domingo, 30 de noviembre de 2014

Manual de bolsillo de magia negra: pócima para destruir pasiones


“Here I am, pretending everything’s alright…

Here I am, bored with everything…

And I love you more that I can say

But I hate you every other way”

-       Devin Townsed-

- Dedicado a Marleny-

Claude Monet - Mujer con sombrilla (1871)
La pócima que voy a presentar es quizás una de las que más controversia ha generado desde su invención en el siglo XV. Se dice que una primera fórmula fue creada en Pendle Hill (Inglaterra) por el mago Shawn Blossard allá por el año 1430. Se sabe muy poco sobre esta fórmula primigenia y menos aún de su creador, salvo que fue primero desollado, luego colgado y finalmente incinerado por cargos de brujería y asociación con el demonio. Lo que si ha llegado hasta nuestros días son el relato de los efectos de esta pócima: cientos de hombres y mujeres lanzándose al vacío desde un acantilado.
El mago e historiador italiano Gennaro Gemmini en su obra “Historia secreta de la magia” publicada en 1979, hace quizás la más completa crónica de los incidentes con esta pócima a través del tiempo. El autor menciona, por ejemplo, el experimento del brujo Jacques Terriere que en 1870 contaminó el agua potable de París con la pócima, ocasionando que casi toda la población francesa cayese en una indiferencia total sobre el mundo. Tuvieron que reunirse varios magos para poder solucionar tamaño desaguisado y se dice que las secuelas de este hecho aun persisten en nuestros días. En todo caso, recomiendo al lector una revisión concienzuda de la obra de Gemmini antes de decidir si va a preparar este bebedizo.
¿Pero es ético entonces enseñar y preparar esta pócima? En un anterior trabajo mío titulado “Ética y magia: ontología de dos disciplinas” desarrollo a profundidad cuando la preparación de una pócima es éticamente recomendable: por razones terapéuticas. Sin embargo, es recomendable contar con la aprobación del paciente y haber agotado otras opciones antes de administrar la fórmula.
Antes de explicar cómo preparar el brebaje, se hace necesario que indique algunos casos de pacientes a quienes di la pócima. Reseñar estos casos tiene como objetivo dar pautas al estudiante para discernir cuando es conveniente utilizar este brebaje en un paciente. En todo caso, estos son solo ejemplos para ilustrar y no son protocolos, porque evidentemente cada caso es particular y el estudiante deberá decidir finalmente si prepara o no el brebaje.
Los tres casos que presento a continuación son pacientes que tuve entre 1979 y 1992 cuyas consultas fueron grabadas en cintas magnetofónicas con su consentimiento. Transcribo fragmentos de estas conversaciones que me parecen claves para entender el problema. No mencionaré ningún nombre para proteger la identidad de mis pacientes.

Paciente 1

- Cuando amo, amo sin límites. No creo en barreras para el amor.
- ¿Pero a quien ama usted? ¿Hay alguien de quien esté enamorado ahora?
- ¿Es eso realmente importante? Hoy quizás ame a la moza que vive en la casa contigua. Quizás mañana me enamore de una mujer a la cual solo veré unos segundos, mientras cruzó una calle. O quizás sueñe con una joven cuyo rostro olvidaré al despertar, pero aún así conservaré la sensación de haberme enamorado perdidamente ¿Es realmente importante amar a alguien concreto? Amar es lo que me tiene vivo, lo que hace que pueda continuar en este sinsentido que llamamos vida.

Cuando comencé a tratar al Paciente 1 manifestó tener una pasión desmedida por el amor, aunque no por alguien concreto, sino por el amor mismo. Si tuviéramos que resumir en una frase el cuadro de síntomas tendríamos que decir que este hombre ama amar. Este paciente fue asiduo a mi consulta por casi 10 años, pues se enamoraba continuamente de una nueva mujer. Sin embargo, esta situación cambio, como mostraré más adelante. Veamos ahora el segundo caso:

Paciente 2

- ¿Cómo puedo explicarle? ¡Amo la música, la amo de verdad. Me llega al alma! Las notas musicales activan algo en mí y entro en éxtasis. ¿Ha escuchado el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven? Quizás no. Cada vez que la oigo se me estremece algo adentro, muy adentro, algo que no podría expresar con palabras.
La música está en todo: en los árboles, en el viento, en el vuelo de un pájaro, basta prestar atención para darse cuenta que la música es inherente en todo. La vida es música.

