lunes, 17 de noviembre de 2014

Carta a mis muertos



La habitación azul - Pablo Picasso (1901)
Puede parecer extraño que les escriba esta carta, pues ni siquiera sabría como hacérselas llegar. Confio, y esto no es sino una conjetura, que quizás estén ustedes leyéndola mientras la escribo. Los imagino detrás mío – sin yo notarlo – observando cada una de las palabras que pongo en esta misiva.
El motivo de mi carta es sencillo, aunque a la vez muy complejo: quiero pedirles que me hablen.
Desde hace algunos meses ustedes me han visitado algunas noches. Al principio, su presencia fue casi imperceptible, pues solo les sentía rondando mi habitación. Yo, en aquel estado de letargo, muy similar a un coma, podía sentirles revoleteando cerca de mí e incluso en rozándome el rostro con delicadeza.
Debo reconocer que en aquél entonces su presencia no me molestaba, tan solo me sorprendía. Finalmente, debo reconocerlo, me terminé acostumbrando a que me visiten ciertas noches en las que el sueño tardaba en llegar. Incluso ya podía adivinar cuando iban a visitarme, pues entraba en un estado de agitación que se intensificaba a medida en que ustedes se iban acercando. Sin embargo, algo cambió en el último par de semanas y debo admitir que ahora he comenzado a sentir desconcierto.
Hace apenas unos días, su presencia comenzó a ser mucho más violenta. Después de entrar a ese estado de trance que ya conozco tan bien, pude verles con una claridad que no habían tenido nunca. No sé si estaban todos o solo uno de ustedes, pero al ver aquel vaho azulino flotando en frente mío no pude sino sentir pavor, el cual se intensificó cuando se precipitaron hacia mi pecho. Ustedes y yo sabemos cómo terminó aquello: de alguna manera mis manos respondieron y pude apartarlos cuando intentaban meterse dentro mío.
Al día siguiente, atemorizado por aquella experiencia, narré lo sucedido a algunos de mis amigos y ellos me hicieron caer en cuenta de algo: que ustedes son mis muertos. Por ello, me aconsejaron que la siguiente vez intente conversar con ustedes, para saber quienes son, porqué están aquí y qué es lo que quieren.
Ayer por la noche ustedes volvieron y me asustaron nuevamente. Sentí que uno de ustedes me sujetó fuertemente por el pecho e intentaba - sin éxito porque me resistí- elevar mi cuerpo del lecho. Luego logré articular algunas palabras, lo recuerdo perfectamente, pero dado mi estado de inconsciencia de mi garganta solo pudo oírse un horrible estertor que preguntaba ¿Quiénes son? ¿Qué quieren de mí? Y luego ustedes desaparecieron sin decir nada. Fue entonces que mi cuerpo despertó y estaba solo en mi habitación, sintiendo que el pavor se apoderaba de mi cuerpo.
No sé cuando decidan volver. Quizás esta noche, quizás nunca, aunque eso es lo que menos importa ahora.  Yo solo espero que la siguiente vez que ustedes decidan visitarme en mi letargo se dignen a hablar conmigo. Después de todo, ya sea con vivos o muertos, el silencio puede ser el lugar más frio que existe.