lunes, 9 de marzo de 2015

Palabras del destino


 -Dedicado a Laura M.-
La tarde estaba especialmente calurosa aquel día, aún así el parque del centro estaba vacío y
Salvador Dalí - Libro tranformándose en una mujer desnuda (1940)
tranquilo. Era uno de aquellos días de feriado donde todos dejaban la vesania de la  ciudad para refugiarse en el aparente sosiego del campo, aunque las carreteras congestionadas ofrecían todo menos tranquilidad.
Eran casi las tres y, como de costumbre, él había llegado con diez minutos de adelanto a la cita. Si bien el solía llegar a todo compromiso con cierta anticipación, la espera a menudo le agobiaba y los diez minutos de espera podían fácilmente convertirse en una eternidad. Ella llegó sobre las tres y cuarto y luego de darle un beso en la mejilla se disculpó por el retraso. El beso provocó que a él se le subiese el rubor al rostro sin que pudiese adivinar el porqué, pese a estar molesto por la espera.
Ella le propuso caminar por el parque, aduciendo que el día estaba precioso y qué prefería aprovecharlo a perderlo dentro de un café. Él suspiró profundamente con cierta contrariedad porque solía preparar a detalle cada cita y pensó que seguramente el resto de planes que había hecho no se cumpliría.
Caminaron por una vereda tapizada por flores que habían caído de los toborochis. Un viento fresco corría entre los árboles que agitaba sus ramas y hacía que sus flores rosadas, amarillas y blancas cayeran al suelo.
-       Espero que no te hayas enfadado conmigo por la espera. Tenía que hacer algunas cosas por casa antes de venir.
Él quedó intrigado por saber que serían aquellas “cosas”, pero no tenía la suficiente confianza aún para preguntar que eran. Ella continuó:
-       Sin embargo, en general suelo retrasarme a todo, es algo que no puedo evitar. Por mucho que salga con anticipación a cualquier encuentro, siempre me sucede algo en el camino que me impide llegar a la hora.
Él escuchaba en silencio y en ese momento se dio cuenta que los nervios le impedían responder. Ya había olvidado cuando fue la última vez que se había sentido nervioso por hablar a una mujer y se sintió ridículo. En ese momento giró la cabeza para mirarla y la vio aún más bella que la primera vez que la conoció.
-       ¿Y? ¿Entonces que dices tú?
Fue en ese momento se dio cuenta que la había estado observando por un largo rato como un tonto y que no escuchó la pregunta que le había hecho. Trató de disimular como mejor pudo.
-       Yo…yo… creo que está bien, es decir, no es que lo crea…sino que puede ser que esté bien, pero a la vez…puede ser que este… mal.
Ella se detuvo en seco y le miró divertida con una sonrisa que se dibujó lentamente en su rostro. Le dijo entonces riendo:
-       No escuchaste lo que pregunté ¿Verdad?
Él, ruborizado, pidió disculpas y dijo que le disculpase, pero que en efecto no había escuchado la pregunta. Ella le dijo bromeando:
-       ¿En qué pensabas entonces?
Él se ruborizó aún más y balbuceó:
-       No, no…pensaba en nada. Solo estaba…mirándote.
Se arrepintió de haber dicho esto y trató de cambiar de conversación, aunque comenzó a conversar de lo primero que se le ocurrió, lo cual no podía ocultar que estaba nervioso.
-       Ayer… terminé de leer Frankstein de Mary Shelley… ¿Sabías que ella se reunió en Suiza con unos amigos y su esposo, el poeta Percy Shelley, en 1816 e hicieron una apuesta? Se trataba de que cada uno de los presentes contase una historia de terror durante cada velada. Pese a que Mary Shelley tenía una imaginación fecunda, aquellos días se le hizo imposible pensar en buenas historias. Una de aquellas noches, su esposo, ya bastante borracho, se burló de la historia de Mary, lo cual hizo que esta se enfadará y se retirara a dormir pronto. Aquella noche Mary tuvo horribles pesadillas acerca de la gente que la acompañaba en aquellas vacaciones. Soñó que encontraba a todos muertos, incluyendo su esposo, sin el menor rastro de lo que pudiese haberlo ocasionado. Desesperada, buscó la manera de revivirlos y recordó que había leído un artículo inspirado en las teorías de Luigi Galvani y Alessandro Volta que aseguraba que podía revivir a una persona muerta con impulsos eléctricos. Mary subió entonces a lo más alto de la casa para colocar un pararrayos que pudiese captar la suficiente energía para sus propósitos cuando, en un intento de colocar en su lugar el aparato, trastabilló y cayó del tejado. Despertó bañada en sudor en ese momento y se dio cuenta que todo era un sueño y que estaba acostada en la cama junto a Percy Shelley quien yacía a su lado vestido, durmiendo la borrachera. Al día siguiente, recordando este sueño, Mary comenzó a dar forma a su novela Frankstein.
