lunes, 15 de diciembre de 2014

Manuscritos de un explorador: los gigantes enanos



 -Dedicado a mi  amiga Paola V.-

Blemias, descrito por Plinio el viejo
Nota del editor
Como cualquier otro espacio, la academia suele ser un lugar donde ocurren iniquidades y vilezas. De esta manera, grandes sabios han sido silenciados solamente por haber contravenido ciertas reglas establecidas por la academia de manera arbitraria.
Uno de estos casos paradigmáticos es la del explorador, historiador  y antropólogo colombiano – polaco Phineas Poniatowski – Agandurú cuya obra ha sido denostada hasta nuestros días. Este sabio recorrió tres continentes a fines del siglo XIX y principios del XX para investigar sobre poblaciones no - humanas que las ciencias sociales habían decidido ignorar. Su atenta e inquisitiva mirada científica se tradujo en cientos de manuscritos que quedaron sin publicar, puesto que recibió el veto de diversas editoriales. Poniatowski – Agandurú murió sin ver publicada ni siquiera una mínima parte de su obra, la cual incluso corrió peligro de desaparecer luego de un incendio en el sótano de uno de sus descendientes, donde se encontraban los manuscritos.
Como compromiso ético y científico hemos decidido hacer publica su obra en fascículos semanales, dirigida tanto al público especialista como al que no. De la misma forma, esperamos que la publicación encienda en interés sobre aquellas sociedades que hasta el día de hoy persistimos en ignorar, pese a estar conviviendo y compartiendo los mismos espacios.
                                                                                                - Montreal, marzo de 1979-

Los gigantes enanos

En el lado oriental del volcán Pichincha en Quito, república del Ecuador, se encuentra el pueblo de gigantes enanos. Esta sociedad lleva ya casi cuatro siglos en la zona y, pese a su cercanía con la ciudad, raramente se mezclan con otros pobladores, prefiriendo el aislamiento en su comunidad.
Pero antes de hablar sobre este pueblo es necesario que haga mencione brevemente cómo llegaron estos gigantes a la zona. Como sabrá el lector, los gigantes son una raza que abunda en Europa, pero no en América donde llegaron por motivos migratorios. Los antepasados de los gigantes enanos son los gigantes Lonneck del norte de Irlanda. Estos colosos fueron conocidos por ser los más altos entre la diversidad de razas que pueblan el mundo, llegando a alcanzar fácilmente los 30 metros en la etapa de madurez sexual. Los Lonneck, sin embargo, tenían un problema congénito: la distancia de la cabeza en relación al corazón.
En efecto, el corazón de los Lonneck no era de mayor tamaño al de cualquier ser humano promedio, pero además se encontraba a una distancia considerable de la cabeza. Esto significaba un gran problema a la hora de que el corazón bombee sangre hacia el cerebro, lo cual hacía que haya una gran mortalidad entre los Lonneck y que éstos apenas vivieran una media de 150 años; promedio bajo para una raza de gigantes, si consideramos que otros pueblos viven alrededor de 500 años.
Sin embargo, la naturaleza es sabia y con el tiempo los Lonneck fueron adaptando su cuerpo y su tamaño se redujo, aunque otro problema pronto se les presentaría. En efecto, alrededor de 1690 nacieron varios niños con deformidades, sin alguna extremidad o incluso con dos cabezas compartiendo un solo tronco. Los siguientes años fueron bastante difíciles para los Lonneck pues entre todas las mutaciones de los lactantes, una prevalecía sobre las demás: niños con la cabeza dentro del tórax. En la medida en que nacían nuevos infantes surgió otro problema: los recién nacidos apenas alcanzaban el metro al nacer y en la edad adulta no llegaban a medir mas de dos metros.
Como es de suponer, hubo toda una discusión sobre que hacer con los infantes “deformes” y surgieron voces que pedían su ejecución inmediata, mientras que otros pedían que se les reconozca como miembros de los Lonneck. El debate duro años, tiempo suficiente para que los gigantes enanos tuviesen tiempo para alcanzar la madurez y decidiesen así emigrar hacia tierras menos hostiles. De esa forma, cientos de gigantes enanos emigraron hacia las costas americanas para luego afincarse en Quito, allá por 1790 aproximadamente. Entre tanto, con el pasar de los años la orgullosa raza de los Lonneck terminaría extinguiéndose, falleciendo el último de ellos a mediados del siglo XVIII.
 Los primeros gigantes enanos en emigrar a América lo hicieron en barcos mercantes de Europa. Se dice que los capitanes alababan el trabajo de los gigantes enanos, quienes laboraban sin chistar casi todo el día, necesitando solo de un par de horas de sueño y escasa alimentación.
No hay registro sobre los motivos de su asentamiento cerca de Quito, aunque ellos mismos especulan  que se debió al halagüeño clima de la región. La primera generación de los gigantes enanos trataron de convivir con la población quiteña, pero debido a los constantes conflictos bélicos en los que estaba sumido el país, al poco tiempo decidirían abandonar la ciudad e irse hacia las alturas.
La nación de los gigantes enanos contemporánea está entregada al estudio y la contemplación de la naturaleza. La educación es uno de los pilares de esta sociedad y ésta se imparte en el seno familiar a partir de los tres años.
Puesto que la población de gigantes enanos se dedica a filosofar durante casi todo el día, poco o nada de tiempo les queda para los trabajos manuales, especialmente los agrícolas. De esta manera, utilizando sus conocimientos de mecánica, inventaron una serie de artefactos mecánicos que les suplen en la mayoría de sus labores, aunque eventualmente contratan a gente de comunidades aledañas para hacer trabajos puntuales.
Los gigantes enanos se mantienen ocupados en discusiones sobre filosofía y ciencias sociales. Sus debates suelen ser acalorados aunque se realizan siempre observando las reglas de convivencia mínimas. Estos debates, sin embargo, no siempre son del todo fructíferos debido a la sordera congénita que padecen los gigantes enanos, pues al tener la cabeza dentro del tórax no tienen los canales auditivos muy desarrollados.
Los gigantes enanos adoran la lectura y son coleccionistas compulsivos de libros. Tuve la oportunidad de visitar varias bibliotecas particulares durante mi estadía con ellos y me sorprendió gratamente encontrar una gran cantidad de obras de las cuales se especulaba que ya no existía copia alguna.
Otra de las actividades de este pueblo es la escritura. Siendo una sociedad que da un rol primordial a la educación, no es de extrañar que los gigantes enanos sean muy cultos, lo cual les facilita el noble arte de la escritura. De esta manera, semanalmente se publican varias obras que van desde temas como la astronomía hasta la psicología. Sin embargo, en la mayoría de los casos estas obran quedan sin lector alguno, puesto que los gigantes enanos no suelen leerse entre ellos pues la soberbia les impide aceptar que pueden aprender algo de sus congéneres.
Esto se refleja también en sus formas de gobierno que se caracterizan por la ausencia de líderes. Debo advertir al cándido lector que la falta de líderes de ninguna manera significa que los gigantes enanos hayan abrazado esas peligrosas ideologías de izquierda que pululan la academia en nuestros días, sino al contrario: difícilmente pueden ponerse de acuerdo para ocupar un cargo rector porque todos se consideran más idóneos que el otro para ocupar el puesto.
Lejos en el tiempo parece cualquier relación de los gigantes enanos con sus antepasados, los Lonneck. Sin embargo, ya sea que la consideremos paradojas de la naturaleza o simplemente consecuencias no esperadas de la evolución, lo cierto es que este pueblo tiene una notoria desventaja de cualquier otra raza de gigantes: son incapaces de amar y, en general, de expresar cualquier tipo de emoción.
Al tener la cabeza en el pecho, el cerebro esta tan cerca del corazón que termina gobernándolo, suprimiendo así cualquier tipo de emoción en los gigantes enanos. De esta manera, no importará cuanta pasión pueda tener un verso, pues los gigantes enanos simplemente harán una mueca de incomprensión y se encogerán de hombros mientras observan al poeta con sus inexpresivos ojos.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Enciclopedia de animales fantásticos: Vicuña gigante


