domingo, 4 de mayo de 2014

Cartas de Oblivion



Odilon Redon - Buda (1916)
Al abrir la puerta que conducía al sótano, Daniel sintió un fuerte olor a humedad. A juzgar por el polvo en la escalera y las telarañas que cubrían las esquinas de esa habitación, nadie había bajado en mucho tiempo.

Su madre, fallecida apenas hace un par de semanas, seguramente no pudo bajar a aquel lugar al menos en los últimos 5 años, desde que su artritis había empeorado.

Habían dos motivos por los que Daniel estaba en ese lugar. Primero, porque había decidido vender aquella casa tras la muerte de su madre, porque él no estaba dispuesto a mudarse nuevamente al pueblo. Segundo, porque deseaba encontrar algo que pudiera ayudarle a continuar recuperando la memoria.

Daniel tuvo un grave accidente automovilístico un aciago 3 de mayo del año 64, cuando tenía 29 años. Estuvo casi un año en coma por el accidente y al despertar  descubrió que no recordaba a nadie. Los médicos diagnosticaron que tenía amnesia postraumática y que el proceso de recuperación de la memoría tomaría tiempo y paciencia.

Efectivamente, recuperar la memoria fue un largo camino que supuso momentos bastante complicados, como tener que recordar a su propia madre. Tras 10 años del accidente, Daniel había ya recordado muchas cosas, aunque aún habían etapas de su vida que ignoraba por completo o que recordaba con dificultad, como su niñez en aquella casa. De esta manera, al estar en aquél sótano, esperaba encontrar algún pequeño indicio que le ayude a reconstruir recuerdos que se habían esfumado.

Casi todo el sótano estaba lleno de muebles viejos que no recordaba, pero que estaba seguro que le hubiesen sido familiares en otros tiempo cuando su memoria estaba intacta. En una de las esquinas descubrió tres cajas apiladas. La primera tenía fotografías enmarcadas de su madre cuando era muy joven y de gente cuya identidad no pudo determinar. La segunda caja contenía viejos documentos como pasaportes, identificaciones y trámites iniciados hace muchos años.
La tercera caja contenía una diversidad de objetos como una pipa, un llavero con tres llaves medianas y una pequeña, una pequeña lámpara o una billetera que no contenía nada.
Durante el proceso de recuperación, su madre le había enseñado diferentes objetos como fotografías, libros o discos que consideraba que podrían ayudar a su hijo a recuperar la memoria. La mayoría de esas cosas no le habían servido, aunque los discos de Jazz y música clásica si que le habían ayudado a recordar ciertas cosas  y personas, como aquel disco con la sonata a trio de Jean Baptiste Lully que hizo que recuerde a su tío Julián, quien precisamente le había regalado aquella grabación.

Sin embargo, lo que había sido decisivo para su recuperación fueron dos cosas: una máquina de escribir y las copias de las cartas que redactaba.  Algo que ni el accidente había podido borrar era la pasión de Daniel por la escritura. Desde los 13 años, Daniel escribió poesía, cuentos y cartas en una Remington Noiseless número 6, maquina de escribir que perteneció a su padre, quien había muerto cuando Daniel era un niño.
Daniel siempre utilizaba papel carbónico para conservar una copia de todo lo escrito, incluso las cartas que enviaba. Todo esto le había ayudado en gran manera a reconstruir gran parte de su memoria.

Al fondo de la tercer caja, encontró un pequeño cofre que tenía sus iniciales grabadas junto a la cerradura. El corazón de Daniel casi dio un vuelco de felicidad, pues ante sí estaba la posibilidad de recuperar viejas memorias.

Una vez sentado en la mesa del comedor, se dispuso a abrir el pequeño cofre. Mientras lo hacía, se preguntó el motivo por el cual su madre nunca le había mencionado sobre aquel cofre. Llegó a la conclusión de que su madre seguramente nunca supo de la existencia de la tercera caja y menos aún del pequeño cofre.

Forzar la cerradura fue una tarea bastante complicad, pero después de unos 30 minutos pudo lograrlo finalmente. Al abrir el cofre se llevó una grata sorpresa: habían varias copias de cartas.