Ella le miró con asombro por unos segundos que para él fueron una eternidad. De repente, ella comenzó a reírse tan fuerte que él no pudo evitar sentirse contagiado y comenzó a reírse también. Tras unos minutos de risa, ella enjugándose las lágrimas de la risa dijo:
-       Yo solo te había preguntado si querías sentarte allá en la hierba, eso es todo, y tú me sales con esa historia de Mary Shelley. Eso sí, debo decirte que me pareció muy interesante lo que me cuentas.
Se sentaron en la hierba y ella se sentó muy cerca de él, logrando que a menudo que pasaban los minutos todo su nerviosismo se vaya disipando. Comenzaron charlando cada uno sobre sus vidas y él se dio cuenta que coincidían en muchas cosas como su amor por la literatura y la música. De hecho, ella le había dicho que adoraba las historias de Mauppasant, las cuales estaban entre sus lecturas preferidas. Se sorprendió también al enterarse que Chejov y Gogol estaban entre sus favoritos. Al hablar sobre música ambos coincidieron en que los conciertos para flauta de Francois Devienne eran simplemente formidables, en especial el doceavo concierto.
-       ¿Cómo es que tú…conoces a Devienne?
-       Mi padre era un melómano y desde niña colocaba sus viejos discos al llegar del trabajo y durante casi todo los domingos. Devienne es quizás el que más me llegó al alma, por eso es mi favorito. Mi padre trató de que aprendiese a tocar algún instrumento pero supongo que nunca tuve la disciplina para hacerlo, porque prefería escribir. Cuando salí de la escuela me matriculé a la carrera de literatura, la cual no terminé porque me aburrí de estar analizando la métrica y las figuras poéticas de la poesía en lugar de escribirla.
-       A mi me pasó algo similar con la carrera de derecho que me aburría a muerte, pero decidí terminarla y luego estudié…
-       … antropología y descubriste que esa era mi vocación.
-       ¡Sí! ¡Me quitaste las palabras de la boca! ¿Cómo lo supiste?
-       Quizás porque soy una bruja
Él se quedó intrigado por sus palabras. Casi sintió que ella le podía leer la mente. Continuaron charlando por algún tiempo y el quedaba sorprendido por las cosas en común que tenían y porqué ella a veces terminaba las frases que él estaba diciendo, como si supiese de antemano lo que iba a decir. Esto, sin embargo, no hizo más que ella le pareciese fascinante y se preguntó si le gustaría tanto como ella a él. Ella nuevamente ella le hizo una pregunta que no alcanzó a escuchar.
-       ¿Entonces? ¿Qué hacemos?
-       No lo sé, no escuche la pregunta anterior.
Ella se río con aquella respuesta y él no podía dejar de mirarla.
-       ¿Cómo puede ser que estés tan distraído hoy?
-       Es que me tienes fascinado y no puedo dejar de verte.
Él se arrepintió luego de decir estas palabras. Le parecían lo más cursi que podría haber dicho en aquella situación. Ella se acercó mucho más a él y le beso. Un leve escalofrió recorrió su espalda al principio, pero luego desapareció y se entregó a la sensación.
-       Besas muy bien.
-       Lo sé, ya me lo han dicho antes.
Y luego de decir esto, ella quedó en un silencio absoluto, tanto que él pensó que su comentario la había molestado. Trató de acercarse a ella, pero ella se apartó con suavidad, aunque con firmeza.
-       ¿Sabes? Debo confesarte algo.
-       ¿Qué es?
-        Yo no soy quien crees
-       ¿Cómo así? No lo entiendo.
-       Es difícil de explicar y quizás vas a creer que estoy loca cuando te lo cuente.
-       No lo creo, cuéntamelo.
-       Es que cuando escribo las cosas suceden tal cual como las escribo.
-       No entiendo que quieres decir.
-       Pues eso, que todo lo que escribo termina sucediendo tarde o temprano.
Él quedó perplejo con lo que escuchaba. Pensó por un momento que ella bromeaba, pero mientras avanzaba la conversación se daba cuenta que ella se tomaba en serio todo lo que decía.
-       Me comenzó a suceder hace como tres años, durante un viaje que hice a Barcelona. Estaba yo sentada en un café en el barrio de Gracia escribiendo algunas ideas para una novela, cuando me empezó a doler terriblemente la cabeza. Creo que estuve a punto de desmayarme y la gente a mi alrededor hizo que me acostase unos minutos y estaban a punto de llamar a una ambulancia cuando me incorporé y les dije que estaba bien, aunque en el fondo me sentía aún mareada y con nauseas.   