En los andes bolivianos, testigos eternos de tantas iniquidades, se encuentra un fabuloso
animal: la Vicugna Primum, conocida comúnmente como vicuña gigante de pelo dorado.
Este apacible animal puede fácilmente llegar a medir hasta 8 metros de altura y pesar alrededor de 1900 Kg. Por lo general son animales tímidos pero si se sienten amenazados pueden portarse agresivos y dar dentelladas que fácilmente trituran rocas. Por ello, aconsejamos a todo visitante que observe a estos fabulosos animales desde una distancia prudente.
Estos animales alcanzan velocidades de hasta 250 Km por hora y tienen gran flexibilidad debido a sus largas patas. El visitante seguramente caerá en cuenta que una Vicuña está corriendo pues el piso retumbará con tan solo un ligero galope.
Su lana es altamente codiciada por todo buen conocedor de alta costura, debido ante todo a una peculiar característica: cambia de color con tan solo frotarla. Esta particularidad ha provocado que los cazadores furtivos casi hayan aniquilado a este fascinante animal, hasta el punto de que ahora es una afortunada casualidad encontrar a uno de estos camélidos en su medio natural. El sabio explorador español Baltazar Mérida en su libro “Guía natural de las Américas” de 1820, contabilizó una población fácilmente mayor a 20 mil auquénidos. Para estos días, se cree que apenas viven 500 especímenes y menos de 50 en cautiverio.
Pese a su colosal tamaño, la vicuña gigante necesita reducidas cantidades de alimento y agua. Estudios recientes indican que esta habilidad se debe a una adaptación de este animal al páramo, a cuyas penosas condiciones ha sabido habituarse a lo largo de los siglos.
A diferencia de la mayoría de los animales, la Vicuña gigante es capaz de ver en colores. Los expertos aún no se ponen de acuerdo sobre esta habilidad, puesto que la puna no es precisamente un lugar que ofrezca una diversa gama de colores que exijan al noble bruto a usar este don. El naturalista austriaco Pofreck Richiden argumenta que esta habilidad compensa de alguna manera la miopía congénita de estos animales.
Quizás una de las más controvertidas teorías sobre la facultad de la Vicuña gigante es la del antropólogo y biólogo canadiense Joshua Flagg quien, luego de varios años recogiendo testimonios entre los aborígenes, propuso que la vicuña gigante puede ver en colores porque eso le permite ver pasado, presente y futuro al mismo tiempo. Algunos de los testimonios recogidos por Flagg indican que los autóctonos usualmente consultan con el animal antes de emprender cualquier tipo de transacción económica. También es usual que se le consulte en relación a asuntos sentimentales y también aquellas cuestiones que atañen a la comunidad. De hecho, las comunidades autóctonas suelen tomar a este animal como sagrado, rindiéndole pleitesía anualmente cada 13 de marzo.
Flagg, tras perder su rigurosidad y objetividad como científico, aseguró en artículos publicados en diversas gacetas que él  personalmente consultó al animal en reiteradas oportunidades sobre su futuro y sus vidas pasadas, las cuáles – según él – se remontaban al menos hasta el siglo XIII. Aseguraba también que las Vicuñas gigantes solían reunirse al anochecer para observar todas al unísono el cielo estrellado, mientras resolvían acertijos astronómicos mediante intrincadas formulaciones matemáticas, lo cual les habría permitido medir con un margen de error de 3% el tamaño del universo.
Pese a las disparatadas historias de Flagg que podemos atribuir a una compulsión por el embuste y a la perniciosa influencia del aborigen, la obligación ética y científica de quien redacta estas líneas se impone para refutar por completo las trápalas de Flagg.
Tras casi ocho meses de atenta observación a estos fabulosos animales, he podido observar todo menos cualquier de las aptitudes descritas por Flagg y sostenida insistentemente por los indígenas. Que no le quede duda al lector que la Vicugna Primum está menos interesada en la adivinación o en el resolver complejos problemas astronómicos que en rumiar tranquilamente durante todo el día.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Manual de bolsillo de magia negra: pócima para destruir pasiones


“Here I am, pretending everything’s alright…

Here I am, bored with everything…

And I love you more that I can say

But I hate you every other way”

-       Devin Townsed-

- Dedicado a Marleny-

Claude Monet - Mujer con sombrilla (1871)
La pócima que voy a presentar es quizás una de las que más controversia ha generado desde su invención en el siglo XV. Se dice que una primera fórmula fue creada en Pendle Hill (Inglaterra) por el mago Shawn Blossard allá por el año 1430. Se sabe muy poco sobre esta fórmula primigenia y menos aún de su creador, salvo que fue primero desollado, luego colgado y finalmente incinerado por cargos de brujería y asociación con el demonio. Lo que si ha llegado hasta nuestros días son el relato de los efectos de esta pócima: cientos de hombres y mujeres lanzándose al vacío desde un acantilado.
El mago e historiador italiano Gennaro Gemmini en su obra “Historia secreta de la magia” publicada en 1979, hace quizás la más completa crónica de los incidentes con esta pócima a través del tiempo. El autor menciona, por ejemplo, el experimento del brujo Jacques Terriere que en 1870 contaminó el agua potable de París con la pócima, ocasionando que casi toda la población francesa cayese en una indiferencia total sobre el mundo. Tuvieron que reunirse varios magos para poder solucionar tamaño desaguisado y se dice que las secuelas de este hecho aun persisten en nuestros días. En todo caso, recomiendo al lector una revisión concienzuda de la obra de Gemmini antes de decidir si va a preparar este bebedizo.
¿Pero es ético entonces enseñar y preparar esta pócima? En un anterior trabajo mío titulado “Ética y magia: ontología de dos disciplinas” desarrollo a profundidad cuando la preparación de una pócima es éticamente recomendable: por razones terapéuticas. Sin embargo, es recomendable contar con la aprobación del paciente y haber agotado otras opciones antes de administrar la fórmula.
Antes de explicar cómo preparar el brebaje, se hace necesario que indique algunos casos de pacientes a quienes di la pócima. Reseñar estos casos tiene como objetivo dar pautas al estudiante para discernir cuando es conveniente utilizar este brebaje en un paciente. En todo caso, estos son solo ejemplos para ilustrar y no son protocolos, porque evidentemente cada caso es particular y el estudiante deberá decidir finalmente si prepara o no el brebaje.
Los tres casos que presento a continuación son pacientes que tuve entre 1979 y 1992 cuyas consultas fueron grabadas en cintas magnetofónicas con su consentimiento. Transcribo fragmentos de estas conversaciones que me parecen claves para entender el problema. No mencionaré ningún nombre para proteger la identidad de mis pacientes.

Paciente 1

- Cuando amo, amo sin límites. No creo en barreras para el amor.
- ¿Pero a quien ama usted? ¿Hay alguien de quien esté enamorado ahora?
- ¿Es eso realmente importante? Hoy quizás ame a la moza que vive en la casa contigua. Quizás mañana me enamore de una mujer a la cual solo veré unos segundos, mientras cruzó una calle. O quizás sueñe con una joven cuyo rostro olvidaré al despertar, pero aún así conservaré la sensación de haberme enamorado perdidamente ¿Es realmente importante amar a alguien concreto? Amar es lo que me tiene vivo, lo que hace que pueda continuar en este sinsentido que llamamos vida.

