad es un peligro para la nuestra y nos envía a que matemos a todo ser vivo sin importar sexo o edad, para luego arrasar la ciudad sin dejar el menor vestigio de su existencia.

El arquetipo preguntó al soldado si aquello no le parecía una equivocación y si no sentiría culpa por asesinar a inocentes. El soldado contestó que él sólo seguía órdenes y que la sangre que se iría a derramar no mancharía sus manos, sino las del rey.
El arquetipo entró a la ciudad y notó que mucha gente vestía túnicas negras con capucha, pero además llevaban el rostro envuelto con vendas. Detuvo a una de aquellas espectrales figuras y le preguntó que era lo que le había ocurrido. Aquel ser le contestó que había una plaga de viruela en la ciudad por lo cual todos aquellos que habían enfermado estaban obligados a vestir aquellas túnicas, para que así los que no habían enfermado puedan reconocerles y evitar estar cerca de ellos para no contagiarse. El arquetipo recordó un viejo tratado médico turco que enseñaba cómo inocular a una persona antes de que enfermase de viruela, logrando así que muchas poblaciones fuesen inmunes a la plaga. Cuando quiso volver a hablar con su interlocutor éste ya había desaparecido en la multitud de enfermos.
El arquetipo siguió su camino y llegó a las calles más pobres de la ciudad. Tocó una puerta pues deseaba descansar unos minutos antes de continuar su caminata.
Una mujer salió a recibirle. Luego de que el arquetipo se presentó, la mujer le hizo entrar a su vivienda y le dijo que acompañase a la familia en la mesa, pues se disponían a almorzar.
La familia era muy numerosa, ocho hijos y dos de ellos ya tenían sus propios hijos que vivían en la misma casa. El padre era un leñador que contó al arquetipo que trabajaba muy duro a diario, pero que lo que ganaba no le era suficiente para salir de la pobreza. El arquetipo le dio algunos consejos para mejorar su trabajo y para poder ganar más dinero, también dijo al leñador que leyera mucho pues eso le haría poseedor de una riqueza intangible. El leñador le dijo que no sabía leer.
Mientras seguían conversando, la mujer del leñador salió con varias ollas humeantes que fue depositando una a una en la mesa, los niños peleaban por destaparlas, pero el leñador dio un grito que hizo que todos se sentasen en silencio. Luego, empezó a elevar una plegaria en voz alta agradeciendo aquella comida.
Las ollas fueron por fin destapadas. Algunas tenían piedras en su interior, otras sólo agua hervida y unas cuantas estaban totalmente vacías. Sin embargo, los leñadores y sus hijos simulaban sacar suculentos manjares y comérselos. El arquetipo preguntó al leñador el porqué de aquella mascarada. El leñador contestó:

- He perdido ya la cuenta de los días en que como hoy, no tenemos ningún alimento en la mesa. Hacemos esto para no perder la costumbre, para no olvidar cómo debemos alimentarnos.
El arquetipo, muy cortésmente, dijo que debía abandonar la casa pues se dirigía a la plaza de la ciudad. Dijo al leñador que vaya más tarde a la plaza con toda su familia a oírle, a lo cual accedió pues le había tomado afecto.
El arquetipo estaba ya cerca a la plaza cuando escuchó que en el templo había una muchedumbre reunida que gritaba. Se acercó y preguntó a uno de los de aquella caterva el porqué de tantos gritos. El hombre le dijo:

- Discutimos porque ayer se terminó de construir este templo y hoy nos dimos cuenta que se había erigido sin pensar en un dios en particular. Entonces, cada uno de nosotros quiere que se venere al dios por el cual profesa fe, pero esto nos ha llevado a discutir sobre cual es el dios verdadero y hasta ahora no podemos ponernos de acuerdo puesto que todos dan argumentos para que se considere a su dios como el único.