El paciente 2 presenta claramente una pasión desmedida por la música. Es un caso extremo de melomanía. Debo admitir que en mis casi tres siglos como profesional de la magia este ha sido el caso más singular que tuve. El lector entenderá más adelante el porqué.

Paciente 3

- Mi pasión por la lectura se inició cuando era niño. Leía todo lo que caía en mis manos. De alguna manera, era una forma de evadirme de la realidad. Con los años mi pasión por leer se ha intensificado y me gusta leer casi todo, pero en especial historia medieval y literatura. Uno de mis escritores favoritos es Stendhal ¿Lo ha leído? Usualmente trato de terminar de terminar una novela el mismo día que la empiezo, pues no me gusta dejar algo a medias. Debo terminarla porque luego no puedo dejar de pensar en cómo continua la historia.

El caso del paciente 3 caso es bastante común. Estoy seguro que el estudiante se encontrará en algún momento  con casos similares como este, por ello decidí incluirlo aquí.
Seguramente el lector se preguntará porqué estos casos pueden justificar preparar la pócima contra las pasiones. Al fin y al cabo, una pasión es lo más normal en este mundo y todos las tenemos en diferentes grados y las proyectamos a objetos concretos. Aquí precisamente buscaré dar los argumentos para que quede claro cuando una pasión puede volverse peligrosa para aquel que la tenga. Mostré intencionadamente solo la parte donde se especifican las pasiones mas no sus consecuencias. Presentaré a continuación los efectos para cada caso.

Paciente 1

- Vengo a su consulta porque estoy desesperado. Hace un año conocí a una mujer de la cual me enamoré perdidamente, pero ella engaño con un tipo…. No pude perdonarla… Entiéndame, suena ridículo pero por más que la amaba no podía perdonarla. Me mintió y me utilizó. Finalmente ella salió de mi vida y no la volví a ver desde entonces. La busqué aunque no sé muy bien con que objetivo. Me dijeron que se había marchado del país e intenté vanamente saber donde se había ido por varios meses. Finalmente lo supe, pero era en vano ¿sabe? No hice nada, el dolor que sentía por su ausencia no era tan grande cómo el de su engaño.
A veces creo verla en el rostro de alguna mujer que pasa por mi lado y ahora he empezado a buscarla en todos esos rostros sin éxito. Desde entonces, creo estar enloqueciendo día a día. Es como tener ascuas en el alma, uno se va consumiendo poco a poco. Tengo un infierno dentro, muy dentro. Y esa sensación se me ha hecho tan familiar últimamente que casi estoy llegando a acostumbrarme a ella.

Como recordará el lector, el Paciente 1 comenzó con una pasión por el amor. En general, no representaba mayores problemas para su desenvolvimiento diario, pues no fijaba su amor en alguien, sino en el mismo sentimiento de amar. Sin embargo, el paciente se apasionó por una persona concreta lo cual empeoró su condición. Al verse engañado, este apasionamiento llevó al paciente a entrar en una especie de limbo sensorial que estaba destruyéndolo.