Cuando comencé a tratar al Paciente 1 manifestó tener una pasión desmedida por el amor, aunque no por alguien concreto, sino por el amor mismo. Si tuviéramos que resumir en una frase el cuadro de síntomas tendríamos que decir que este hombre ama amar. Este paciente fue asiduo a mi consulta por casi 10 años, pues se enamoraba continuamente de una nueva mujer. Sin embargo, esta situación cambio, como mostraré más adelante. Veamos ahora el segundo caso:

Paciente 2

- ¿Cómo puedo explicarle? ¡Amo la música, la amo de verdad. Me llega al alma! Las notas musicales activan algo en mí y entro en éxtasis. ¿Ha escuchado el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven? Quizás no. Cada vez que la oigo se me estremece algo adentro, muy adentro, algo que no podría expresar con palabras.
La música está en todo: en los árboles, en el viento, en el vuelo de un pájaro, basta prestar atención para darse cuenta que la música es inherente en todo. La vida es música.

El paciente 2 presenta claramente una pasión desmedida por la música. Es un caso extremo de melomanía. Debo admitir que en mis casi tres siglos como profesional de la magia este ha sido el caso más singular que tuve. El lector entenderá más adelante el porqué.

Paciente 3

- Mi pasión por la lectura se inició cuando era niño. Leía todo lo que caía en mis manos. De alguna manera, era una forma de evadirme de la realidad. Con los años mi pasión por leer se ha intensificado y me gusta leer casi todo, pero en especial historia medieval y literatura. Uno de mis escritores favoritos es Stendhal ¿Lo ha leído? Usualmente trato de terminar de terminar una novela el mismo día que la empiezo, pues no me gusta dejar algo a medias. Debo terminarla porque luego no puedo dejar de pensar en cómo continua la historia.

El caso del paciente 3 caso es bastante común. Estoy seguro que el estudiante se encontrará en algún momento  con casos similares como este, por ello decidí incluirlo aquí.
Seguramente el lector se preguntará porqué estos casos pueden justificar preparar la pócima contra las pasiones. Al fin y al cabo, una pasión es lo más normal en este mundo y todos las tenemos en diferentes grados y las proyectamos a objetos concretos. Aquí precisamente buscaré dar los argumentos para que quede claro cuando una pasión puede volverse peligrosa para aquel que la tenga. Mostré intencionadamente solo la parte donde se especifican las pasiones mas no sus consecuencias. Presentaré a continuación los efectos para cada caso.

Paciente 1

- Vengo a su consulta porque estoy desesperado. Hace un año conocí a una mujer de la cual me enamoré perdidamente, pero ella engaño con un tipo…. No pude perdonarla… Entiéndame, suena ridículo pero por más que la amaba no podía perdonarla. Me mintió y me utilizó. Finalmente ella salió de mi vida y no la volví a ver desde entonces. La busqué aunque no sé muy bien con que objetivo. Me dijeron que se había marchado del país e intenté vanamente saber donde se había ido por varios meses. Finalmente lo supe, pero era en vano ¿sabe? No hice nada, el dolor que sentía por su ausencia no era tan grande cómo el de su engaño.
A veces creo verla en el rostro de alguna mujer que pasa por mi lado y ahora he empezado a buscarla en todos esos rostros sin éxito. Desde entonces, creo estar enloqueciendo día a día. Es como tener ascuas en el alma, uno se va consumiendo poco a poco. Tengo un infierno dentro, muy dentro. Y esa sensación se me ha hecho tan familiar últimamente que casi estoy llegando a acostumbrarme a ella.

Como recordará el lector, el Paciente 1 comenzó con una pasión por el amor. En general, no representaba mayores problemas para su desenvolvimiento diario, pues no fijaba su amor en alguien, sino en el mismo sentimiento de amar. Sin embargo, el paciente se apasionó por una persona concreta lo cual empeoró su condición. Al verse engañado, este apasionamiento llevó al paciente a entrar en una especie de limbo sensorial que estaba destruyéndolo.

Paciente 2

-       Hace una semana tuve este sueño extraño donde me encontraba caminando en una pradera. El lugar era perturbador porque no había sonido alguno, ni el más mínimo ruido. Grité y grité con todas mis fuerzas hasta que mis cuerdas colapsaron, pero todo fue en van porque ni siquiera podía oírme a mi mismo. Determinado a salir de aquel lugar comencé a caminar a través de aquel mutismo infinito. El lugar era bellísimo, créame, pero aquel silencio era lacerante. No puedo decir cuanto tiempo estuve vagando sin un rumbo determinado. He escuchado que el tiempo en los sueños es relativo, que una eternidad puede estar contenida en un segundo de sueño. En todo caso, estaba preocupado porque caminaba por aquella pradera, vigilado por grandes y pequeños animales desconocidos que no emitían el menor ruido y que solo me observaban con sus ojos muertos, como si estuviesen juzgándome por algo.
Al cabo de algún tiempo llegué a un desfiladero que estaba totalmente yermo y decidí caminar a través de este. Mi corazón estaba sobrecogido porque de alguna manera ese lugar era aún más silencioso. En algún momento incluso perdí la conciencia de mi existencia, pero mis pasos eran firmes pues había algo que me impulsaba a seguir caminando.
Llegó tan de repente que no estaba preparado. Tras mis pasos comenzaron a brotar en aquel árido suelo unas pequeñas flores color blanco que al abrirse dejaban escapar unos suaves sonidos. Al cabo de un rato habían tantas que el murmullo era ensordecedor. De repente, todas aquellas flores callaron por un instante y yo quede en el centro de toda esa vegetación profundamente intrigado. No podría decir cuanto tiempo duro ese silencio, lo que si recuerdo – y es algo que ya jamás podré olvidar – es que aquellas flores comenzaron a cantar la más bella melodía que cualquier oído humano ha tenido la oportunidad de escuchar. Yo estaba extasiado y por un momento me vi transportado, mi cuerpo era música y atravesé todo el cosmos, sintiendo su música interna, convirtiéndome en parte de ella.
-       Esa es una bonita experiencia. Un lindo sueño, si me permite decirlo. Pero aún no entiendo cual es el problema.
-       ¿El problema? Si, el problema, claro. El problema es que cuando desperté de aquel sueño aquella formidable melodía fue dispersándose de mi mente al mismo tiempo que mi somnolencia y, pese a todos los esfuerzos que hice, terminé olvidándola por completo. Desde entonces he hecho todo lo posible por recordarla, he probado con hipnosis, con diferentes psicotrópicos e incluso hice terapias para controlar mis sueños. Todo ha sido en vano, no puedo recordar aquella tonada. Desde ese día he estado intentando recordarla con todos los medios posibles. Comencé a escuchar música de todos los países, tratando de hallar al menos un indicio que me lleve a recordar algo. He aprendido también a tocar varios instrumentos intentando hallar al menos una pequeña pista. Todo ha sido en vano hasta ahora. ¡Mucha gente cree que estoy loco! Me han dicho algo sobre tener una obsesión. Me he quedado solo… quiero hacer algo y hallar una solución.

Quizás al lector le parezca ahora más claro el porqué afirmé que este caso fue uno de los más insólitos que me tocó atender en todos mis años de carrera. Para cuando administré la primera dosis de pócima a este paciente, él había dejado de escuchar por completo cualquier tipo de música y desarrolló una sordera que le duró por casi tres semanas. También tenía problemas de insomnio y en general parecía que su salud mental iba a colapsar.
Veamos ahora el tercer caso.

