lunes, 15 de diciembre de 2014

Manuscritos de un explorador: los gigantes enanos



 -Dedicado a mi  amiga Paola V.-

Blemias, descrito por Plinio el viejo
Nota del editor
Como cualquier otro espacio, la academia suele ser un lugar donde ocurren iniquidades y vilezas. De esta manera, grandes sabios han sido silenciados solamente por haber contravenido ciertas reglas establecidas por la academia de manera arbitraria.
Uno de estos casos paradigmáticos es la del explorador, historiador  y antropólogo colombiano – polaco Phineas Poniatowski – Agandurú cuya obra ha sido denostada hasta nuestros días. Este sabio recorrió tres continentes a fines del siglo XIX y principios del XX para investigar sobre poblaciones no - humanas que las ciencias sociales habían decidido ignorar. Su atenta e inquisitiva mirada científica se tradujo en cientos de manuscritos que quedaron sin publicar, puesto que recibió el veto de diversas editoriales. Poniatowski – Agandurú murió sin ver publicada ni siquiera una mínima parte de su obra, la cual incluso corrió peligro de desaparecer luego de un incendio en el sótano de uno de sus descendientes, donde se encontraban los manuscritos.
Como compromiso ético y científico hemos decidido hacer publica su obra en fascículos semanales, dirigida tanto al público especialista como al que no. De la misma forma, esperamos que la publicación encienda en interés sobre aquellas sociedades que hasta el día de hoy persistimos en ignorar, pese a estar conviviendo y compartiendo los mismos espacios.
                                                                                                - Montreal, marzo de 1979-