Las cartas estaban dobladas cuidadosamente y formaban una pila que estaba ordenada por fechas. Tomó la primera carta:

6 de septiembre de 1962:

Estimada A…
Debo admitir que me tomó bastante tiempo decidirme a escribirle esta misiva, por lo delicado del asunto que voy a tratar.
Desde la primera vez que la vi, no he podido sacarla de mi mente. No creo recordar, y créame que esto no es una exageración ni embuste, haber conocido a una mujer tan bella como usted.
A medida que he tenido la oportunidad de conocerla mejor en estos breves meses, mi admiración por su belleza ha sido acompañada por una fascinación de su forma de ser. Es usted la mujer más dulce, tierna y afectuosa que he conocido.
Todo esto ha hecho que mi inicial admiración por usted se haya convertido muy pronto en una fascinación. Me tiene usted cautivado.
Pido me disculpe este atrevimiento, porque conozco perfectamente cual es su situación sentimental. Sin embargo, me decidí a escribirle porque mi embeleso por usted fue más fuerte que cualquier razonamiento.
Si esta carta le ha incomodado, le ruego pueda comprender que mis acciones no han sido malintencionadas, sino solo guiadas por mi admiración hacia usted.
Respetuosamente
Daniel M.

La segunda carta tenía el siguiente texto:

10 de septiembre de 1962

Querida A…
Me es imposible transmitir por escrito la alegría que sentí cuando recibí correspondencia suya, respondiendo a la que yo le envié hace unos cuantos días. Sin embargo, esta alegría queda minúscula ante el contenido de su carta: jamás habría imaginado que usted también siente admiración hacia mi persona.
Es por eso que ahora nuevamente voy a ser impulsivo: necesito verle lo más pronto posible. Quiero decirle muchas de las cosas que me resulta imposible volcarlas en una carta. No tanto por mi incapacidad para redactar, sino más bien porque las palabras escritas difícilmente pueden expresar un sentimiento en su verdadera dimensión.
Por ello, necesito verla para decirle todas estas cosas que rondan por mi mente. Quisiera entonces pedirle que nos veamos mañana por la noche, como a las 7:30 PM,  en el pequeño parque que queda entre la tercera avenida y la calle De Los Sauces. Es un lugar por el cual no transita mucha gente y no es demasiado iluminado, por lo cual creo que es el lugar perfecto para encontrarnos sin que corramos el peligro de que alguien nos vea.
Espero poder verla mañana
Sinceramente
Daniel M.

Un escalofrío recorrió la espalda de Daniel ¿Quién era aquella mujer llamada A…? ¿En que circunstancias la había conocido y que había sido de ella? Daniel tomó el teléfono y comenzó a llamar a algunos familiares y amistades. Todo fue en vano, nadie parecía recordar a alguna mujer con el nombre de A…
Daniel tomó la siguiente carta:


12 de septiembre de 1962

Mi querida A…

Ayer al salir para encontrarme con usted, mi ansiedad quedaba opacada por las expectativas de poder verle. Considero que no habrá nada que pueda borrar de mi mente este primer encuentro, lejos de nuestras ataduras a la realidad.
Nuestro encuentro no ha hecho más que afirmar la fascinación que siento por usted, que ahora siento que empieza a crecer.
Le agradezco nuestro breve encuentro de anoche. Ha sido una velada grandiosa, inolvidable.
La espera para nuestro encuentro de mañana se me hace interminable. Pero aguantaré las ansias.
La veo mañana en el mismo lugar y la misma hora.
Con cariño
Daniel M

Daniel se rascó la cabeza. Después del accidente, había pasado infinidad de veces por aquella plaza a diferentes horas, pero nunca había surgido siquiera el más pequeño indicio de algún recuerdo que involucre a una mujer llamada A… Sin embargo, tomó su abrigo, puso las cartas en el bolsillo y salió raudamente hacia la plaza mencionada en las misivas.

Daniel estuvo dando vueltas por más de una hora en la plaza. Se paró en diferentes lugares y se sentó en todas las bancas. Todo fue inútil, ningún recuerdo venía a su mente.

Apesadumbrado, se sentó en una banca al azar y prosiguió con la lectura de la siguiente carta.

15 de septiembre de 1962

Mi querida A…
Ayer estaba a punto de sentarme para escribirle para comentar mis impresiones sobre nuestro encuentro de la noche anterior, cuando recibí su carta.
Estoy profundamente conmovido por todo lo que me dice, porque es básicamente lo que siento yo por usted. ¡Gracias por su sinceridad!
Como le comenté el día de nuestro encuentro, salgo de viaje por el trabajo durante tres días, pero estaré aquí para nuestro encuentro del día martes a las 7:30 PM, en “nuestra” plaza.
Le he escrito algo, un poema o al menos eso pretende ser. Admito que mis conocimientos sobre métrica y figuras retóricas son limitadas. Pero suplo mi falta de capacidades técnicas con la pasión que siento por usted.
           