Paciente 3

-        En los últimos meses me ha asaltado una abatimiento que va incrementándose a diario. Todo comenzó cuando terminé de leer los 15 tomos de “Historia de la vergüenza” del erudito español Simón de Castro. Conseguir su extensa y casi desconocida obra me había tomado bastante tiempo y una fuerte suma de dinero puesto que solo existen dos reediciones del original, la primera hecha en Inglaterra en 1840 por la editorial Borgenum y la segunda editada en España en 1920, con un prólogo del filólogo boliviano Edson Sand. Por supuesto, hice mis mayores esfuerzos para conseguir la edición de 1840, mucho más cercana al original cuyo primer tomo fue escrito en 1637.
Pues bien, ya con tan magna obra en mis manos, me lance para devorar cada uno de las 5000 páginas que tiene cada tomo y me tomó algunos meses leerme todo. No puedo describir el inmenso placer que sentí con su lectura y a medida en que me quedaban menos tomos y menos hojas para leer, una profunda desazón fue apoderándose de mi ser. Comencé a pensar en De Castro y que solo se le conoce esta obra publicada. Sin embargo, el propio autor hace referencia en su texto a otras obras suyas. Fue cuando me di cuenta de todo.
A mi cabeza vino esta idea fija de que nunca llegaría a leer todo lo escrito por De Castro y tampoco podría todo lo hecho por algunos de mis autores favoritos, cuyos manuscritos se perdieron o fueron destruidos por alguien o por ellos mismos. Pensemos en Kafka, por ejemplo, quien mandó a destruir varios de sus escritos. Si bien la mayoría de estos se conservaron, lo cierto es que varios se perdieron y nunca podremos saber de que se trataban.
A partir de pensar la imposibilidad de leer estos textos destruidos, de pronto vino hacia mi una angustia mucho mayor: jamás podría leer todo lo que se ha escrito, se escribe y se va a escribir. Píenselo, es muy sencillo. Hay miles y miles de libros publicados en diferentes idiomas, algunos que solo tienen una cantidad limitada de copias, otros libros que están resguardados porque su contenido puede ser peligroso para la persona común.
-       Como los libros de magia…
-       ¡Exacto! ¿Puede entenderlo ahora? Estoy seguro que usted conoce y ha leído libros de magia a los cuales yo jamás podría tener acceso. Usted mismo, estoy seguro que no puede acceder a todos los libros de magia.
-       En efecto, hay algunos que me están prohibidos porque…
-       ¡Eso es lo que digo precisamente! Estoy seguro que usted daría lo que fuese por leer esos libros, por hojear sus páginas con miles de secretos. Ahora póngase en mi lugar y me entenderá ¡Miles y miles de libros que jamás podría leer aunque quisiera, porque tendría que vivir al menos 5 vidas para hacerlo y aún así no lo conseguiría! ¡Cientos de nuevos libros se publican a diario! ¿Cómo podría enterarme de cuando hay un nuevo libro? ¡Y están todos esos libros secretos! ¡Aquellos a los que jamás tendré acceso! ¡Es por eso que estoy enloqueciendo, porque por más que lo intenté no podré leérmelo todo!

Como puede verse, la pasión de este paciente por le lectura fue convirtiéndose en un motivo de dolor y desesperación. Por varias semanas, el paciente estuvo insistentemente pidiendo que le enseñe mis libros de magia, a lo cual evidentemente me negué. Finalmente, entre ambos acordamos que iniciaríamos su tratamiento.
Tengo confianza en que los tres casos que reseñe servirán para que el estudiante pueda decidir en que momento debe sugerirse preparar la pócima para destruir pasiones. En todo caso, siempre es recomendable que el aprendiz pida consejo a su maestro para tomar una decisión final. Veamos ahora, el objeto de este capítulo: las instrucciones para preparar la pócima para destruir pasiones.
Los ingredientes son muy sencillos en verdad. Necesitará una base de miel de abeja que deberá mezclar con agua consagrada en misa negra.  La mezcla debe ser inversamente proporcional: por cada medida de miel corresponderá la mitad de agua. Una vez mezcladas agua y miel deberá embotellarse el líquido dentro de una botella de vidrio oscuro, debidamente tapada con un corcho. El siguiente paso es dejarla fermentar por al menos tres semanas. A mayor cantidad de fermentación, mayores los efectos de la pócima, así que recomendamos un tiempo de fermentación estándar: tres semanas a cuatro.
El proceso de fermentación es uno de los más importantes del conjuro, así que debe prestarse atención a las siguientes indicaciones. Deberá envolverse la botella en un paño de terciopelo rojo y guardarse luego en el rincón más oscuro de la casa durante el día. Al anochecer, el estudiante deberá colocar la botella en el alféizar de su habitación siempre a la misma hora y gritarle palabras soeces durante una hora. Al finalizar, besé la botella cerca del corcho y recite en voz baja el conjuro que hallará en la página 763 de este libro. A continuación envuelva la botella en el terciopelo y guárdela.
Al fermentar, el líquido se convertirá en una sustancia conocida como hidromiel que deberá utilizarse para mezclar los otros ingredientes. Vierta el hidromiel en un bol y eche 10 flores de amapola desmenuzadas y dos medidas de sangre de borrego negro. Encienda cuatro velas que deberán ser colocadas alrededor del bol, representando a los cuatro puntos cardinales, e invoque al demonio Balban durante tres noches. En la cuarta noche, escriba en un papel aquella pasión que se va a destruir y el nombre del afectado, envolviendo con el papel un mechón de pelo del afectado. Tanto en papel como el pelo deben ser mezclados en el hidromiel. En el quinto día haga nuevamente la invocación y tendrá lista la pócima.
Recomiendo al estudiante que dé las instrucciones para la dosis con suma claridad al paciente, además de hacer un acompañamiento constante mientras dure la curación, así evitará disgustos innecesarios. En los casos que mostré anteriormente, los pacientes 2 y 3 cumplieron al pie de la letra mis indicaciones, por lo cual al cabo de unas pocas semanas estaban casi totalmente restablecidos y pudieron desarrollar otras pasiones, aunque esta vez con mayor prudencia. El paciente 1 representó un problema. pues consumió mayores dosis de las que le indiqué y casi no apareció a los controles que habíamos programado. De esta manera, al cabo de un tiempo recibí una desagradable misiva suya que entre otras cosas tenia el fragmento que copio a continuación:

Al fin y al cabo, creo que la pócima ha hecho efecto sobre mí. Terminó por destruir esa pasión que me atosigaba, pero al poco tiempo noté que también lo estaba haciendo con mis otras pasiones y finalmente con mis emociones. No se realmente si debería alabarle u odiarle, porque ahora mismo ni siquiera tengo capacidad de enojarme con usted.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Exilio interior


¿Eres boliviano? – dijo la mujer y  me miraba mientras esperaba con ansiedad mi respuesta.
Salvador Dalí- La persistencia de la memoria (1931)
-       Si – contesté tímidamente
-       Lo supuse por tu acento ¿Eres de La Paz?
-       No, soy de Oruro, pero vivo en Santa Cruz.
-       ¡Santa Cruz! Bella ciudad, excepto por nosotros los collas que estamos invadiéndola.
No supe que decir, solo atiné a encogerme de hombros y seguí escuchando lo que me decía.
- ¿Qué haces aquí? ¿Trabajas?
-       Solo vine de vacaciones por unos cuantos días.
-       Yo vivo aquí casi 15 años. Lindo país, aquí se puede trabajar sin tanta huelga, ni protestas. Ya es hora de que alguien ponga orden en nuestro país. Extraño Cochabamba, pero ya me acostumbre a vivir aquí.