El arquetipo preguntó al hombre si se había considerado la posibilidad de que dios no exista. El hombre respondió que sí, pero que nadie había podido pensar en un argumento para demostrarlo, por lo cual se decidió por lo más fácil: usar los viejos razonamientos ya probados que demostraban la existencia de los dioses. El arquetipo se marchó del templo y siguió su camino.
Una vez en la plaza, el arquetipo arrastró un viejo cajón de madera que utilizó como podio y comenzó a pregonar con grandilocuencia:

- Escúchenme hijos e hijas mías, pues al hacerlo no estarán sino escuchándose a sí mismos, porque soy el arquetipo, soy todos y cada uno de ustedes. Hace mucho tiempo atrás, deje todo por amor a la humanidad y decidí leer todos los libros que se hubiesen escritos sobre la tierra. El objetivo de ese periplo era poseer todos los conocimientos del mundo, para así poder guiar a la humanidad en pos de la ventura perpetua. Hace poco he terminado mi tarea y ahora estoy listo para guiarles. He observado, mientras venía a esta plaza que padecen problemas que parecieran no tener solución, sin embargo, les digo que en verdad si las tienen. Sé cómo evitar las guerras, se también la cura a todas las enfermedades, conozco también todos los métodos para evitar la pobreza y el hambre y también puedo darles el argumento infalible que demuestra que los dioses no existen. Acérquense sin ningún temor hijos míos, puesto que hoy todo les será revelado.

Al principio nadie prestaba atención al arquetipo, pero algo más tarde llegó el leñador y su familia quienes se sentaron alrededor de él para hacerle algunas preguntas. Algunos curiosos que se acercaron, escucharon los consejos que recibía la familia de leñadores y se animaron a hacer sus propias preguntas. Conforme pasaron las horas, una gran multitud se había reunido alrededor del arquetipo en busca de respuestas para sus problemas.
Un sirviente de la corte que pasaba por ahí se acercó a escuchar y luego fue corriendo a palacio a avisar al rey sobre lo que sucedía. Más tarde, un espía de palacio se confundía entre la multitud para averiguar lo que sucedía. El espía volvió al cabo de una hora y dijo al monarca:

- ¡Oh, su alteza! ¡Antes de empezar a referir lo que vieron estos ojos, quiero encomendarme en las manos de nuestro amado dios, salvador y tirano, para que en caso de que yo dijese algo que faltase a la verdad, de inmediato Él mandase uno de sus sagrados rayos para desintegrarme por engañar a su representante sobre la tierra, es decir, Usted su grandeza. Aquel hombre que predica en la plaza dice no tener nombre, pues dice ser todos los hombres al mismo tiempo. Dice también haber leído todos los libros existentes en el orbe, lo cual le permite saber todo sobre este mundo. Ahora, en medio de la plaza, está contestando a todas las preguntas que le hace la plebe ignorante. Dice también que espera poder hablar con Usted, su Majestad, porque dice tener algunas recomendaciones que le servirán para su gobierno.
Una vez terminado el informe del espía, el rey mandó a que se le ejecutase, pues no quería que nadie en la corte se enterase que mandaba a espiar los asuntos de la plebe. Luego estuvo largo rato pensando en que hacer y llamó a reunión a sus consejeros.
Después de algunas horas de reunión a puerta cerrada, se envió a un mensajero oficial en búsqueda de el arquetipo que seguía en la plaza rodeado de mucha más gente.
El mensajero se abrió paso entre la multitud profiriendo bravatas y llegó hasta la presencia del arquetipo, anunciándole que su majestad había ordenado que le acompañe inmediatamente a palacio. El arquetipo siguió al mensajero a palacio, prometiendo a la multitud que volvería pronto.
El rey recibió al arquetipo con el mismo boato y fanfarria con los que eran recibidos otros reyes extranjeros en la corte. Sentado en su trono, rodeado de los nobles y los consejeros, se puso a dialogar con el arquetipo durante horas, preguntándole sobre política, comercio, guerra, artes y sobre todo asunto que conviene a un monarca conocer.
Pasaron las horas y el rey seguía haciendo preguntas, pero arquetipo se sintió muy cansado y dio un bostezo. Pidió al rey que le dejase dormir por algunas horas, porque había leído que la falta de sueño podía ser perjudicial para la salud del cuerpo y la mente. El rey mandó entonces a preparar la mejor habitación de palacio y le dijo que descansara y se alimentase lo mejor que pudiese, puesto que desde aquel momento lo nombraba su principal consejero. Arquetipo agradeció el gesto del monarca y se retiró a sus habitaciones, unos minutos más tarde dormía profundamente.
Aquella noche, el rey mandó a asesinar a arquetipo mientras dormía. Por la mañana, ordeno quemar todos los libros del reino y ejecutar a todos aquellos que hubiesen recibido consejos de arquetipo. En medio de la plaza, se encendió una gran hoguera cuyas llamas parecían lamer el cielo.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA PERSISTENCIA DEL OLVIDO