Perderme sin rumbo en tus ojos,
Quedarme atrapado en tus brazos,
esa quiero sea mi vida en adelante.
Muerta estuvo mi alma mendicante!
Ayer tus ojos, mi sueño cumplido.
Hoy tus labios, mi deseo prohibido.

Le saluda cariñosamente
Daniel M

Ya comenzaba a oscurecer, pero Daniel decidió quedarse un rato más porque tenía la esperanza de que algún recuerdo podría surgir si estaba en aquella plaza a la hora a las que hacían referencia las cartas. Tomó una nueva carta.

20 de septiembre de 1962

Mi dulce A…

Los tres días de viaje se me hicieron eternos, porque esperaba que pasen pronto para poder volver a verla.
Sin embargo, nunca habría imaginado que este encuentro sería tan especial ¡Nuestro primer beso!
¿Cómo podría olvidar ese momento si ha sido grabado a fuego y metal en mi mente?
¿Cómo olvidar sus labios? ¿Cómo puedo siquiera tratar de escapar a sus bellos ojos negros? Ni mencionar la calidez de su voz, que hace que mi alma se estremezca cada vez que dice mi nombre.
La veo mañana en el mismo lugar y hora. Ya cuento los minutos para poder verla de nuevo.
Suyo
Daniel

La siguiente hoja no era una carta, era un poema. No tenía ninguna fecha. Daniel supuso que era correlativa a las cartas porque estaba a continuación de la última leída.

Dedicado a mi adorada A…:

Dime cual es tu secreto que hace:
Que seas lo primero que pienso
cuando abro los ojos.
Que me quede sin palabras
y el aliento me falte
cuando estás cerca mío.
Que las noches sean interminables
esperando al día para verte.
Que toda razón sea insuficiente
para acallar la voz del corazón.
Que sienta que todo está bien
aún cuando todo se derrumbe.
Que muera cuando te veo.
Que cada día que pasa piense
que eres lo más precioso que hay.
Ahora dime tú:
¿Piensas alguna vez en mí?
¿Se alboroza tu corazón al verme?
¿Te entristece mi ausencia?
¿Me quieres tanto como yo te quiero a ti?


Daniel miró su reloj de pulsera que ya marcaba las 9. Ningún recuerdo nuevo le vino a la mente. Le vino la idea de que, si esperaba un poco más, A… podría aparecerse en la plaza. Descartó la idea por absurda ¿A que insensato podría ocurrírsele que luego de diez años A… siguiera frecuentando aquella plaza para buscar a Daniel?

Cuando empezó a caminar, Daniel se dio cuenta que una espesa niebla había cubierto la ciudad. Estaba relativamente lejos de casa de su madre y su departamento estaba al otro lado de la ciudad. Decidió caminar hasta la quinta avenida y quedarse en alguno de los hoteles que estaban cerca de Calle del cerezo.
Una vez instalado en el hotel, se tendió en la cama y tomó la siguiente hoja. Era otro poema.

De Daniel para A…:

Yacía mi corazón en la arena
 y mientras garabateaba tu nombre,
venia rauda la lacerante pena
al perecer aquel lóbrego diciembre

Te dibuje mil veces en mi mente
para poder aprisionar tu imagen
y así desquitarme acuitadamente
del diáfano hecho y tan vehemente
de que tienes mi corazón cautivo.

Mas repentinamente todo eclipsa.
El pasado ha regresado y reclama
mis lágrimas en esta frágil caja
que mantuve apartada y encerrada.

Decidí esconderla de la vista del mundo,
y vigilada por celador furibundo
apenas recordaba lo que quedaba:
insólita historia de amor mal narrada

Pero ahora es sólo tuyo y siento regocijo
Y súbitamente se resuelve el acertijo
de porque ambos estamos aquí incitando al tiempo
cuando tendríamos que estar bogando en el viento.

De tu nombre ya nada queda,
las olas borraron todo rastro,
al igual que lo hizo en mi alma
este gran desconsuelo aterido.