Al leer estas anotaciones en su diario, Julio recordó vagamente el rostro de la mujer y aquel día en la playa. Añoraba esos días y deseaba que volviesen. De repente el teléfono sonó y pensó que seguramente era la llamada que esperaba para poder escapar del país, antes de que la policía lo detuviese como a sus compañeros. Al poco rato, su hermana entró y le dijo que debía salir de inmediato. Le entregó un papel con las indicaciones que debía seguir para encontrarse con alguien que le ayudaría a comenzar su viaje.
Julio entró al cuarto de su madre. Ella estaba sentada sobre la cama. ¿Ya es hora? – preguntó. En silencio, se levantó para abrazar a Julio y rompió en llanto.
La hermana de Julio entró al poco rato, suavemente apartó a la madre de los brazos de Julio.
 – Debes irte ya, tienes que encontrarte con ese hombre a las nueve – dijo la hermana.
En el momento en que salía de la habitación el llanto de la madre se hizo más fuerte. Julio sentía que se le estremecía el alma.
Antes de salir a la calle se colocó una gorra y bajó la visera para cubrirse un poco el rostro. Pensó usar unas gafas oscuras pero consideró que con ello se vería sospechoso.  El día estaba soleado aunque algo frío. Calculó que caminando llegaría al lugar de la reunión en media hora si es que no tenía ningún retraso en el camino. Miró su reloj y eran las ocho, tenia tiempo suficiente.
Ya en la calle caminó sin demasiada prisa. Pensó que si caminaba con rapidez, alguien podría sospechar que estaba escapando. En las dos primeras cuadras no había gente así que eso le tranquilizó. Al llegar a la avenida vio que algunas tiendas estaban abiertas y pensó en comprar algo para comer. Desistió de su idea al pensar que ese podría ser un perfecto lugar para una celada.
Siguió caminado por unas cuantas cuadras más y de pronto quedó aterrorizado. Un camión militar pasó junto a su lado y se detuvo en la siguiente cuadra, frente a una casa. Varios militares saltaron del vehículo y se quedaron parados.
Julio no sabía que hacer. Quedó paralizado y pensó dar la vuelta para comenzar a correr, pero temió que le dispararán por la espalda. Tampoco servía quedarse parado ahí porque los militares pronto se acercarían. No le quedaba más opción que continuar caminando e intentar pasar desapercibido.

-       ¿Por qué dejaste Bolivia?
-       Por la dictadura de Barrientos, claro. Yo había comenzado la universidad y ahí conocí a un grupo de estudiantes que fueron mis mentores políticos. Al poco tiempo yo ya era muy activa en la organización. Pero llegó al dictadura y varios tuvimos que escapar del país.
-       ¿Estuviste presa?
-       No, salí del país justo a tiempo, cuando empezaron las detenciones. Estaban los escuadrones de la muerte ¿sabes? Varios de mis compañeros desaparecieron, otros fueron torturados. Irme del país fue una decisión difícil, pero cuando metieron presa a una de mis compañeras y no supimos de ella por casi una semana fue cuando tome mi decisión. Los padres de esta chica estaban desesperados pero nunca perdieron la esperanza de hallarla. Ella fue violada y quedó embarazada, nunca supe si tuvo o no al niño.
-       ¿Cuándo saliste de Bolivia viniste directo aquí?
-       No, estuve escondida en Uruguay por unos meses. Luego vine aquí, el lugar era tranquilo para vivir y decidí quedarme. Fue duro al principio porque luego de algún tiempo comencé a pensar sobre el motivo que me trajo aquí y estuve enfurecida conmigo misma. Pero bueno, ahora la cosa no esta tan mal en Bolivia.  De vez en cuando salen algunas noticias en el periódico, además hay aquí un comerciante que siempre viaja por allí y le pido que me traiga algunos diarios para estar algo informada. Pero claro, siempre los mismos problemas marchas, huelgas ¡Un caos! ¡Y todo sigue igual o peor aún! Es como decía ese escritor, Lampedusa creo que se llama, “cambiar todo para que nada cambie”. Eso es precisamente lo que sucede en ese país. En cambio aquí en este pueblecito todo es igual desde que llegué, por eso me gusta tanto estar aquí.

Tembloroso, Julio continuó caminando con la cabeza gacha hacia el camión militar. Al llegar a la esquina, uno de los militares lo vio y se acercó hacia él. – ¡Documentos! – gritó el militar. Julio se paró en seco y entró en pánico.
-       ¿Co..cómo?- dijo balbuceando
-       ¡Documentos dije! – gritó nuevamente el militar
Julio sacó temblando su identificación y se la dio al militar, quien se la arrebató y comenzó a observar la fotografía y a Julio.
-       ¿Qué llevas en la mochila? –
-       Ropa…solo llevo ropa.
-       ¡Ábrela y muéstrame!
Julio abrió lentamente la mochila y le mostró el interior al militar. Este comenzó a sacar las cosas y a botarlas a la calle.
-       ¡Así que solo ropa, carajo! ¿Qué es esto? – dijo mostrando el diario de Julio.
-       Es…un diario, mi diario.
-       ¡Así que este mariquita escribe un diario! – rugió.
Julio estaba paralizado, vio que otros dos militares también se aproximaban para ver que pasaba. De pronto, un golpe en el estómago le hizo caer de rodillas.
-       ¡A ver si con eso se te quita lo maricón! – gritó el militar y luego le dio una patada que hizo que Julio se desplomase por completo.
Julio se protegió el rostro instintivamente, pensó en que todo había acabado para él. De pronto sintió que lo sujetaban y lo levantaban. Eran los otros dos militares que lo tenían sujeto, mientras que el primer militar sostenía un revolver.
-       ¡Este país está jodido por gente como tú! ¿Hiciste al menos servicio militar?
-       Sí, hace dos años – contestó Julio con un hilo de voz mientras miraba que el militar seguía con el revolver en las manos. De pronto sintió otro golpe en el estómago.
-       ¡Carajo, pues se ve que no aprendiste nada porque no puedes aguantar ni un golpe!
Julio se sentía perdido. Pensaba que en cualquier momento le iban disparar y que moriría ahí mismo en la calle. El militar seguía hablando, pero no entendía nada. Solo un extraño zumbido en los oídos. Los otros dos hombres le seguían sosteniendo con fuerza.
De repente, desde el interior de la casa donde estaba parado el camión salió un grupo de militares que llevaban a un hombre retenido, tenía la cabeza encapuchada. Lo subieron rápidamente al camión y uno de los militares hizo señas a los que estaba con Julio. Al soltarle, Julio se desplomó al piso y no supo cuanto tiempo quedó tendido ahí.
Después de un rato, recuperó la conciencia y se puso en pie. Vio todas sus pertenecías tiradas en el piso, incluyendo su diario y la identificación. Guardó todo y siguió caminando. Faltaban 20 minutos para las nueve.Pese a que le faltaban unas cuantas cuadras, Julio sintió que cada paso que daba lo alejaba aún más de su destino. Camino sin mirar a nadie directo a la cara, por miedo a encontrarse a algún conocido que pudiese hacerle demorar más.
Llegó a las nueve en punto. Había un taxi estacionado, dentro un hombre que miró a Julio con detenimiento. Se subió al asiento trasero y dijo la frase pactada para que el hombre se diese cuenta quien era.
El hombre encendió el coche y se marcharon.

-       ¿Volviste a Bolivia en algún momento?
-       Si, regresé cuando mi padre falleció, hace cinco años. Estuve como un mes y luego regresé.
-       ¿Nunca pensaste en regresar a vivir en Bolivia?
-       No, es que esto del exilio ¿sabes? En realidad, es el hecho de vivir afuera, sea de manera forzada o por decisión propia, te cambia. Si, te cambia no solo físicamente, sino en el alma. Poco a poco vas perdiendo esos lazos que te unen con tu país, difícil de explicar. Todo se te va haciendo ajeno y en algún momento te das cuenta que eres un extraño en tu propia tierra.
-       Creo que yo no tendría ese problema. Por muchos años que estuviese afuera, volvería tarde o temprano a Bolivia.
-       Eso es fácil de decir, pero estar en el extranjero es algo que te cambia por completo. Yo te conté que regresé hace cinco años por lo de mi padre, pero no te dije cómo me sentí allá. Pese a que crecí en esa casa y que conocía todo el barrio como la palma de mi mano, cuando llegué me costó orientarme. El barrio cambio mucho en todo este tiempo, nuevas construcciones, nueva gente. Había una pequeña tienda en mi cuadra, al llegar no estaba allí y para mí fue como sentir que perdí una parte de mi niñez. ¿Qué te queda entonces? En mi caso refugiarme en mis fantasías, inventarme un mundo en el cual nunca dejé mi hogar.
Después de decir esto, la mujer quedó en silencio. Estaba ensimismada, mirando a la calle y parecía como si no se diese cuenta que yo estaba allí a su lado. Yo, incomodo por su prolongado silencio,  me despedí y salí. La mujer no dijo nada, creo que no escucho cuando me fui o quizás nunca se dio cuenta de mi presencia y tuvo una charla consigo misma.

