lunes, 23 de febrero de 2015

Manual de magia negra: poción para detener el tiempo


- If I could save time in a bottle
The first thing that I'd like to do
Is to save every day
'Til eternity passes away
Just to spend them with you- 
Jim Croce 
En general, debe tenerse en cuenta que la preparación y el uso de una poción es el último
Vasili Kandinski - Negro y violeta (1923)
recurso del que debe echarse mano. El estudiante no debe permitir que su juicio se obnubile y deberá evaluar todas los detalles de la situación antes de comenzar con la manufactura de algún filtro. La poción para detener el tiempo es justamente una de las que con más cuidado se debe administrar al paciente, pues sus efectos podrían afectarle de por vida.
Una advertencia que debemos hacer es que en sí no es el tiempo el que va a detenerse con esta poción, sino mas bien la percepción que tenemos sobre este.
Antes de enseñar la preparación del bebedizo resulta también útil decir algunas palabras sobre el mismo. Seguramente surgirá en el estudiante preguntarse cuál puede ser el beneficio de esta fórmula. Por lo general, hay instantes en nuestra vida que sabemos de antemano que van a tener una duración limitada y que nos gustaría poder lograr que perduren por mucho más tiempo. La fórmula tiene precisamente esa función: alterar nuestra percepción para que estos momentos se conviertan en eternos.
La preparación de esta pócima requiere conseguir un reloj de bolsillo, de preferencia bañado en oro por las características conductoras de este metal. El reloj debe ser envuelto en un paño de terciopelo y puesto en el centro de un pentagammatron dibujado con gis blanco. Posteriormente, se deberá invocar al demonio Seera, amo del tiempo, que por lo general se presenta por periodos breves. Este demonio es díscolo y malhumorado por naturaleza, por lo cual aconsejamos tener a mano un garrote con el cual golpearemos la mollera del demonio en caso de ser necesario. El demonio llorará a lágrima viva luego del golpe y seguramente el estudiante sentirá compasión con el ser y se sentirá inclinado a abrazarle para confortarle, sin embargo, recomendamos no hacerlo porque es el momento en que el demonio aprovechará para atacar en la yugular.
Se deberá entregar el reloj a Seera para que durante cinco noches consecutivas grabe un hechizo en caracteres cirílicos en el dorso del reloj. Una vez que se tenga el conjuro, podremos prescindir de la presencia de Seera y continuar con la preparación del filtro.
En un recipiente pequeño colocaremos dos medidas de agua destilada que será la base de la poción. Se deberá echar 5 hojas de ruda, una cola de rata y cenizas de palosanto. Se debe dejar reposar todo por  al menos media hora, para luego hacer el conjuro que detallamos en la página 353 de este manual. Una vez realizado, deberemos hundir el reloj en la solución recitando 10 veces las palabras “Tempus fugit”. El reloj se herrumbrará de inmediato, dejando el conjuro de Seera más evidente, pues tendrá un color ocre que se irá intensificando. La poción irá tomando el color arrebatado al reloj y, si este es de oro, el liquido se convertirá en una especie de oro líquido cuya consistencia se irá haciendo espesa a medida que pase más tiempo. El líquido deberá ser guardado inmediatamente en una botella de vidrio y dejado en el rincón más oscuro de nuestro laboratorio. Al cabo de 5 días la pócima estará lista para ser consumida.
Debemos tener mucho cuidado en la administración de esta fórmula, pues unos segundos pueden convertirse en siglos enteros para alguien que ha probado el bebedizo, generando paranoias o que el paciente tienda a una ensoñación constante. Dicen quienes han probado este bebedizo que la sensación a la que uno se expondrá al beber la poción es que todo se detiene en un instante infinito y que puede verse como pasado, presente y futuro están entrelazados, pues puede verse todo al mismo instante. De la misma forma, todo sentimiento, toda sensación pueden durar a perpetuidad.
Cuentan sin embargo, que hace muchos años un condenado a muerte mojó sus labios antes de ser ejecutado con la esperanza de así poder evitar su inminente muerte. El efecto fue el contrario, pues los pocos segundos que duró su ejecución fueron para él una eternidad de dolor y miedo, en la cual sintió como su vida se escapaba ante sus ojos sin que pueda hacer absolutamente nada.