sábado, 8 de febrero de 2014

Breve enciclopedia de animales: Manticora

La manticora tiene su hábitat natural en la sabana africana, aunque recientemente el eminente  biólogo austriaco Atanasio Österreich ha identificado una subvariedad que vive en el trópico boliviano.

La manticora africana alcanza el tamaño promedio de un león adulto y un macho puede llegar a pesar hasta 50 kilos. La cola, con una estructura similar a la de un escorpión, está destinada para su defensa, pudiendo fácilmente su veneno matar a un elefante adulto. Este arma le sirve principalmente para la caza y la defensa contra otros depredadores, siendo muy raramente utilizada en las luchas entre manticoras.

Los machos se identifican por una pequeña cornamenta en la cabeza, siendo éste solamente un elemento decorativo utilizado en los rituales de apareamiento que se extienden desde mayo a septiembre.

Pero quizás la característica más llamativa de este fabuloso animal es la similitud que tiene la cabeza a la de un rostro humano. Por esta particularidad, ninguna manticora se parece a otra y pueden fácilmente mimetizarse entre los seres humanos, aunque a menudo suele delatarlos el fétido olor que en ocasiones desprenden sus extremidades delanteras.

El cándido turista debe estar atento y no desorientarse con la apariencia de este animal, pues la manticora es un peligroso carnívoro dispuesto a atacarnos al menor descuido. Los filosos dientes son los que nos recordarán que estamos ante un animal y no frente a uno de nuestros congéneres.
Se dice que para evitar el ataque de una manticora se debe llevar siempre un pequeño espejo en el bolsillo. Según dicen, el animal no puede soportar su propio reflejo y termina atacándose a si misma con su aguijón. No obstante, esto no es más que una falacia pues estudios científicos recientes han descubierto que las manticoras padecen de hipermetropía. Por ello, antes que poner la vida en peligro, aconsejamos al lector poner pies en polvorosa ni bien vea a uno de estos bellos pero letales animales.