Mas ahora he de partir
ir de afuera hacia adentro,
No es mi intención abatir
ni volverme un espectro.

Me sumerjo en total indefinición,
muchos rostros por olvidar,
“El resto es silencio” la cruenta razón.
Y yo ya ni sé si pensar,
si me quieres
o ya no.          

El poema tampoco tenía fecha. Daniel no recordaba haber escrito aquellos poemas y le parecían ajenos. Consideraba que estaban muy mal escritos, con un prosa terrible. Si bien en los últimos años había perfeccionado su prosa, llegando incluso a ganar el segundo puesto en un prestigioso premio literario de la ciudad, los temas que prefería para su poesía eran la política, la igualdad social y otros. Es por eso que aquellos versos le parecían más extraños aún, porque no se sentía siquiera capaz de escribir con pasión para una persona.

Daniel estaba fascinado por la pasión que transmitían aquellos torpes poemas. De pronto le vino una profunda angustia: era un hombre totalmente distinto diez años atrás y antes del accidente. Esta idea le había venido recurrentemente a la cabeza ya por varios años, sobre todo porque en reiteradas ocasiones su madre se había puesto a llorar inexplicablemente tras alguna acción o palabras suyas. Una vez entre sollozos, ella le había dicho: “Como quisiera que vuelvas a ser el de antes”. Tomó la siguiente hoja:

5 de mayo de 1963

Mi amada A…
El último poema que te escribí reflejaba de alguna manera lo que he estado sintiendo las últimas semanas: una mezcla de incertidumbre y un amor que crece sin límites.
No he podido verte las últimas tres semanas y saber que has estado enferma en los últimos días, me ha hecho sentir una angustia y una impotencia inenarrable. Si por mi fuese, correría ahora mismo a tu lado para mimarte y atenderte como te lo mereces. Sin embargo, por más que quisiera hacerlo, ambos sabemos que es imposible.
Escríbeme cuando puedas.
Tuyo
Daniel

Daniel dobló la carta y la puso sobre el velador. Quedó pensativo por varios minutos ¿Por qué había una diferencia de varios meses entre las cartas? ¿Cuándo fueron exactamente escritos los poemas? El poema hacia referencia a diciembre, pero eso no explicaba nada, porque quizás solo se trataba de un torpe recurso para lograr la rima y encuadrar la métrica de la estrofa.

Miró la hora nuevamente, ya eran casi medianoche. Apagó la luz y se quedó dormido al poco tiempo. Aquella noche soñó que buscaba a A… entre una multitud, nadie le daba razón por ella. Despertó en medio de la noche preso de la agitación. Por más que lo intentaba no podía recordar quién era A…

Al día siguiente, muy temprano en la mañana, Daniel dejó el hotel y fue nuevamente a casa de su madre. Busco y rebuscó en la caja donde halló el cofrecillo con las cartas, luego miró en cada rincón del sótano. No encontró ningún indicio que pudiera ayudarle a recordar a A…

Sentado en la mesa del comedor, tomó la siguiente hoja. Era una carta escrita por él, pero sin fechar:

Mi amor:

Entiendo perfectamente que quizás este no es el mejor momento para escribirte, dado que, como tu misma me lo dijiste,  tu marido ha comenzado a sospechar sobre lo nuestro.
No imaginas como he sufrido estas casi cuatro semanas sin verte. Entiendo que debemos tener cuidado, incluso con nuestra correspondencia. Pero me fue imposible dejar de escribirte hoy. Al menos esto, en tanto no pueda verte.
Nunca olvides que te amo, mi adorada A…
Tuyo siempre
Daniel

Daniel quedo absorto ¿Había mantenido un romance con una mujer casada? ¿Por qué no había podido recordar nada de esto luego del accidente? Cogió la siguiente hoja. No estaba fechada y no era un poema ni una carta propiamente. Parecía más bien un torpe intento de expresar de manera poética una situación:

A…:
Anoche soñé contigo.
Soñé hallar  sosiego en la calidez de  tu seno, mientras escuchaba a tu corazón que palpitaba alborozado.
Soñé recorrer tu espalda con mis dedos y, mientras un ligero estremecimiento se insinuaba, te susurraba al oído que te quedases conmigo.
Soñé besar tus labios y sentir como la vida quería saltárseme del cuerpo. Y sólo quería besarte una, y otra, y otra vez.
Y estabas ahí, mirándome a los ojos y yo, totalmente inerme, indefenso ante ti.
Soñé que eras mía y que yo era tuyo.
Mas la ensoñación es etérea y, ante nosotros, la realidad es lo que cuenta y no importa si se mancha de ilusión, porque siempre está impoluta.
Es hora de decir adiós, aunque en ello se me vaya media vida. De liberar a su suerte todo lo que siento por ti, deseando que encuentre buen destino, más tarde o más temprano.
Esta claro que la vida no unirá nuestros derroteros, por lo cual no queda más que continuar sin mirar atrás, sin mirar atrás por nada del mundo.
Mi corazón se queda contigo. Solo te pido que lo toleres, mientras halla por si solo como hacer su propio camino.

Daniel estaba confundido. La nota no le daba indicio alguno sobre la identidad de A… Tomó la siguiente hoja, esta si estaba fechada.

6 de noviembre de 1963

Mi amada:

No puedo siquiera expresar mi desconsuelo ahora que ya han pasado cerca de un mes desde que abandonaste la ciudad, presionada  por tu marido.
Me estoy cayendo a pedazos, llorando en cada rincón que encuentro.
En los últimos días he regresado a aquellos lugares tan significativos para nosotros,  donde antaño (¡Parecen tan lejanos esos días!) solíamos encontrarnos para así olvidar el mundo entero, excepto a nosotros mismos.
Añoro esos días donde podía perderme en el brillo de tus ojos, tomar tu mano y llenarte de besos. Extraño tus ojos, tu pelo, tu voz, te extraño, te extraño.
Mi vida está incompleta ahora y temo que pronto pierda cualquier sentido, en tanto tú no estés cerca para iluminarla.
Tus cartas siempre serán un alivio, pero necesito verte pronto.
Te extraño A…no puedes imaginar cuanto.
Te ama
Daniel

La incertidumbre de Daniel crecía cada vez más. Aquella historia (su historia aunque no pudiese recordarlo) había tomado un giro inesperado. Pero lo que sin duda le sorprendía más era la pasión que tenían aquellas cartas. Era como si ese Daniel del pasado fuese una persona totalmente distinta al Daniel del presente. En general, el era una persona parca y capaz de controlar sus emociones. Por ello de la sorpresa ante aquellas cartas.

Recordaba haber leído en un numero del Selecciones del Reader’s digest sobre el caso de un hombre que fue encontrado desmayado con una contusión en la cabeza. Los médicos habían pronosticado que, dado la seriedad del golpe, era posible que aquel individuo perdiese parte de su memoria. Sin embargo, lo que sucedió dejó atónito a los médicos: al despertar el hombre sólo podía comunicarse en sueco y no entendía nada de español.

Algunos doctores especularon si se trataba o no de un charlatán, pero algunos estudios psicológicos y físicos demostraron que el hombre no fingía. Al poco tiempo se pudo ubicar a uno de sus hermanos y se supo la identidad del amnésico, pero éste no recordaba al hermano y menos aún podía comunicarse con él.

El hermano dijo que el hombre mantuvo una relación amorosa en su juventud con una estudiante sueca de intercambio que llegó a su escuela por un año, sin embargo, él recordaba que nunca había escuchado hablar con la chica en sueco, sino en español (aparentemente la muchacha lo hablaba fluidamente) y que nunca había intentado siquiera aprender una palabra en sueco.

¿Puede la amnesia hacerte una persona totalmente diferente? Se preguntaba Daniel. Le pareció que quizás ese era su caso, que antes de su accidente era otra persona distinta, por lo cual su madre muchas veces rompía en llanto inexplicable. Leyó la siguiente nota, era nuevamente un poema:

Dedicado a A…:

El juego del amor es el más complicado de todos.
Puedes jugarlo con dados o sin ellos.
Usar una ruleta o no hacerlo.
Puedes apostar, pero no sabes
si vas a perder o ganar,
aunque apuestes el doble.
Decir números al azar tampoco es de gran ayuda
porque no valen nada..
Puedes empezar por el final o por el principio.
Puedes dejar de jugarlo cuando quieras o
jugarlo todo el tiempo.
Puedes usar colores, incluso tu preferido,
aunque lo único que podrás lograr es decir:
“L’amour est bleu”.
No necesitas experiencia
porque nadie nunca ha aprendido a jugarlo.
Lo cierto es que no tiene reglas claras
porque no las necesita.
Sin embargo, la única regla que debemos convenir, amor mío,
es que lo juguemos tú y yo.