Paciente 2

-       Hace una semana tuve este sueño extraño donde me encontraba caminando en una pradera. El lugar era perturbador porque no había sonido alguno, ni el más mínimo ruido. Grité y grité con todas mis fuerzas hasta que mis cuerdas colapsaron, pero todo fue en van porque ni siquiera podía oírme a mi mismo. Determinado a salir de aquel lugar comencé a caminar a través de aquel mutismo infinito. El lugar era bellísimo, créame, pero aquel silencio era lacerante. No puedo decir cuanto tiempo estuve vagando sin un rumbo determinado. He escuchado que el tiempo en los sueños es relativo, que una eternidad puede estar contenida en un segundo de sueño. En todo caso, estaba preocupado porque caminaba por aquella pradera, vigilado por grandes y pequeños animales desconocidos que no emitían el menor ruido y que solo me observaban con sus ojos muertos, como si estuviesen juzgándome por algo.
Al cabo de algún tiempo llegué a un desfiladero que estaba totalmente yermo y decidí caminar a través de este. Mi corazón estaba sobrecogido porque de alguna manera ese lugar era aún más silencioso. En algún momento incluso perdí la conciencia de mi existencia, pero mis pasos eran firmes pues había algo que me impulsaba a seguir caminando.
Llegó tan de repente que no estaba preparado. Tras mis pasos comenzaron a brotar en aquel árido suelo unas pequeñas flores color blanco que al abrirse dejaban escapar unos suaves sonidos. Al cabo de un rato habían tantas que el murmullo era ensordecedor. De repente, todas aquellas flores callaron por un instante y yo quede en el centro de toda esa vegetación profundamente intrigado. No podría decir cuanto tiempo duro ese silencio, lo que si recuerdo – y es algo que ya jamás podré olvidar – es que aquellas flores comenzaron a cantar la más bella melodía que cualquier oído humano ha tenido la oportunidad de escuchar. Yo estaba extasiado y por un momento me vi transportado, mi cuerpo era música y atravesé todo el cosmos, sintiendo su música interna, convirtiéndome en parte de ella.
-       Esa es una bonita experiencia. Un lindo sueño, si me permite decirlo. Pero aún no entiendo cual es el problema.
-       ¿El problema? Si, el problema, claro. El problema es que cuando desperté de aquel sueño aquella formidable melodía fue dispersándose de mi mente al mismo tiempo que mi somnolencia y, pese a todos los esfuerzos que hice, terminé olvidándola por completo. Desde entonces he hecho todo lo posible por recordarla, he probado con hipnosis, con diferentes psicotrópicos e incluso hice terapias para controlar mis sueños. Todo ha sido en vano, no puedo recordar aquella tonada. Desde ese día he estado intentando recordarla con todos los medios posibles. Comencé a escuchar música de todos los países, tratando de hallar al menos un indicio que me lleve a recordar algo. He aprendido también a tocar varios instrumentos intentando hallar al menos una pequeña pista. Todo ha sido en vano hasta ahora. ¡Mucha gente cree que estoy loco! Me han dicho algo sobre tener una obsesión. Me he quedado solo… quiero hacer algo y hallar una solución.

Quizás al lector le parezca ahora más claro el porqué afirmé que este caso fue uno de los más insólitos que me tocó atender en todos mis años de carrera. Para cuando administré la primera dosis de pócima a este paciente, él había dejado de escuchar por completo cualquier tipo de música y desarrolló una sordera que le duró por casi tres semanas. También tenía problemas de insomnio y en general parecía que su salud mental iba a colapsar.
Veamos ahora el tercer caso.

Paciente 3

-        En los últimos meses me ha asaltado una abatimiento que va incrementándose a diario. Todo comenzó cuando terminé de leer los 15 tomos de “Historia de la vergüenza” del erudito español Simón de Castro. Conseguir su extensa y casi desconocida obra me había tomado bastante tiempo y una fuerte suma de dinero puesto que solo existen dos reediciones del original, la primera hecha en Inglaterra en 1840 por la editorial Borgenum y la segunda editada en España en 1920, con un prólogo del filólogo boliviano Edson Sand. Por supuesto, hice mis mayores esfuerzos para conseguir la edición de 1840, mucho más cercana al original cuyo primer tomo fue escrito en 1637.
Pues bien, ya con tan magna obra en mis manos, me lance para devorar cada uno de las 5000 páginas que tiene cada tomo y me tomó algunos meses leerme todo. No puedo describir el inmenso placer que sentí con su lectura y a medida en que me quedaban menos tomos y menos hojas para leer, una profunda desazón fue apoderándose de mi ser. Comencé a pensar en De Castro y que solo se le conoce esta obra publicada. Sin embargo, el propio autor hace referencia en su texto a otras obras suyas. Fue cuando me di cuenta de todo.
A mi cabeza vino esta idea fija de que nunca llegaría a leer todo lo escrito por De Castro y tampoco podría todo lo hecho por algunos de mis autores favoritos, cuyos manuscritos se perdieron o fueron destruidos por alguien o por ellos mismos. Pensemos en Kafka, por ejemplo, quien mandó a destruir varios de sus escritos. Si bien la mayoría de estos se conservaron, lo cierto es que varios se perdieron y nunca podremos saber de que se trataban.
A partir de pensar la imposibilidad de leer estos textos destruidos, de pronto vino hacia mi una angustia mucho mayor: jamás podría leer todo lo que se ha escrito, se escribe y se va a escribir. Píenselo, es muy sencillo. Hay miles y miles de libros publicados en diferentes idiomas, algunos que solo tienen una cantidad limitada de copias, otros libros que están resguardados porque su contenido puede ser peligroso para la persona común.
-       Como los libros de magia…
-       ¡Exacto! ¿Puede entenderlo ahora? Estoy seguro que usted conoce y ha leído libros de magia a los cuales yo jamás podría tener acceso. Usted mismo, estoy seguro que no puede acceder a todos los libros de magia.
-       En efecto, hay algunos que me están prohibidos porque…
-       ¡Eso es lo que digo precisamente! Estoy seguro que usted daría lo que fuese por leer esos libros, por hojear sus páginas con miles de secretos. Ahora póngase en mi lugar y me entenderá ¡Miles y miles de libros que jamás podría leer aunque quisiera, porque tendría que vivir al menos 5 vidas para hacerlo y aún así no lo conseguiría! ¡Cientos de nuevos libros se publican a diario! ¿Cómo podría enterarme de cuando hay un nuevo libro? ¡Y están todos esos libros secretos! ¡Aquellos a los que jamás tendré acceso! ¡Es por eso que estoy enloqueciendo, porque por más que lo intenté no podré leérmelo todo!