Breve biografía de Paula Seistells

Desde su infancia,Paula mostró inclinación por las letras. Con tan sólo cuatro años aprendió a leer, impulsada por su deseo de poder descifrar aquellos símbolos que contenían las historias que sus padres leían y que ella escuchaba con solazamiento. De esta manera, la pequeña niña pronto leía por su cuenta y se convirtió en una lectora insaciable,leyendo todo lo que tuviese a su alcance.
Sus padres, amantes de la literatura clásica, fomentaron su intéres por la lectura. De esta manera, Paula tuvo contacto desde temprano con clásicos como Dovstoyevsky o Stendhal.
El aprendizaje de diferentes idiomas – Paula fue políglota - le permitió leer a muchos autores en su propia lengua, aunque ella prefirió las lecturas en inglés y español – la madre era irlandesa y el padre español.
De acuerdo a algunos de sus biógrafos, Paula escribió “el jardín finito”, primera historia corta que se le atribuye, con tan solo ocho años, luego de haber terminado la lectura de Gargantua y Pantagruel de Rabelais.
Otros estudios,sugieren que la atribución de esta obra es errónea por dos motivos: el abuso de los latinazgos (Paula utilizó con moderación el latín a lo largo de su obra) y porque lejos de contener una retórica elegante, se utiliza una jerigonza arcaizante, impropia del estilo moderno y puntual que caracterizaría su obra. De esta manera, estos críticos (a los cuales llamaremos escuela de Lausanne) consideran que la primera obra de Paula fue en realidad “Las tentaciones de Bronislaw” (otra obra atribuida) por las características en su composición, sintáxis y pensamiento social y político. Esta obra, concluyen estos académicos, habría sido escrita a sus 10 años y se percibiría la influencia de Voltaire por su estilo desenfadado y sarcástico.
Empero, esta breve reseña, adelantándose a la futura publicación de un estudio más riguroso realizado en el marco del bicentenario del decimoctavo onomástico de la excelsa autora, pretende desmarcarse de ambas tendencias y presentar al público los hallazgos recientes de un estudio interdisciplinar de los más importantes académicos expertos en la literatura paulista.
De esta forma, este importante estudio sugiere que se considere a “Huelga en el hormiguero” como el primer trabajo de la genial autora, obra que en la actualidad se halla desatinadamente atribuida a un oscuro y mediocre escribidor – que no escritor – trasandino de quién se dice que tenía por costumbre robar ideas -cuando no escritos- a otros autores.
La citada obra,“Huelga en el hormiguero”, desde un enfoque antropomórfico –animista, es claro ejemplo de la influencia Goethiana y Huguiana de la autora (No olvidemos que Paula escribió un análisis crítico de“Los miserables” para una revista literaria francesa), así como su admiración por el simbolismo, sin fomar parte de este movimiento que...(continua en la página 57)