Julio bajó del avión y tomó enseguida un taxi. El tráfico era terrible a esa hora, por lo cual se demoró más de lo que había previsto. El barrio estaba irreconocible, varios edificios estaban en lugares donde Julio recordaba que habían casas.
La casa de la madre estaba igual que siempre, aunque la habían pintado de un color diferente. Tocó el timbre y al poco rato salió una anciana que se quedó mirándolo en silencio. Julio tardó unos segundos en darse cuenta que era su madre. La abrazó y ambos comenzaron a llorar. Al poco rato salió su hermana que estaba irreconocible, ya era una mujer y no la adolescente que Julio recordaba. Ella traía en sus brazos a un niño que tendría como 8 meses.
-       Es tu sobrino Fabián, es el menor – dijo la hermana.
Julio miró con curiosidad al bebé. Le tomó una de las manitas y la besó.
-       Pasa, pasa. Estarás cansado y hambriento, te preparé tu platillo favorito – dijo la madre mientras tomaba una de las maletas de Julio.
-       Mamá, deja que yo meto las maletas – dijo Julio pero la madre ya estaba dentro.
Julio y la hermana entraron. Apenas pudo reconocer la casa por dentro, habían cambiado tantas cosas, aunque aún habían muchos objetos que permanecían ahí. Vio el viejo espejo heredado por la madre y se miró en el. Pese a que a diario se miraba para afeitarse, por unos segundos vio a un extraño en el reflejo, porque buscaba ver su imagen de juventud.
La madre les llamó para cenar. Julio se sentó en la mesa y comió poco. La madre y la hermana comenzaron a hacerle varias preguntas y le contaron sobre eventos y personas que Julio apenas recordaba. Sin embargo, Julio estaba sentado ahí, respondiendo como un autómata perdido en sus pensamientos. Cuando retornó a la realidad, se dio cuenta que estaba sentado frente a personas que desconocía.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Carta a mis muertos



La habitación azul - Pablo Picasso (1901)
Puede parecer extraño que les escriba esta carta, pues ni siquiera sabría como hacérselas llegar. Confio, y esto no es sino una conjetura, que quizás estén ustedes leyéndola mientras la escribo. Los imagino detrás mío – sin yo notarlo – observando cada una de las palabras que pongo en esta misiva.
El motivo de mi carta es sencillo, aunque a la vez muy complejo: quiero pedirles que me hablen.
Desde hace algunos meses ustedes me han visitado algunas noches. Al principio, su presencia fue casi imperceptible, pues solo les sentía rondando mi habitación. Yo, en aquel estado de letargo, muy similar a un coma, podía sentirles revoleteando cerca de mí e incluso en rozándome el rostro con delicadeza.
Debo reconocer que en aquél entonces su presencia no me molestaba, tan solo me sorprendía. Finalmente, debo reconocerlo, me terminé acostumbrando a que me visiten ciertas noches en las que el sueño tardaba en llegar. Incluso ya podía adivinar cuando iban a visitarme, pues entraba en un estado de agitación que se intensificaba a medida en que ustedes se iban acercando. Sin embargo, algo cambió en el último par de semanas y debo admitir que ahora he comenzado a sentir desconcierto.
Hace apenas unos días, su presencia comenzó a ser mucho más violenta. Después de entrar a ese estado de trance que ya conozco tan bien, pude verles con una claridad que no habían tenido nunca. No sé si estaban todos o solo uno de ustedes, pero al ver aquel vaho azulino flotando en frente mío no pude sino sentir pavor, el cual se intensificó cuando se precipitaron hacia mi pecho. Ustedes y yo sabemos cómo terminó aquello: de alguna manera mis manos respondieron y pude apartarlos cuando intentaban meterse dentro mío.
Al día siguiente, atemorizado por aquella experiencia, narré lo sucedido a algunos de mis amigos y ellos me hicieron caer en cuenta de algo: que ustedes son mis muertos. Por ello, me aconsejaron que la siguiente vez intente conversar con ustedes, para saber quienes son, porqué están aquí y qué es lo que quieren.
Ayer por la noche ustedes volvieron y me asustaron nuevamente. Sentí que uno de ustedes me sujetó fuertemente por el pecho e intentaba - sin éxito porque me resistí- elevar mi cuerpo del lecho. Luego logré articular algunas palabras, lo recuerdo perfectamente, pero dado mi estado de inconsciencia de mi garganta solo pudo oírse un horrible estertor que preguntaba ¿Quiénes son? ¿Qué quieren de mí? Y luego ustedes desaparecieron sin decir nada. Fue entonces que mi cuerpo despertó y estaba solo en mi habitación, sintiendo que el pavor se apoderaba de mi cuerpo.
No sé cuando decidan volver. Quizás esta noche, quizás nunca, aunque eso es lo que menos importa ahora.  Yo solo espero que la siguiente vez que ustedes decidan visitarme en mi letargo se dignen a hablar conmigo. Después de todo, ya sea con vivos o muertos, el silencio puede ser el lugar más frio que existe.

lunes, 4 de agosto de 2014

Diario de un septuagenario


Vincent Van Gogh - Anciano afligido (1890)
En el pasado a quién estallaba en llanto, sin motivo o razón aparente, se le consideraba poseedor de una portentosa sensibilidad, la cual solo estaba reservada para el esteta, para el poeta. En cambio, en estos tiempos a quien lo haga se le considerara neurótico, se le medicará, se le encerrará y lanzará la llave lo más lejos posible.

¿Qué tiempos nefastos me ha tocado vivir donde ya nadie es capaz siquiera de pensar en morir de amor?