Los gigantes enanos

En el lado oriental del volcán Pichincha en Quito, república del Ecuador, se encuentra el pueblo de gigantes enanos. Esta sociedad lleva ya casi cuatro siglos en la zona y, pese a su cercanía con la ciudad, raramente se mezclan con otros pobladores, prefiriendo el aislamiento en su comunidad.
Pero antes de hablar sobre este pueblo es necesario que haga mencione brevemente cómo llegaron estos gigantes a la zona. Como sabrá el lector, los gigantes son una raza que abunda en Europa, pero no en América donde llegaron por motivos migratorios. Los antepasados de los gigantes enanos son los gigantes Lonneck del norte de Irlanda. Estos colosos fueron conocidos por ser los más altos entre la diversidad de razas que pueblan el mundo, llegando a alcanzar fácilmente los 30 metros en la etapa de madurez sexual. Los Lonneck, sin embargo, tenían un problema congénito: la distancia de la cabeza en relación al corazón.
En efecto, el corazón de los Lonneck no era de mayor tamaño al de cualquier ser humano promedio, pero además se encontraba a una distancia considerable de la cabeza. Esto significaba un gran problema a la hora de que el corazón bombee sangre hacia el cerebro, lo cual hacía que haya una gran mortalidad entre los Lonneck y que éstos apenas vivieran una media de 150 años; promedio bajo para una raza de gigantes, si consideramos que otros pueblos viven alrededor de 500 años.
Sin embargo, la naturaleza es sabia y con el tiempo los Lonneck fueron adaptando su cuerpo y su tamaño se redujo, aunque otro problema pronto se les presentaría. En efecto, alrededor de 1690 nacieron varios niños con deformidades, sin alguna extremidad o incluso con dos cabezas compartiendo un solo tronco. Los siguientes años fueron bastante difíciles para los Lonneck pues entre todas las mutaciones de los lactantes, una prevalecía sobre las demás: niños con la cabeza dentro del tórax. En la medida en que nacían nuevos infantes surgió otro problema: los recién nacidos apenas alcanzaban el metro al nacer y en la edad adulta no llegaban a medir mas de dos metros.
Como es de suponer, hubo toda una discusión sobre que hacer con los infantes “deformes” y surgieron voces que pedían su ejecución inmediata, mientras que otros pedían que se les reconozca como miembros de los Lonneck. El debate duro años, tiempo suficiente para que los gigantes enanos tuviesen tiempo para alcanzar la madurez y decidiesen así emigrar hacia tierras menos hostiles. De esa forma, cientos de gigantes enanos emigraron hacia las costas americanas para luego afincarse en Quito, allá por 1790 aproximadamente. Entre tanto, con el pasar de los años la orgullosa raza de los Lonneck terminaría extinguiéndose, falleciendo el último de ellos a mediados del siglo XVIII.
 Los primeros gigantes enanos en emigrar a América lo hicieron en barcos mercantes de Europa. Se dice que los capitanes alababan el trabajo de los gigantes enanos, quienes laboraban sin chistar casi todo el día, necesitando solo de un par de horas de sueño y escasa alimentación.
No hay registro sobre los motivos de su asentamiento cerca de Quito, aunque ellos mismos especulan  que se debió al halagüeño clima de la región. La primera generación de los gigantes enanos trataron de convivir con la población quiteña, pero debido a los constantes conflictos bélicos en los que estaba sumido el país, al poco tiempo decidirían abandonar la ciudad e irse hacia las alturas.
La nación de los gigantes enanos contemporánea está entregada al estudio y la contemplación de la naturaleza. La educación es uno de los pilares de esta sociedad y ésta se imparte en el seno familiar a partir de los tres años.
Puesto que la población de gigantes enanos se dedica a filosofar durante casi todo el día, poco o nada de tiempo les queda para los trabajos manuales, especialmente los agrícolas. De esta manera, utilizando sus conocimientos de mecánica, inventaron una serie de artefactos mecánicos que les suplen en la mayoría de sus labores, aunque eventualmente contratan a gente de comunidades aledañas para hacer trabajos puntuales.
Los gigantes enanos se mantienen ocupados en discusiones sobre filosofía y ciencias sociales. Sus debates suelen ser acalorados aunque se realizan siempre observando las reglas de convivencia mínimas. Estos debates, sin embargo, no siempre son del todo fructíferos debido a la sordera congénita que padecen los gigantes enanos, pues al tener la cabeza dentro del tórax no tienen los canales auditivos muy desarrollados.
Los gigantes enanos adoran la lectura y son coleccionistas compulsivos de libros. Tuve la oportunidad de visitar varias bibliotecas particulares durante mi estadía con ellos y me sorprendió gratamente encontrar una gran cantidad de obras de las cuales se especulaba que ya no existía copia alguna.
Otra de las actividades de este pueblo es la escritura. Siendo una sociedad que da un rol primordial a la educación, no es de extrañar que los gigantes enanos sean muy cultos, lo cual les facilita el noble arte de la escritura. De esta manera, semanalmente se publican varias obras que van desde temas como la astronomía hasta la psicología. Sin embargo, en la mayoría de los casos estas obran quedan sin lector alguno, puesto que los gigantes enanos no suelen leerse entre ellos pues la soberbia les impide aceptar que pueden aprender algo de sus congéneres.
Esto se refleja también en sus formas de gobierno que se caracterizan por la ausencia de líderes. Debo advertir al cándido lector que la falta de líderes de ninguna manera significa que los gigantes enanos hayan abrazado esas peligrosas ideologías de izquierda que pululan la academia en nuestros días, sino al contrario: difícilmente pueden ponerse de acuerdo para ocupar un cargo rector porque todos se consideran más idóneos que el otro para ocupar el puesto.
Lejos en el tiempo parece cualquier relación de los gigantes enanos con sus antepasados, los Lonneck. Sin embargo, ya sea que la consideremos paradojas de la naturaleza o simplemente consecuencias no esperadas de la evolución, lo cierto es que este pueblo tiene una notoria desventaja de cualquier otra raza de gigantes: son incapaces de amar y, en general, de expresar cualquier tipo de emoción.
Al tener la cabeza en el pecho, el cerebro esta tan cerca del corazón que termina gobernándolo, suprimiendo así cualquier tipo de emoción en los gigantes enanos. De esta manera, no importará cuanta pasión pueda tener un verso, pues los gigantes enanos simplemente harán una mueca de incomprensión y se encogerán de hombros mientras observan al poeta con sus inexpresivos ojos.