Apenas llegué al lugar donde me estaba alojando y me lancé a la cama y dormí casi 12 horas, las cuales eran interrumpidas porque me despertaba con un terrible dolor de cabeza y una persistente fiebre que se había iniciado apenas me fui del café.
Al despertar todo el malestar se había ido y sentí un impulso irresistible por ponerme a escribir. Fue cuando lo hacía que me fui dando cuenta que aquello que escribía se hacía real, pues por alguna extraña razón me puse a escribir sobre gente real que, aunque no conocía, de alguna manera su destino estaba en mis manos.
De la misma forma, esto podía pasar con hechos concretos que yo iba narrando, por ejemplo, lo último que escribí fue acerca de la dictadura de 1964 que…
-       ¡Pero que dices! La dictadura del 64 sucedió mucho antes de que nacieras ¿Cómo pudiste escribirlo si no habías nacido? ¿También viajas por el tiempo?
-       He dicho que lo que escribo se cumple. La dictadura del 64 no existió hasta que yo lo escribí y se hizo realidad. No necesito estar en la época específica para poder escribir sobre un acontecimiento que sucederá apenas lo describa.
-       ¡Eso no tiene sentido! ¿Por qué alguien querría escribir sobre una dictadura para que esta ocurra?
-       Muy sencillo, porque tengo necesidad de expresar lo que pasa por mi mente. Es una fuerza irresistible que me lleva a escribir sobre cosas que sucederán en la realidad. Es cómo si alguien estuviese trazando nuestros destinos a través de mí.
-       Aun no te creo. ¿Que tal si me lo pruebas? Escribe algo que  modifique la historia y entonces te creeré.
-       Eso no funcionaría, porque no podrías darte cuenta que la realidad ha cambiado, pues con tan solo escribirla ya habrá sucedido para ti.
Él estaba perplejo con lo que oía y pensó que quizás se trataba de una broma, pero a medida que pasaba el tiempo le quedaba más claro que ella no estaba jugando, que se tomaba todo eso en serio.
-       ¿Sabes por qué me retrase? Por que estaba escribiendo sobre este encuentro. En realidad, llevó escribiendo sobre ti hace ya un buen tiempo e hice que nos conociéramos en aquel café hace algunas semanas.
-       ¿Pero qué dices? ¡Eso me parece un delirio!
-       Pero no lo es, es en serio. Las últimas semanas he estado escribiendo sobre ti hasta llegar a este momento, pero me sentí un tanto culpable por estar escribiendo sobre tu vida y haciendo que tomes decisiones que quizás no tomarías normalmente.
El se encogió de hombros y pensaba que aquella mujer estaba loca, sin embargo, en lo más profundo de su ser tenía la certeza de que no mentía, pues él había estado tomando decisiones en las últimas semanas sobre las cuales en el pasado no las habría elegido por ningún motivo.
-       ¿Pero cómo puedes decir que escribes sobre mi y decidir sobre lo que hare si apenas me conoces?
-       Eso no es un problema porque cuando escribo sobre alguien es como si de repente supiese todos y cada uno de los detalles de su vida. Se todo sobre tus tres hermanos, tus padres divorciados, que odiabas al escuela aunque no las clases de álgebra, que tu primer beso fue en un cine con tu vecina y tantos otros detalles. Pero también para que entiendas que todo lo que escribo sucede en la realidad, debes ponerte a pensar que has estado tomando decisiones y se te han presentado oportunidades en los últimos días que normalmente no habrían sucedido. ¿Te has preguntado sobre tu nuevo trabajo? ¿Sobre ese libro de cuentos de Raymond Chandler que quieres ir a comprar el sábado? ¿O quizás porque te encontraste de casualidad en ese café conmigo? Vengo escribiéndolo todo yo.
Al escuchar estos y otros detalles de su vida que iban saliendo mientras avanzaba la conversación, él no pudo sino sentirse angustiado al darse cuenta que su vida no le pertenecía, sino que todo era escrito bajo el capricho de aquella mujer.
-       Incluso esta cita y todo lo que ocurrió en ella estaba planeado con anticipación como por ejemplo que en este momento te encuentres pensando en que quieres huir, pero que tu cuerpo no reacciona. El desenlace también ya lo había escrito: que yo te confesara mi secreto. Sin embargo, antes de venir continué escribiendo y decidí que vamos a seguir viéndonos un tiempo más, hasta que decida que hacer contigo. ¿Nos vemos entonces el viernes a las 5 en este mismo lugar?
-       Si…si, claro…el viernes esta bien. Aquí estaré.
Mientras la veía alejarse, él no podía sino pensar que estaba atrapado en una historia cuyo final dependía de otra persona, que hiciere lo que hiciere no era más que un personaje dentro de una historia que ya no le pertenecía: la suya.