Como puede verse, la pasión de este paciente por le lectura fue convirtiéndose en un motivo de dolor y desesperación. Por varias semanas, el paciente estuvo insistentemente pidiendo que le enseñe mis libros de magia, a lo cual evidentemente me negué. Finalmente, entre ambos acordamos que iniciaríamos su tratamiento.
Tengo confianza en que los tres casos que reseñe servirán para que el estudiante pueda decidir en que momento debe sugerirse preparar la pócima para destruir pasiones. En todo caso, siempre es recomendable que el aprendiz pida consejo a su maestro para tomar una decisión final. Veamos ahora, el objeto de este capítulo: las instrucciones para preparar la pócima para destruir pasiones.
Los ingredientes son muy sencillos en verdad. Necesitará una base de miel de abeja que deberá mezclar con agua consagrada en misa negra.  La mezcla debe ser inversamente proporcional: por cada medida de miel corresponderá la mitad de agua. Una vez mezcladas agua y miel deberá embotellarse el líquido dentro de una botella de vidrio oscuro, debidamente tapada con un corcho. El siguiente paso es dejarla fermentar por al menos tres semanas. A mayor cantidad de fermentación, mayores los efectos de la pócima, así que recomendamos un tiempo de fermentación estándar: tres semanas a cuatro.
El proceso de fermentación es uno de los más importantes del conjuro, así que debe prestarse atención a las siguientes indicaciones. Deberá envolverse la botella en un paño de terciopelo rojo y guardarse luego en el rincón más oscuro de la casa durante el día. Al anochecer, el estudiante deberá colocar la botella en el alféizar de su habitación siempre a la misma hora y gritarle palabras soeces durante una hora. Al finalizar, besé la botella cerca del corcho y recite en voz baja el conjuro que hallará en la página 763 de este libro. A continuación envuelva la botella en el terciopelo y guárdela.
Al fermentar, el líquido se convertirá en una sustancia conocida como hidromiel que deberá utilizarse para mezclar los otros ingredientes. Vierta el hidromiel en un bol y eche 10 flores de amapola desmenuzadas y dos medidas de sangre de borrego negro. Encienda cuatro velas que deberán ser colocadas alrededor del bol, representando a los cuatro puntos cardinales, e invoque al demonio Balban durante tres noches. En la cuarta noche, escriba en un papel aquella pasión que se va a destruir y el nombre del afectado, envolviendo con el papel un mechón de pelo del afectado. Tanto en papel como el pelo deben ser mezclados en el hidromiel. En el quinto día haga nuevamente la invocación y tendrá lista la pócima.
Recomiendo al estudiante que dé las instrucciones para la dosis con suma claridad al paciente, además de hacer un acompañamiento constante mientras dure la curación, así evitará disgustos innecesarios. En los casos que mostré anteriormente, los pacientes 2 y 3 cumplieron al pie de la letra mis indicaciones, por lo cual al cabo de unas pocas semanas estaban casi totalmente restablecidos y pudieron desarrollar otras pasiones, aunque esta vez con mayor prudencia. El paciente 1 representó un problema. pues consumió mayores dosis de las que le indiqué y casi no apareció a los controles que habíamos programado. De esta manera, al cabo de un tiempo recibí una desagradable misiva suya que entre otras cosas tenia el fragmento que copio a continuación:

Al fin y al cabo, creo que la pócima ha hecho efecto sobre mí. Terminó por destruir esa pasión que me atosigaba, pero al poco tiempo noté que también lo estaba haciendo con mis otras pasiones y finalmente con mis emociones. No se realmente si debería alabarle u odiarle, porque ahora mismo ni siquiera tengo capacidad de enojarme con usted.