El poema no tenía fecha, ni ninguna otra referencia que pudiera ayudarle a descifrar algo. Tan sólo tenía escrito el nombre A… varias veces a mano. La letra se parecía a la suya, así que seguramente él lo había hecho. Desdobló la siguiente hoja, era una carta fechada.

13 de enero de 1964

Amada mía:

Te escribo hoy lleno de alborozo para darte una buena noticia. La oficina va a mandarme a una reunión que se realizará en la ciudad donde vives. Estaré allí a mediados del mes siguiente y me quedaré por una semana, aunque voy a sacar unos días de vacación para poder quedarme más tiempo.
Espero que podamos vernos, aunque sea solo por unos minutos. Un instante a tu lado para mi es suficiente. Estoy deseando besar tus labios lo más pronto posible.
Ha pasado tanto tiempo desde que te vi por última vez. Me parece una eternidad, un bucle sin fin en el cual estaba atrapado.
Hablar por teléfono siempre ayuda, pero eso no es suficiente para mi.
Pero ahora al menos estaré contigo un instante y eso es lo importante ahora.
Escríbeme lo más pronto posible para poder concertar un encuentro.
Siempre tuyo
Daniel

Daniel encendió un cigarrillo. Estaba más confundido que nunca. De pronto, se le vino la idea de llamar al antiguo trabajo para ver si tenían algún registro de los viajes que hizo en esa fecha. Dio una llamada y en su antigua oficina le dijeron que generalmente botaban los registros después de 10 años, pero que era posible que pudiese encontrar algo. Por la tarde, se fue a revisar todos los archivos.

Daniel llegó totalmente desalentado a casa. Logró encontrar un informe que había escrito más o menos en la fecha de la última carta. Sabía ahora el nombre de la ciudad que la carta hacia referencia, sin embargo, eso le ayudaba poco. En aquella ciudad habían miles de mujeres con el nombre A… además de que habían grandes posibilidades de que ella ya ni siquiera viviese allí. Tomó una nueva carta y se dio cuenta que sólo le restaban dos más por leer.

1 de marzo de 1964

Vida mía:

Aún no puedo creer que hayamos podido vernos tres días consecutivos mientras estuve en tu ciudad.
Verte equivalió a volver a tener el alma en el cuerpo, el cual pensé que se había marchado junto a ti cuando tuviste que marcharte.
Sin embargo, lo que más dicha me ha traído es saber que tú me extrañas tanto como yo a ti y que te has planteado seriamente estar junto a mí.
Tenemos que hablar más sobre esto la siguiente semana. Creo que la mejor alternativa es hablar por teléfono y ver que opciones tenemos.
En el camino de retorno he escrito unas pequeñas reflexiones sobre nosotros que te copio a continuación:

Más allá de todo, imagino este lugar perfecto donde tú y yo somos libres para expresar nuestros sentimientos. Un lugar libre de miedos, de imposibles, donde lo único posible seamos tú y yo.
Este lugar está en nuestros corazones y nos pertenece, solamente a ti y a mi. Es nuestro escondite, nuestra fortaleza, nuestro hogar. Es hora de que lo hagamos realidad, de que superemos nuestros temores y por fin hagamos nuestra propia historia.

Te ama con locura
Daniel

La historia se comenzaba a complicar y Daniel aún no podía recordar el más mínimo detalle. Desdobló la última carta.

13 de marzo de 1964
Amor mío:

Desde nuestra última conversación telefónica, apenas puedo mantener a mi corazón en su lugar, pues trata de escapárseme del pecho por estar brincando de alegría.
¡Por fin podremos estar juntos! Sólo queda que ultimemos algunos detalles para hacerlo posible. En mi caso, me tomará unas tres semanas empacar y dejar el departamento, terminar los asuntos pendientes del trabajo y dejar todos mis asuntos personales resueltos. Evidentemente, he estado haciendo todo esto sin comentar demasiado al respecto, ni siquiera con mi madre a quien, espero, puedas conocer en un día no muy lejano. Ella no sabe siquiera de tu existencia, pero creo que no pasará mucho tiempo para poder presentarle a la mujer que amo.
Sé que la situación para ti es mucho más complicada que para mí. Que tú debes hacer todo con sigilo, con una fría precisión y sin despertar la menor sospecha.
Nadie debe  enterarse de que nos fugamos. Escapar para poder ser felices, ese es nuestro destino. Algo que ya ha estado planificado por el universo, incluso antes de que existiéramos. Tú y yo juntos, por fin será realidad.
Como acordamos, esta será mi última carta y desde ahora nos comunicaremos por teléfono los días que señalamos anteriormente.
Te amo
Daniel

Daniel no podía creer lo que leía. Una fuga con aquella mujer llamada A… de la que no podía recordar absolutamente nada, pero que sin embargo había decidido dejarlo todo por ella.