I

Paula mece las piernas debajo de la mesa, aquél movimiento siempre le ayudaba a relajarse para que la inspiración regrese, pero los últimos tres días nada parecía lograr que vuelva a escribir.
El cesto de la basura estaba lleno de papeles arrugados con ideas que comenzó, pero que finalmente desechó por considerarlas triviales. La última hoja sobre el escritorio tenía escrita la frase “La quinta puerta” desde hace varias horas, pero desde entonces no había podido escribir una letra más.
Un tanto aburrida, tomó su silla y la colocó junto a la ventana. Había comenzado a llover hace ya varias horas, pero Paula estuvo tan ensimismada que no se había percatado de ello.
Durante la mañana, había recibido una carta de su editor que de manera cortés le pedía que entregase su nuevo manuscrito a final de mes,caso contrario, la publicación tendría que posponerse hasta el siguiente año. Ella sabía perfectamente que esto significaba en realidad que perdería el contrato de publicación que con tanto trabajo había conseguido.
Paula había publicado ya un par de obras, logrando ambas una recepción tibia entre los lectores, pero que le habían generado alguna simpatía entre los miembros del círculo de escritores y de los críticos literarios. Sin embargo, Paula no estaba conforme y consideraba que aún estaba lejos de producir su mejor obra, la cual le haría acreedora al respeto incondicional de lectores y críticos.
Su obsesión por obtener este reconocimiento en parte se debía a su padre, escritor de modesto éxito que había sido continuamente desairado por el círculo de escritores, quienes en distintas ocasiones le negaron la membresía. Este rechazo generó una obsesión en el padre de Paula quien hasta el último de sus días trató de escribir una obra que le abriese las puertas del hermético grupo de escritores.
Laobsesión de Paula no se reducía sólo al deseo de lograr reconocimiento sino que se fundaba en el profundo temor de quedar en el olvido. Desde niña, había quedado fascinada por aquellos escritos y sus autores que, pese a escribir en remotos tiempos,seguían siendo comentados. Ante sus ojos, aquello era un signo de inmortalidad, pues parecían que en aquél instante – mientras leía sus escritos- los escritores estaban sentados a su lado leyéndole al oido. La obsesión por alcanzar esta inmortalidad, a través de la palabra escrita, era entonces lo que le impulsaba a escribir incansablemente y buscar su obra maestra, como medio para escapar al tan aterrado olvido.
Paula,de nuevo sentada ante la hoja de papel, presentía que su obra más importtante estaba a punto de ser escrita, pero que se negaba a manifestarse por algún capricho de su musa. Era una sensación extraña, porque parecía que una idea estaba rondando su ser,buscando el momento idóneo para expresarse.
De súbito, todo empezó a encajar y un par de palabras pronunciadas casi en voz alta fueron las que iniciaron la escritura: su obra cumbre empezó a escribirse por si misma.

II

Cien años han pasado ya desde la muerte de Paula. Su obra es ya un clásico de las letras y ha sido transcrito a diferentes lenguas y leído por hombres y mujeres de todas las edades.
El conjunto de las obras de Paula empezó a merecer una creciente atención de los académicos, quienes la analizaron desde diferentes perspectivas.
Los estudios sobre su obra se ampliaron en los siguientes cincuenta años y pronto se formó una “sociedad paulisniana” cuyo objetivo era estudiar la obra de Paula desde diferentes disciplinas para lograr así un método de estudio autorreferencial. Los estudios actuales –decían sus fundadores- adolecían de un grave problema: habían sido hechos desde modelos explicativos ajenos a la obra paulista, por lo cual fracasaban al intentar explicarla en su magnitud. Por eso-añadian estos conspicuos personajes- a partir de ese momento toda nueva explicación sobre la obra paulista tendría que hacerse con el único referente de los propios escritos paulistas.
De esta manera, en los siguientes ciento treinta y nueve años –tiempo que duró la sociedad antes de que uno de sus ilustres miembros desfalcara sus arcas- se publicaron miles de doctos tratados sobre las obras de Paula; algunos de ellos escritos con cierto tino,aunque la gran mayoría no eran sino sesudas y laberíntiscas interpretaciones que dejaban al lector más confuso, pero con la certidumbre de haber leído un docto tratado con contundentes verdades ontólogicas, halladas en algún oscuro capitulo – o incluso frase- de la obra paulista.
Al diluirse la sociedad paulisniana, surgieron diferentes “escuelas”de análisis de la obra de Paula. Coíncidiendo con el nacimiento de estas escuelas, se halló el diario de Paula que sirvió para impulsar nuevos estudios sobre su obra. Se empezó así a relacionar sus experiencias, gustos, anécdotas y vida sentimental (en el diario se desarrollaban los tórridos romancesde Paula) como directo influjo sobre la obra, aunque algunas tendencias dentro de las propias escuelas negaban rotundamente la posibilidad de una relación causa –efecto entre lo psicológico y lo escrito. Aquellas voces disidentes arguían que la obra de Paula era reflejo de la realidad social,política, economica y cultural de la época e intentaban disminuirla trascendencia de lo individual sobre la obra, etiquetándola como“una variable más”. Éste sería el primer antecedente de lo que vendría.