 I

Con estas líneas Miguel consideraba que por fin había terminado de escribir sus memorias. No era la primera vez que daba por finalizada su labor, al cabo de algunos días releía al azar alguna sección y aumentaba algo nuevo o la reescribía por completo. Ya casi habían pasado dos años de que comenzara a escribir y nunca se daba por satisfecho.
Escribir sus memorias se había convertido en una obsesión que a veces le llenaba de ansiedad. Al releer algunos pasajes no estaba seguro si había descrito con detalle aquellas vivencias, más aún si se trataba de su juventud. En ocasiones ni siquiera estaba seguro si aquellos hechos había ocurrido realmente y  dudaba si en eran ciertos o si se los había inventado asumiéndolo como ciertos o si en realidad no eran las anécdotas de alguien a quien ya había olvidado.
Ya con casi 79 años cumplidos, a Miguel lo asaltaba el temor de morir antes de poder terminar aquel libro y peor aún, si algún editor iba a interesarse en ellos ¿A quién le pueden interesar los recuerdos de un viejo que no ha hecho nada especial en su vida? Se decía a si mismo en ocasiones, cuando estaba turbado. Escribir aquel libro de alguna manera le hacia perder el temor a la muerte e imaginaba que aquel trabajo le permitiría pasar a la posteridad.
Es por ello que trataba de mezclar sus recuerdos con la mayor cantidad de datos históricos, incluso a veces usando noticias que extraía de los viejos recortes de diario que había coleccionado en un álbum casi toda su vida. De esta manera, en su escrito desfilaban referencias a familiares, políticos, dictadores, personalidades y hechos como las crisis económicas de las que había sido testigo durante toda su vida.
Tampoco se había decidido por el título.  Hasta ahora en lo único que había pensado es en titularlo “Diario de un septuagenario: historia de un país”. Sin embargo, el nombre no le parecía que pudiese llamar la atención de algún lector, por más ávido que estuviese por conocer el país a través de los ojos de un anciano. Al fin y al cabo, pensaba, solo había trabajado en la fábrica de jabones por casi 50 años y lo único especial que había hecho todo ese tiempo era ser nombrado secretario de deportes y participar de las huelgas, sin más papel que su adhesión a las mismas.
Guardo la última página escrita en el cajón del escritorio y dejó su cuarto. Salió al patio del asilo donde se encontraban los otros ancianos tomando el sol, leyendo el periódico o mirando al jardín donde de vez en cuando revoloteaban algunas aves.
Miguel se desplazaba con la ayuda de un bastón, las reumas que le atacaban desde hace algunos años le impedían caminar con facilidad. En su juventud fue una persona bastante activa, atlética y muy sana, al punto de que casi nunca necesito visitar a un médico. Sin embargo, cuando tenía 60 años sufrió un preinfarto, a partir del cual su salud se vio minada. Para Miguel aquel preinfarto había sido el momento en el cual cayó en cuenta de su edad. A partir de ese momento, fue como si su cuerpo se hubiese hecho consciente de su verdadera edad y varias enfermedades comenzaron a atacarle, minando su salud de a poco. Primero fueron las reumas, luego problemas gástricos y hasta simples resfríos se convirtieron en pulmonías.  
Ya con 70 años, llegó el día en el cual su hermana menor le había dicho que quizás era mejor que se inscriba en una casa de retiro y que aprovechara el dinero de la jubilación y sus ahorros en el banco para tener una atención adecuada, puesto que a ella le era imposible ir a verlo al otro lado de la ciudad con frecuencia. Miguel vio así que su vida se fue transformando de a poco. Vendió el coche y el pequeño departamento que estaba muy deteriorado, se deshizo de casi todas sus cosas y solo guardó algunas mudas de ropa, fotografías, los mencionados álbumes con los recortes, algunos libros y todo aquello que pudo caber en sus dos maletas. Al poco tiempo se encontraba ya en aquel asilo y por más que había pasado casi 9 años, nunca se acostumbró del todo a aquel sitio.
Miguel siempre fue algo huraño y tuvo pocas amistades. Ahora se encontraba solo pues casi todos sus amigos habían fallecido o se encontraban lidiando con su propia vejez.
Nunca tuvo hijos. Amó a muchas mujeres a lo largo de su vida, pero su natural misantropía le había impedido decidirse a formar una familia con alguna de ellas. Al cabo de un tiempo, aquellas mujeres a las que amó, se alejaron formando sus vidas lejos de Miguel. Él, sin embargo, aún recordaba sus labios, el olor de su pelo y la tersura de sus pieles, aunque se daba cuenta que había olvidado sus voces.
Miguel caminó lentamente hacia el jardín. Uno de los enfermeros se acercó hacia él y le preguntó si había tomado ya sus pastillas. Miguel asintió y vio que el enfermero no quedó del todo convencido, por lo cual le recordó que era necesario que se las tome si quería estar “sano como un muchacho”.
A Miguel le molestaba la condescendencia con las que los enfermeros trataban a los ancianos, incluido él. Si bien entendía que muchos de sus compañeros ya no podían valerse por si mismos, especialmente los que sufrían de Alzheimer o de senilidad, ese no era su caso. Odiaba en verdad que le tratasen como un ser desvalido, incapaz de hacer las cosas por si mismo.
En el jardín se encontró con Zacarías, anciano 5 años menor que él, con quien había entablado algo similar a una amistad. Sin embargo, hablar con Zacarías no siempre le era grato, especialmente cuando este venía a contarle que había recibido alguna carta de su hijo que vivía en la capital o cuando le anunciaba que este le visitaría. Para Miguel los días de visita, especialmente las festividades, le representaban un dolor inmenso porque su hermana raramente venía a visitarle y cuando lo hacía llegaba con alguno de sus nietos que no estaban interesados en lo más mínimo en aquel viejo tío-abuelo.
Miguel y Zacarías se sentaron en una mesa. Zacarías sacó el tablero de ajedrez y comenzaron un juego que terminó minutos antes de la hora de almuerzo, con victoria de Miguel. Zacarías se jactó de del triunfo, diciendo que aquella era la treintava victoria del mes frente a tan solo 5 veces que Miguel le había derrotado.
Como de costumbre, Miguel comió muy poco y si terminó de comer era por la insistencia de una de las enfermeras. Al llegar a su habitación, Miguel se sintió mareado y a los minutos fue a vomitar, la comida le hizo daño nuevamente. Se cepillo los dientes y se acostó, comenzó a soñar.


II

Hola miguel – dijo el niño.
¿Dónde estoy? ¿Quién eres? Yo estaba en el asilo ¿Quién me trajo acá? – dijo Miguel sobresaltado.
¿Qué no te acuerdas? – dijo el niño con una sonrisa- Esta es la casa donde viviste desde tus 5 a los 8 años. Séptima calle No23
¿Cómo llegue aquí? ¿Quién eres tú? – dijo Miguel tomando al niño del brazo.
¿Acaso no te reconoces a ti mismo cuando tenías 6 años? ¿Qué también ahora vas a olvidarte de ti mismo?- Espetó sombrío el niño.
Miguel se puso pálido y dijo ¿Es que estoy soñando acaso? ¡No juegues conmigo mocoso! ¡Dime quién eres y cómo llegue aquí si no quieres que te jale una oreja!
El niño se soltó el brazo con enojo y respondió: ¿Qué más da si es que estás soñando, si viajaste en el tiempo o si por fin moriste? ¿Acaso no te basta con visitar un lugar que fue parte de tu vida y que te hizo lo que eres? Ven asómate a la ventana ¡Silencio! Solo mira y calla.
Miguel se asomó a la ventana. Dentro había una mujer sentada al teléfono, era su madre. El anciano se estremeció. Mientras tanto, el niño tocaba la puerta con desesperación, la mujer dejó el teléfono y salió corriendo.
¡¿Qué sucede Miguelito?! ¿Quién es este señor? – dijo la mujer- El niño se puso a llorar y entró corriendo a la casa.
Miguel se quedó turbado viendo a su madre, un hilo de voz escapó de su garganta: ¿Ma..Ma..Mamá?
La mujer gritó todo alterada: ¿Quién es usted? ¿Qué le ha hecho a mi hijo?
Miguel contestó: Nada, yo no le hecho nada…mamá ¿No me reconoces? ¡soy Miguel! ¡Tu…tu..tu…hijo!
Enfurecida, la mujer grito nuevamente: ¿Pero que acaso estás loco, viejo? ¡Voy a llamar ahora mismo a la policía!
Desde adentro de la casa se escucho la voz de un hombre que decía: ¿Adelaida? ¿Qué sucede? ¿Por qué está llorando Miguelito? ¿A quién gritas?
Miguel trató de meterse a la casa mientras decía: ¿Papá? ¿Papá eres tú? ¡Soy yo, Miguel tu hijo! ¡Papá, no pasa nada es mamá que no me reconoce!
La mujer chillo y empujó a Miguel fuera de la casa, quien cayó a la calle. La puerta se cerró de sopetón. Miguel se levantó adolorido, miró furtivamente por la ventana que la mujer tomaba el teléfono y gritaba alterada, mientras el hombre trataba de calmarla para entender que sucedía.
Miguel se dio cuenta que corría peligro. Se apresuró en alejarse y al llegar a la esquina miró que sucedía. Al poco rato, el hombre salía de la casa para mirar alrededor. Miguel no se había equivocado al reconocer la voz, era su padre.
El anciano consideró la situación y decidió marcharse lo más rápido que le permitían sus piernas. Al cabo de caminar un par de cuadras, viró a la derecha y se disponía a seguir caminando cuando sintió que alguien le cogía de la ropa.
¡No he hecho nada! ¡Déjenme ir por favor! ¡Soy solo un anciano que pasaba por ahí! ¡El niño comenzó todo! ¡Quería confundirme diciendo que él era yo hace muchos años!
¿Aún no me crees que soy tú? Dijo una vocecilla. Miguel tornó la cabeza y vio nuevamente al niño que sonreía macabramente.
¡ah! ¡Eres tú condenado chiquillo! ¡Mira en los líos que me has metido por mentirme! ¡Aléjate de mi si no quieres que te dé un coscorrón! – gritó Miguel mientras blandía su bastón como si estuviese siendo atacado.
El niño corrió algunos metros mientras reía. Comenzó a tirar guijarros a Miguel, quien por más que se esforzaba no podía alcanzar al niño. Al cabo de unos metros, Miguel se sentó muy agitado en el borde de la acera. El niño se acercó al anciano guardando una prudente distancia.
¡Condenado rapaz! ¡Por tu culpa voy a tener un infarto! – dijo Miguel agitado-
¡Pobre y miserable anciano! – dijo el niño – ¡Mira en lo que nos has convertido! ¿Acaso no puedes ver la piltrafa humana que eres? ¡Me siento mal con tan solo verte! ¡Jamás quiero ser tú!
Miguel enfurecido contestó: ¿Por qué sigues diciendo que tu y yo somos la misma persona? ¿Por qué quieres jugar conmigo? ¿Acaso te divierte ver el sufrimiento de un anciano que ni siquiera conoces?
Dicho esto, Miguel sintió que le dolía el pecho. Estaba a punto de darle un paro cardiaco. Comenzó a respirar con agitación.
El niño se acercó y le dijo al oído: ¿Es así como vamos a terminar? ¿Muertos en la calle como un vagabundo? ¡Ya no siquiera intentas luchar! ¿Qué has hecho de mi anciano? ¿En qué despreciable ser voy a volverme? Mira, ya llegan papá y mamá con un policía. Vamos a morir en una húmeda y sucia celda, en eso me has convertido.
Miguel casi no podía contestar, todo se había vuelto borroso y confuso. Sintió una mano agarrándole del hombro y agitándole.
¡Despierta Miguel, despierta! ¡Estás teniendo una pesadilla hombre! – dijo Zacarías.
Miguel abrió los ojos. El techo manchado por la humedad le era familiar, estaba en el asilo. Aquello no había sido más que una pesadilla.