La última hoja era diferente a las demás, porque era de color crema. La desdobló y vio que era un carta manuscrita, pero la letra no era suya ¡Era de A…!

20 de abril de 1964

Mi amado Daniel. Pese a que yo misma te había dicho que debíamos evitar la correspondencia para no despertar sospechas, temo que romperé yo misma mi propia regla. Miguel ha estado sospechando que voy a dejarlo y se ha puesto mucho más susceptible.
Me ha sido imposible llamarte. Ahora, cada vez que tengo que salir a la calle, Miguel viene conmigo o pide a su hermana (esa arpía) que me acompañe. Por ello es que no tuviste noticias mías las dos últimas semanas, así que no quisiera que confundas mi silencio con un desistimiento de nuestro proyecto.
Sin embargo, voy a necesitar modificar los planes, para que así podamos cumplir nuestro cometido. Así que presta mucha atención, amor mío.
El 3 de mayo diré a Miguel que  visitaré por la tarde a Laura, mi mejor amiga de infancia, para felicitarla por su cumpleaños. Diré que solamente me tomará una hora, porque Laura no vive muy lejos de aquí.
Si, he previsto que él quiera ir  conmigo, pero estoy casi segura que no lo hará. Miguel nunca se ha llevado bien con Laura, así que difícilmente querrá acompañarme. Además, él  ya me dijo hace un tiempo  que ese día se reunirá con sus amigos en casa, para celebrar que uno de ellos va a ser promovido en el trabajo.
Cariño, presta cuidadosa atención a lo que sigue. Saldré de casa a las 4 PM tan sólo con un pequeño bolso con lo esencial para no despertar sospechas. Entre 4:15 y 4:20 estaré llegando a Calle Bourbon y avenida principal. Estaré sentada en el café que queda justo en la esquina, esperando a que tu pases con el coche y me recojas.
Estaré sentada en una mesa que da a una ventana de donde puede verse la avenida principal (por donde deberías llegar). Esta mesa no es del todo visible, así que no corro el peligro de encontrarme con alguien conocido. De suceder esto, me excusaré cuando vea llegar tu coche y saldré inmediatamente para encontrarte, así que será mejor que mantengas el motor en marcha.
Amor mío, te pido que trates de llegar puntualmente para evitarnos cualquier inconveniente. Tendrás que estar antes de las 6 en el lugar que te indico. Así que calculando que el viaje de allí a aquí toma al menos 7 horas, tendrías que partir como máximo a las 9.
Si me demoro más de una hora, Miguel llamará a casa de Laura y, al no encontrarme, seguramente llamará a mis otras amigas.
Si logramos hacer todo con exactitud, para cuando el comience a sospechar ya estaremos muy lejos de aquí, rumbo a nuestro nuevo destino.
Imagino que tú ya habrás hecho todos los contactos para poder quedarnos allá en lo que será nuestro nuevo hogar.
¡No imaginas lo emocionada que estoy! ¡Tú y yo juntos al fin!
Sin embargo, en lo que queda antes de este día decisivo para nosotros, debemos tener mucha prudencia. Evita mandarme carta alguna.
Por mi parte esta es mi última carta, así que no te extrañes de no saber nada sobre mi.
Te amo, Daniel. Y quiero que pasen los días lo más pronto posible para que por fin estemos juntos.
Tuya por siempre
A…

Daniel quedó atónito, pero no por leer los planes en palabras de A… sino por la fecha en que habían decido hacerlo: era el día en que Daniel tuvo el accidente en el coche que le hizo perder la memoria.

Desde aquella noche, Daniel tiene recurrentemente la misma pesadilla. Soñaba que llegaba a calle Bourbon y avenida Principal a las 4:00 PM y veía a una mujer que salía apresuradamente del café y subía al coche. Aquella mujer no tenia rostro.