III

Pasaron los años y los estudios sobre las obras de Paula, en especial sobre el diario, se intensificaron hasta hacerse incluso minuciosos estudios de los borrones y tachaduras: los eruditos estaban convencidos de que estos habían sido hechos adrede por Paula, quien habría querido transmitir más de lo percibido a simple vista.
La búsqueda de esas “significaciones intrínsecas” en el diario de Paula (más tarde rebautizadas por el autor que acuñó el término como “axiomas tautológícos”) generó que dentro de una de las escuelas paulistas surgiese una tendencia que consideraba el diario como un manuscríto esotérico, en el cual estaban codificados una serie de principios trascendentales que podrían obtenerse a partir de la combinación y ordenación de todas las letras contenidas en el diario.
No es de extrañar entonces el revuelo que causó años más tarde el tratado del doctor Jerominias Bosckyj: “Paula ex machina: la restauración del Estado de bienestar desde la doctrina del sistema reto-praxis” donde se aseveraba que el diario, asi como algunas de las obras “juveniles” de Paula no eran de su autoría. El ilustrísimo doctor fue excomulgado de los círculos academicos paulistas y se le prohibió enseñar en el sistema educativo.
Tendrían que pasar muchos años antes que nuevos estudiosos paulistas retomasen las conclusiones del malogrado doctor para demostrar –esta vez de manera contundente – que al menos cinco escritos de la“etapa germinal” del conjunto de la obra paulista habían sido atribuidos erróneamente. Aquellos estudios, sin embargo, no tuvieron el mismo éxito para demostrar la aprocrificidad del diario de Paula,por lo cual los siguientes estudios realizados se enfocaron ante todo a reivindicar la imagen de Bosckyj, cuya obra habría sido el punto de quiebre entre los estudios paulistas tradicionales y los contemporáneos. Éste sería el segundo antecedente de lo que vendría.

IV

Los estudios de Paula eran para aquel entonces tan numerosos que pronto no quedó palabra, coma o punto sobre el cual no se hubiese escrito algún tratado. De esta manera, las nuevas interpretaciones sobre la obra de Paula comenzaron a buscar aquellos aspectos que la autora no había mencionado. Éste sería el último antecedente,
Con el correr de los años, los estudios sobre la obra de Paula la mencionaban cada vez menos y sólo eran autorreferenciales: los eruditos analizaban los tratados de sus adversarios y publicaban sendos estudios donde los refutaban.
Pronto, esto se volvió la norma más que la excepción y los sabios paulistas olvidaron por completo cual era su objeto de estudio inicial. Con los años, la obra de Paula fue completamente olvidada.
Pero detengámonos en este punto, dejemos a los eruditos en sus doctas elucubraciones y volvamos a aquel preciso instante donde Paula se encuentra sentada escribiendo su obra cumbre.
Sentada y balanceando las piernas, Paula escribe con inusitado brio, pues sabe que algo grandioso está ocurriendo en ese preciso instante. Sabe también que está a punto de alcanzar su deseo más anhelado:escapar del olvido.
Sin embargo, mientras Paula escribe, convencida que ha ganado la pulseta al olvido, a su lado yace sentado el Olvido, invisible para sus ojos mortales. El Olvido, susurrándole palabras al oído o bien tomando la mano de Paula, ha decidido entretenerse con esta mortal y sus ansias de inmortalidad. Paula,sin percatarse de la presencia de esta entidad celeste, redacta la última frase de su obra, ignorando que está siendo escrita para ser olvidada.