III

Miguel y Zacarías jugaron un par de partidas que les tomó casi toda la tarde. Zacarías ganó nuevamente, Miguel no estaba concentrado en el juego.
Al finalizar, Zacarías dijo a Miguel que le acompañara a su habitación antes de la cena, porque quería enseñarle algo. Miguel casi estaba seguro  delo que sería y acompaño a su amigo con cierto desgano.
Zacarías abrió el cajón de su velador y sacó un sobre. Lo abrió y enseñó unas fotos a Miguel.
-       Mira Miguel ¡Que grandes y hermosos están mis nietos! ¿No te parece?
Miguel asintió y no dijo nada. Ya había visto varias veces aquellas fotos.
-       ¡Mira a Ivancito! ¡Cada día más grande e inteligente! ¡Se parece tanto a mí cuando tenía su edad! ¡Tiene los mismo ojos de su padre y de mí! ¡Es imposible no darse cuenta que es mi nietito!
Miguel miró sin atención las fotos, todo por cortesía. Ya había visto tantas veces a aquellos niños rechonchos y horribles y escuchado siempre las mismas historias sobre ellos, que eran los mejores estudiantes de la escuela, que eran niños muy bien educados, que cada semana le mandaban una carta al abuelo…
-       Eh…si… ¡Vaya grandes que están! – dijo Miguel todo distraído sin siquiera prestar atención a sus propias palabras - ¿Y cómo se llaman?
-       ¡Pero si te lo he dicho tantas veces, hombre! – respondió Zacarías mirando azorado las fotografías – ¡Ivancito es el mayor y la niña se llama Alexa!
-       ¡Oh! Lo había olvidado – dijo Miguel indiferente, mientras miraba la puerta aunque no se animaba a salir, por respeto a su amigo - ¿No crees que ya estarán sirviendo la cena?
-       ¡Espérate un momento, viejo cascarrabias!- dijo emocionado Zacarías - ¡Yo sé bien que te he mostrado varias veces estas fotos! A diferencia tuya, yo sí tengo una buena memoria. Si te traje aquí era para mostrarte esta otra foto ¿Recuerdas que te hable de mi hija Sara? ¿La que vive en Sídney? ¡No, claro que no lo recuerdas! ¡Si hasta hay veces que siento estar hablando a la pared cuando lo hago contigo! Sara es mi hija menor, acaba de tener a su bebé ¡Es una niña hermosa! ¡Mira! ¡Me mando unas fotos suyas!
-       ¡Oh, si! ¡Sara! – respondió Miguel con falso interés -¡Por supuesto que recuerdo que me hablaste ella!
-       ¡Voy a tragarme esa mentira tuya nada más porque estoy muy emocionado por mi nueva nietecita! ¡Además, Sara me escribió diciéndome que me visitará para fin de año para que conozca a la niña! Solo está esperando que crezca un poco para poder hacer tan largo viaje!
-       ¡Oh, si claro! – dijo Miguel aburrido, mientras se levantaba para marcharse-¡Por supuesto, que los niños pequeños no pueden viajar tan largas distancias porque es peligroso para su salud! Es mejor que tu hija espere a que crezca la pequeña…Por cierto ¿cómo se llama tu nieta?
-       Olga, la pequeña Olguita – respondió Zacarías sin quitar la mirada de la fotografía.

Un escalofrio recorrió la espalda de Miguel. Apresurado, dejó el cuarto de su amigo y se dirigió hacia su habitación. ¡Olga¡ ¡Olga! ¿Cómo pude olvidarme de ella? – se dijo a si mismo. ¡Mi primer amor! ¡Mi primer beso! ¿Cómo borré a Olga de mi memoria? ¿Cómo es que no he escrito nada sobre ella?
Al llegar a su habitación comenzó a buscar agitadamente entre las hojas que había escrito. No encontró la menor referencia de ella. Comenzó a recordar, pequeños atisbos de hacía tantos años. Sensaciones, olores, todo comenzó a tomar claridad, cómo si hubiese ocurrido ayer. Sacó su máquina de escribir y comenzó a redactar.
Miguel no había escrito ni una línea cuando entró una enfermera. Le dijo que era hora de la cena y que debía ir. Miguel se negó rotundamente aduciendo que tenía trabajo pendiente y que eso era más importante ahora. La enfermera insistió, pero Miguel no hacia caso.
La mujer quiso retirar la maquina de escribir para evitar que el anciano siguiera escribiendo. Miguel se enfureció y comenzó a golpear con el bastón a la enfermera, luego tomó lo que tuviese a mano y lo arrojó a la mujer, quien salió apresuradamente.
Al cabo de unos minutos la mujer volvió acompañada de dos enfermeros. Miguel se ofusco y quiso golpearlos con el bastón. Todo se salió de control.
Al cabo de unos minutos de forcejeó, Miguel agotado ya, no paraba de dar puntapiés a los enfermeros, quienes finalmente lograron controlar al anciano y lo tendieron en la cama. Miguel injuriaba a los dos jóvenes, mientras tanto la enfermera  sedó a Miguel. Al poco tiempo el anciano caía en un sopor incontrolable. Quedó dormido después de unos minutos.
Al día siguiente, Miguel apenas recordaba lo sucedido la noche anterior. Había olvidado a Olga.